Hernan Díaz Arrieta y nuestra experiencia literaria

 

Prohibida su reproducción, salvo que se mencione al autor y la fuente.

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Por Jorge Arturo Flores

En general, todo escritor es tributario de otro con mayor renombre. Es humano y se da en todos los aspectos de la vida. El individuo necesita un farol, un guía, una luz que lo ilumine. Son escasos los superdotados que se bastan a si mismos y no necesitan referencias. Debe haberlos, sin duda, pero abundan los otros. No es desconocido, entonces, el caso de algún  aprendiz de escritor, que por diversas circunstancias, descubre a su maestro y, con gran entusiasmo,  lo sigue.

En el caso de los escritores, lo sigue… y lo lee hasta el hartazgo.

Incluso hay la tentación de copiarlo. Es lo primero que se hace. Después, con el oficio, se coge el sello propio, aunque siempre, arriba de la pluma, ondea la imagen del guía.

Al contrario de otros creadores que tuvieron como fanal a poetas o novelistas, que es lo más común, nuestro “maestro”, entre comillas, fue uno que en las historias literarias está mencionado como “crítico”, aunque él, en sus innumerables escritos, abominaba de la palabrita  porque la asociaba con estudios académicos, erudición, enfoques universitarios, grados, postgrados y todo lo que rodea a un tipo que pontifica desde las alturas. Además que todo aquello, especialmente, la jerigonza técnica, le daba  una “lata” espantosa.

El prefirió uno más simple, el de cronista literario, que le permitía las libertadas que el crítico  limitaba.

Sin embargo, mucho caso no le hicieron porque hoy ha pasado a la inmortalidad  como Crítico Literario.

Es que como cronista, seguramente,  perdía circunspección, en cambio como crítico se le podía enjuiciar sin clemencia, no le permitían errores, lograba ser atacado con cierta facilidad, se le exigía más, aunque, fuerza es decirlo, también un artículo laudatorio proveniente de sus manos era mejor valorado que uno que viniera como cronista.

Se las arregló, en todo caso, para publicar sus textos intitulándolos Crónica Literaria y lo hizo por más de medio siglo (1921-1978) enla revista Pacífico Magazine, los diarios La Unión, El Imparcial, La Nación y El Mercurio.  No le puso Crítica Literaria. Y su labor fue hablar de libros a partir de la única medida que dominaba y conocía: el subjetivismo, lejos, muy lejos, por cierto, de la supuesta objetividad de los censores reconocidos.

Se llamaba Alone, el seudónimo de Hernán Díaz Arrieta.

LA IMPORTANCIA DEL ESTILO

Hoy puede que  el estilo no sea lo más preponderante en una obra literaria. Se prefiere el fondo. Está acorde con los días. Pero “in illo tempore” se daba un realce especial a un texto bien escrito, el cual permitía interesar y entretener, esta ultima expresión muy usada en el método de Alone y, por consiguiente, blanco de los más tenaces ataques.

No le perdonaban que usara el entretenimiento como medida.

Pues bien, la causa principal que nos hizo ser admiradores de Alone fue justamente su estilo. Cuando  leímos  el libro Los Cuatro Grandes de la Literatura Chilena, quedamos extasiados.

Antes de él habíamos leído mucho, muchísimo, pero eran otras nuestras inquietudes. Alone, cuando llegó, nos clarificó el panorama, nos abrió la ventana que necesitábamos y después de él ya nunca más fue lo mismo.

Hubo libros simplemente que no pudimos leer, porque estaban mal escritos  y el interés por la literatura chilena y por la francesa comenzó a ocupar gran parte de nuestro sentido literario. También principió la inquietud por aprender a escribir y eso nos llevó a coleccionar todas las crónicas literarias que tuvimos oportunidad de recortar, como asimismo, a leer todos los libros del gran Cronista Literario. Lo leímos, volvimos a leer, hasta nos aprendíamos de memoria algunos pasajes. La cuestión funciona así cuando algo  apasiona. También intentamos parecernos, tarea ímproba y quimérica ciertamente, pero nos sirvió para obtener la impronta.

En nuestro libro inédito Alone, Cronista Literario, está plasmado el sentir que nos produjo la visión del estilo aloneano y su análisis.

En esta breve crónica no conviene repetir.

LOS LIBROS DE ALONE

Dos son, a nuestro juicio, los mayores aciertos de Alone en su producción: Los Cuatro Grandes de la Literatura Chilena y Alberto Blest Gana. El resto de sus libros, si bien tan interesantes como éstos, son en su gran mayoría recopilación de crónicas literarias desperdigadas en la prensa. No nos olvidamos de su gran Historia Personal de la Literatura Chilena (más criticada que aplaudida, por no fijarse en el adjetivo personal) ni tampoco su Panorama de la Literatura Chilena durante el siglo XX ni de su novela La Sombra inquieta (muy bien escrita) ni de sus cuentos publicados en Pacifico Magazine ni de los ensayos ni las traducciones. No. Los tenemos muy presente y serán siempre un placer para el espíritu. Pero donde, creemos, están mejor demostradas las cualidades artísticas de Alone es en estos dos libros.

Ahora bien, si vamos más a fondo y pedimos el texto que demuestre la perfecta empatía entre fondo y forma, sin duda que Don Alberto Blest Gana se lleva la palma laudatoria.

Es su Memoria de Critico.

Por otra parte, hay libros que respaldan muy  bien aquello de Gracián: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Nos referimos, por ejemplo a esos opúsculos espléndidos Aprender a Escribir, Historia de la Biografía, Portales Intimo, El Lincoln de Ludwig, Gabriela  Mistral, Bello en Caracas. Allí la brevedad y la síntesis campean, además de todas las cualidades que hacen del estilo de Alone un canto a la belleza y  lo han convertido en el mejor prosista chileno.

