ALFREDO GOMEZ MOREL, CLASICO DE LA MISERIA

descarga

Prohíbese la reproducción del texto, salvo que se mencione el nombre del autor y la fuente

Por Jorge Arturo Flores

De los escritores que cultivaron el tema de los bajos fondos, Alfredo Gómez Morel (1917-1984) es el que, en realidad, sufrió mayoritariamente las penurias de una existencia atroz. Porque los otros, nos referimos a Armando Méndez Carrasco y Luis Cornejo Gamboa, tuvieron al menos instrucción y sus vidas transcurren, espejeadas, obviamente, por lampos de pobreza y dificultad, en un entorno menos sobrecogedor, hostil y sombrío. En cambio, el autor que nos preocupa partió desde niño en condiciones realmente horribles: abandono de su madre prostituta, cobijo en un orfanato, vuelto a las manos de su progenitora junto con su amante, la cual, en vez de señalarle un camino de principios y valores, lo acosa, lo golpea, lo maltrata, obligándolo a huir a la calle, a refugiarse en la ribera del Mapocho, bajos sus puentes, allegándose a la familia de los pelusas del rio, que serán, en suma, su verdadera familia. Desde ahí comienza el increíble periplo delictual que finalizó aproximadamente a los 44 años, cuando publica su gran libro.

Sin duda que Gómez Morel no las tuvo todas consigo.

Para rematar tan afligida existencia, terminó su vida en una habitación, solo y pobre. Y, lo más patético, estuvo varios días en la morgue sin que nadie recogiera su cuerpo.

Realmente un personaje de novela.

Y ello lo trasvasija en su celebérrima novela El Rio, clara alusión al mundo delincuente que se presenta en las riberas del Mapocho.
Ese fue su primer mundo, antes de embarcarse en la vida, la cual transcurrió mayoritariamente en cárceles chilenas y sudamericanas.

LA NOVELA

El Río es una novela que trata sobre la existencia de un muchacho que vive en el submundo de la ciudad, específicamente bajo los puentes del río Mapocho. En el fondo es la historia del mismo autor. Por tanto hace de cronista y personaje. El lenguaje ocupado es el “coa”. La visión de ese cosmos es un llamado de desesperación del autor que desea hacer girar las miradas hacia él. Asimismo, es un intento por “matar” la sociedad en la cual se encuentra inmerso. Todo se remite a un constante fluir de conflictos con el orden social imperante.

La novela consta de 4 personajes con cuatro estadios de desarrollo.

Al final, el mensaje que deja el autor es el brío por sobreponerse a la vida, la absoluta ausencia de un ideario social, político o religioso y la intención de conseguir un nombre en el hampa que lo haga destacar. El libro conmueve, demuele y es lo más parecido a un hardcore literal, como diría Álvaro Bisama, (El Mercurio, agosto de 2008), cuando hace las comparaciones con otro texto que subvierte la sociedad, “La difícil juventud” de Claudio Giaconi, aunque desde una perspectiva absolutamente opuesta. También existen juicios que comparan su obra con la de otro delincuente común, convertido en escritor y ganador de innumerables galardones: Jean Genet.

Como el arriscamiento de narices fue grande en las esferas literarias, no abundaron los juicios ni los pareceres sobre su trabajo, con las excepciones de rigor. Se le nombra, sí, pero rápidamente y a otra cosa.

Es el destino de los diferentes.

No obstante lo anterior, hay ensayos sobre la novela que resaltan sus valores y la colocan en el sitial que merece. Tuvo premio a su calidad indiscutible al ser traducida al francés con prólogo de Pablo Neruda y su puesta en escena en una obra teatral.

Se convirtió, como Armando Méndez Carrasco y Luis Cornejo, en escritor de culto.

CONCLUYENDO

El Río, junto a La Ciudad y El Mundo, fue una tetralogía que Gómez Morel completó, donde el tema discurrió invariablemente sobre sus miserias y picardías, olvidando, como dijo alguien, que “lo biográfico es un punto de partida y no uno de llegada”, lo cual significa que sus dos novelas posteriores no tuvieron el impacto ni la notoriedad del primer texto.

En definitiva, Alfredo Gómez Morel fue un interesante escritor, que tuvo como fondo de su obra el mundo social que se emparienta con la delincuencia y cuya resonancia no tuvo el éxito esperado en el ámbito de la mayoría, sino se ha convertido, como muchos de sus colegas, en un autor de culto. No obstante ello, la temática, como dicen los esnobistas, permanece vigente al través del tiempo y continúa siendo la bofetada que un segmento poblacional propina a la humanidad, despertándola de su letargo complaciente y mostrando un escenario que ninguna de las ideologías, gobiernos y religiones, cualquiera sea su dirección, ha logrado extinguir: la delincuencia y la pobreza.

Al parecer, su naturaleza en el desarrollo de cualquier país es tan necesaria como el dinero y el hilo negro.

P.D. Biografía y Libros en nuestra página http://www.semblanzasliterarias.wordpress.cl