¡AH LOS AMIGOS!

Es cosa archisabida que los amigos vuelan presurosos cuando la tormenta abate nuestra existencia y nos deja postrados en el suelo, sin poder levantarnos. La repentina cesantía, por ejemplo, es una muestra palpable que legitima esta expresión. Antes de este malhadado paso, todos eran  “amigos de sus amigos”, juntábanse gran número en casa para festejar con demasiada comida y alcohol, jarana y alegría. Era una vida plena. Pero, aun cuando se advierte a las personas  que se cuiden de los amigos, de los falsos amigos, es tal la felicidad que les embarga, manteniéndose rodeado de gente que los adulan y dan palmaditas en la espalda, sonríen y le cuentan chistes, que nada  puede contra las mejores recomendaciones. Recuérdese el caso patético de los jugadores de futbol. Acumulan millones de dólares, tienen fortuna, compran casas y automóviles costosos, se rodean de un sinnúmero de acompañantes que los esquilman. Sabemos que allí hay un factor sociológico y psicológico, vistos sus orígenes, pero tienen el mismo final cuando la fortuna les da las espaldas. Quedan solos, abandonados, sin nadie. Y “si te he visto no me acuerdo”. Desolador panorama.  Es por ello que siempre hemos dudado de la amistad. No la creemos sincera. Hay algo indefinible allí que no convence ni dan ganas de continuar. Sí, sí, hay excepciones, muchas excepciones, existen realmente amigos en las duras, que son los válidos y no en las maduras, que es cuando no se necesitan. Pero, como son las excepciones a la regla, son escasas, lo cual respalda un tanto nuestro aserto. Complicada la amistad, la verdadera amistad, que es como el amor: dar, no pensando en recibir. Complicada, más en este mundo actual en que todo se mide de acuerdo a la cantidad de dinero que tienes. Nuestro escepticismo, que nos persigue desde la juventud, no ha decaído y  pensamos igual, especialmente cuando somos utilizados en nombre de la amistad. Sí, la amistad utiliza a veces y varias veces en la vida. Eso irrita. La existencia continúa dando ejemplos que corroboran nuestros juicios. La amistad es una cosa inmensa, que importa un compromiso enorme, no es fácil cultivarla. El tener muchos amigos no prefigura la consolidación  del afecto, ese honorable sentimiento. Eso es de Perogrullo. Ya hemos dicho que ocurre todo lo contrario. Lo sabio, lo cierto es tener pocos amigos, pero buenos, de esos que no fallan, incondicionales .Es una cuestión de lógica.  ¿Los hay? Sí, de todas maneras. En todo caso,   podemos expresar que poseemos buenos amigos, sanos, bondadosos, sin malas intenciones. Al menos no las percibimos. Je.  Pocos, pero buenos.

ARTURO FLORES PINOCHET, escritor 2019