Nadie escribe como él. Ni nadie volará tan alto.

En Los Cuatro Grandes de la Literatura Chilena los ensayos referidos a Augusto DHalmar y Gabriela Mistral son notables, especialmente por su profundidad humana. Es cierto que se da tiempo para analizar la obra, pero perdura la impresión que nos deja sobre las personas, no los escritores. Es certera su agudeza para penetrar la interioridad de los 2 escogidos, obtener información que, en aquel tiempo, no se tenía y bosquejar un dibujo acertado sobre la mentalidad de ellos. Únese a esto, el magistral uso del lenguaje y la belleza característica de su estilo.

Esta predilección por el alma humana le viene de Proust y fue una de sus armas preferidas para atacar el criollismo chileno, en manos de Mariano Latorre, que olvidaba al ser humano y lo sepultaba en el follaje de sus descripciones.

Como le gusta, acierta. Tal como él lo dijo: “Nada se hace mejor sino lo que se ama”.

Don Alberto Blest Gana es un  texto de estudio, de análisis profundo, tanto de la obra como de la vida del escritor chileno. Aquí hay documentación a fondo. Sin embargo, en vez de convertirse en un texto soso, sin alma, propio de un estudio académico, he aquí que en la pluma de Alone todo ello se aligera y nos permite una lectura deleitable, saboreando un estilo magistral y conociendo en profundidad cada una de las circunstancias que hicieron de Alberto Blest Gana un buen escritor.

El libro en comento ganó un Premio de la Universidad de Chile. (Certamen Blest Gana).

Hay más libros sin duda. Desconocida es su faceta de la traducción. Hizo varias, especialmente de creadores franceses. También fue conferencista, expositor radial y antólogo de fuste. En esto último, produjo la más original y bella,la denominada Antología del Árbol, la única tal vez que fue elogiada unánimemente.

No es menor su trabajo al frente de Las Cien Mejores Poesías Chilenas, que tuvo varias ediciones y que en algunas  sumaron más de cien los citados. Es notable, asimismo,  la antología dedicada a la obra de Marcel Proust, donde tampoco tuvo detractores, no sabemos si porque no había nada que decir o porque el autor francés no era muy justipreciado.

LA DEFINITIVA IMPORTANCIA DE ALONE

Si bien en vida sus numerosos detractores lo atacaron “del lado” de la senectud como también minimizaron sus aciertos y le dieron duro a la metodología empleada, lo cierto es que el nombre de Alone en la historia de las letras chilenas ha perdurado más que otros, incluso sobre sus enemigos literarios y hoy se le tiene como uno de los grandes de la literatura nacional. No en vano algunos autores lo denominaron Maestro de Escritores, Poeta de la Crítica, El Crítico de Chile, etc. Entre los que lo saludaban con esos laureles distinguimos a Pablo Neruda, Hernán del Solar, Ignacio Valente, entre otros, lo cual no es menor. No tuvo, claro está, el renombre de los poetas y novelistas, quienes siempre ocuparán los primeros lugares, por esto de la sugestión colectiva,  pero a la hora del juicio final su figura emerge notable, propio de los grandes que han  pasado por la vida imponiendo  su sello y con un trabajo realmente espléndido que ha servido como referente obligado a la hora de pedir opiniones sobre la historiográfica literaria.

NUESTRO MAESTRO

No lo conocimos físicamente, sino todo fue al través de sus crónicas y libros. El mismo decía: “A los escritores es preferible imaginarlos que conocerlos”.

Nos parece bien.

La lectura de su obra,  como lo dijimos, nos provocó un cambio total en nuestra mentalidad literaria. Nos obligó a preocuparnos del estilo. El “No repetirás” es el gran mandamiento que instruyó. ¡Y cómo cuesta cumplir los mandamientos…!.Igualmente, descubrimos la brevedad y la síntesis, dos columnas importantes en su labor y en la nuestra. A posteriori, estudiamos toda su faena y, por derivación, tuvimos que conocer la literatura chilena que, a los 17 años, poco nos interesaba. Más adelante, siempre en pos de  su ruta, leímos a los franceses, comprobando la coincidencia de estilos. El de Maupassant, por ejemplo, es parecido y posee todos los ingredientes que hacen de la pluma de Alone una facultad matriz. Costó adentrarnos en el mundo de Proust, pero al final lo conseguimos, agradeciendo sin duda sus ensayos referidos al gran autor galo.

Como la crónica literaria de los domingos era lectura obligada, estuvimos al día de la actualidad chilena y de alguna parte del mundo. La gracia de todo esto es que a la sazón éramos estudiantes del Liceo de Constitución y era extraño contemplar a un joven  leyendo… crónicas literarias.

La juventud tenía otras preocupaciones.

En síntesis, se inició nuestra vida literaria, que nunca fue meta vivencial, provocado, repetimos, por la ventana que nos abrió Alone.

Hoy día, cuando su crónica no nos acompaña el  domingo y aparecen otras que están a años luz de su calidad, reconocemos los momentos gratos que su lectura nos entregó y las enseñanzas que de ella cogimos. Releerlo ahora y siempre es y será una grata tarea, puesto que no ha perdido ni un ápice de las cualidades que nos impulsaron a conferirle la categoría de favorito.

Alone fue, en suma,  nuestro maestro.

Hoy queremos rendirle homenaje.

TEXTO: Jorge Arturo Flores.

Más información sobre Hernán Díaz Arrieta (Alone) en:

http://www.semblanzasliterarias.wordpress.com

http://www.cronicasliterarias.wordpress.com

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