Hernán Díaz Arrieta (Alone) Poeta de la Crítica

 Prohibida su reproducción, salvo que se mencione al autor y la fuentealone

Por Jorge Arturo Flores

No extrañará a los fervientes admiradores de Alone lo dicho por Ignacio Valente en su artículo de El Mercurio publicado en 1971. Lo bautizó  Poeta de la Crítica. No les sorprenderá, reiteramos, por cuanto esa virtud, que el sacerdote de Opus Dei lanza a la palestra con fundamento académico, es precisamente una de las grandes facultades matrices que el insigne comentarista poseyó en su dilata labor.

Sin duda a los detractores de Alone, que son mínimos y mediocres, no les cayó ni caerá fructuosamente al estómago. Con seguridad sonreirán con aire suficiente en su desolada habitación, no descontando  los accesos de furia excedida o la capacidad instantánea para traer a cuento  los reniegos que solían repetirse en torno al quehacer aloneano.

La política, por supuesto, fue lo primero en aparecer.

Por lo demás, Alone nunca estuvo ajeno a los títulos. Neruda lo denominó Maestro. Y ya sabemos en qué mar nada el poeta. Otros añadieron El Crítico de Chile, aunque, curiosamente, el comentarista abjuró a temprana edad de esa expresión y prefería llamarse cronista literario o novelista de libros.

En fin. Veamos la” tesis” de Valente en torno al título otorgado.

POETA DE LA CRÍTICA.

“Abstrayendo del valor de su juicio, el solo estilo de sus crónicas lo recomienda como un escritor de vuelos propios, personalísimo, vivaces; superior, por lo general, a los propios autores que comenta. Tantas veces se tiene la impresión de encontrar más estilo en una columna de Alone, que en las doscientas páginas del libro sometido a juicio. Ocurre entonces, con sus artículos, lo que con toda obra literaria autónoma, especialmente con la poesía: que vale por sí misma, al margen de su relación verosímil con el mundo externo, en este caso con los libros que le ofrecen el tema o la inspiración ocasional. Por eso pudo ser llamado el poeta de la crítica. Las crónicas de Alone han hecho época porque son amenas, sutiles, legibles como pocas.”

El famoso estilo.

Alone es el más grande estilista de las letras chilena. El mejor. Nos referimos, por supuesto, al estilo literario, no a los estilistas que cortan el pelo (cómo cambian los tiempos. Antes eran “peluqueros” a secas).

Mediante el uso de un estilo magistral, unido a un lenguaje irrepetible, el cronista literario, en su inmenso imperio, invade los territorios de la poesía. Cómo, dirán algunos, ¿poesía en la crítica?. Difícil concebirlo sin duda. La crítica penetra las cabezas como un estado sólido, ajeno a la cordialidad y lejano a la simpatía. Es más bien dura, fría, pétrea. Llega ostentando blasones académicos y quienes la ejercen tratan por todos los medios de apabullar al lector con sus conocimientos.

Alone, como sabemos, está distanciado sideralmente de esa actitud.

Por ello, entonces, que leer sus juicios en torno a libros es tan atractivo, no tan solo por las virtudes que hemos mencionado tantas veces, sino porque tiene ese plus irrepetible que es enjuiciar un texto mediante un estilo que, aparte de ser un fin en sí mismo, está dotado de la excelsitud que otorgar la poesía. ¡Imposible, dirán nuevamente algunos, la crítica no es eso!. Por cierto, no lo es para quienes prefieren el tedio, los mamotretos, las palabras alambicadas y pesadas como ladrillos, la ostentación de conocimiento o la intolerancia política.(*)

Alone en estos campos revolucionó, paradojamente, la idea preconcebida.

La poesía que irradia muchas veces sus opiniones (don Manuel Francisco Mesa Seco  ya nos lo había indicado) lo aparta de inmediato de la crítica contumaz. Lo vuelve cordial y cercano. No esconde el alcance de su natural erudición, pero, a diferencia de los pedantes,  adorna las crónicas con un aura que difícilmente lograría un conspicuo crítico.

He allí el quid. Ahí está la diferencia.

Si alguien persistiera majaderamente en dudar de esta virtud y, por derivación, del título en comento, lo invitamos a leer las célebres crónicas publicadas en el periodismo, en especial, cuando enjuicia los autores. Notarán de inmediato el ostensible contraste que lo aparta del comentario común y recibirán en el rostro, sin duda, la brisa de una crítica que, aparte de ser un fin en sí misma, repetimos, es un verdadero monumento al ingenio, a la claridad, a la sencillez, al orden, a lo diferente.

Es, en otras palabras, una indiscutible obra de arte.

Corroborando  lo anterior, léase lo que dice don Daniel Hernández en su página web sobre este tema: “Tanto Valente como otros críticos, han señalado (que) basta revisar las referencias críticas de nuestro autor o leer sólo dos de sus crónicas literarias para darse cuenta que su crónica literaria dominical posee el carácter lírico de un poema. Así lo ha querido definir Ignacio Valente. Teóricamente el lenguaje poético es de naturaleza autónoma, pues en sus claves retóricas se basta a sí mismo. En otras palabras, en la crítica de Alone se ha querido ver, y se ve por parte de Valente, una crítica literaria poética y por lo tanto, autónoma, es decir, el trabajo de sus artículos literarios están hechos de tal material que no necesitan de un referente del cual dependan, sino que su intencionalidad poética y la fusión del lenguaje crítico y lenguaje estilístico, hacen de la “crónica literaria” de Alone, una obra artística independiente, y por lo tanto, distinta de la metodología científica que depende, tanto de los objetos como de los referentes teóricos de autoridad”.

A la prueba nos remitimos.

BREVISIMA CONCLUSION

De lo expuesto  colegimos que la tarea de Alone en la crítica literaria fue productiva, influyó en un época determinada y ostentó magníficamente un juicio literario impregnado de brotes poéticos, algo inusual en los comentarios sesudos. Tan mal no le fue en estos avatares y prueba de ello es su inmensa popularidad, el interesado respeto de  sus enemigos, los aplausos de los lectores y la consagración en la historia como el más grande de los críticos literarios en Chile.

Aunque les pese a sus enconados maldicientes.

La historia literaria no puede omitir su nombre ni menos transitar a su lado sin la proverbial reverencia.

Llamarlo entonces, entre otras cosas, Poeta de la Crítica, no es tan aventurado ni simplista.

Lo fue.

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(*) Aunque  visiblemente marginal, Alone tampoco escapó al magnetismo de la intolerancia política. Fue anti comunista acérrimo.

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