ABURRIRSE EN ESTOS TIEMPOS

La tragedia que asola al planeta, especialmente la pandemia del miedo, imposibilita a simple vista que alguien pueda aburrirse en esta época, dado el complejo panorama que vivimos. El solo hecho de mirar la televisión todos los días, todas las horas, todos los minutos, impregnándose del clima escabroso que brota por todas partes ya es algo que provoca recelo, pavor, inseguridad absoluta. Con eso a cuestas, sin duda resulta difícil caer en el tedio, por el contrario, lo que impera es el miedo y éste, que sepamos, nunca aburre. Hay memes que circulan mostrando personas voceando a voz en cuello que están aburridos. Todos les contestan lo mismo. Otros cantan estentóreamente desde los balcones para deleitarlos. La prensa oral, escrita y televisiva abunda en recomendaciones para no pasarla mal. Todo esto está muy bien, es necesario y por los demás es humano. Tenemos miedo y nos aburrimos. Pero también no habla bien de la falta de creatividad de algunos que se sientan en el sillón del living o se quedan en cama, mirándose las manos. No se les ocurre qué hacer. Muchas se las arreglan para realizar tareas en sus hogares. El problema es cuando se les acaba el trabajo. ¿Qué hago? Todo esto ocurre porque  estamos acostumbrando al trabajo físico, desdeñando el intelectual. Pasamos horas en la oficina frente al compu tecleando o realizamos labores que implican esfuerzo físico. Poco tiempo sin duda para la mente en el sentido de creatividad diferente. Entonces sucede que, como los jubilados, se acaba el faena física y se encuentran absolutamente vacíos. Sucede a menudo y es vox populi. Cuántas veces hemos escuchado casos en que las personas jubilan y, en vez de disfrutar del “merecido descanso”, mueren. No saben hacer otra cosa. Fueron esclavos toda una vida. Fueron incapaces de poseer actividades alternativas.  En cambio los menos, aunque poco a poco el número aumenta, lee, escucha música, disfruta con filmes, aprovecha de conversar con la familia, hace deportes. Trabajan la mente. No diremos que es la panacea y con eso nadie se aburrirá, pero al menos ganará en conocimientos, lo cual no es poco en un mundo que abomina de la cultura y la presenta como un lastre para el desarrollo económico. Nos dicen al oído, no olvide el encierro. Si, ahí concordamos. Los que acostumbran a salir todos los días a trabajar o estudiar o caminar o efectuar deportes, el encierro sin duda mata. Es como estar encarcelados. Y eso, pensamos, a nadie le parece un panorama idílico. Esta desesperación por estar encerrados tiene como causa el individualismo que carcome la sociedad. El individuo vive en función de los demás, necesita exteriorizarse, no lo contrario. Le acomoda estar solo o juntos solo el fin de semana. Si ese tiempo se alarga viene la desesperación. La necesidad imperiosa de juntarse, compartir, beber, estar todo el día ocupado con terceras personas es parte de su vida, es su vida. Como decía recién un filósofo chileno, el compatriota “ha perdido la capacidad de disfrutar de la soledad”. Simplemente ya no puede, tal es su vertiginosa forma de vida. Sin embargo, hay ciertas mortales a quienes esta situación no los altera. Son los  “los caseros”, o sea, los que le agrada estar en casa. Para ellos la vida no ha sufrido ningún cambio, salvo salir y encontrar las calles vacías, con escasos vehículos y la mayoría de las personas con mascarillas, recordando películas de pandemias, virus y calamidades. Continúan disfrutando de su casa y …  no se aburren nunca.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020