Hernán Díaz Arrieta (Alone) y Aprender a Escribir

alone

Jorge Arturo Flores

 

Es el título de un breve y formidable libro de Alone (Hernán Díaz Arrieta,( Premio Nacional de Literatura 1959) y versa justamente sobre las diversas maneras que, a su juicio, sirven para “aprender a escribir”.

Desde luego, no son clases académicas, sosas y frías.

No.

Justamente Alone abominada de aquello. Son, en el fondo, breves crónicas relativas a las experiencias del Maestro de Escritores concernientes a la eterna cuestión: ¿cómo aprender a escribir? Y lo hace, por supuesto, desde la perspectiva que dan los años y la dedicación casi absoluta sobre las letras.

No conviene extenderse sobre el número de crónicas. Nada más pedante que la extensión.

Grosso modo, Alone coge varios temas que servirán sobre el asunto en comento: Las citas, el estilo, la forma, el fondo, el deber de variar. Los otros artículos discurren sobre el misterio de escribir, la crítica literaria, el afán de sobrevivir.

Importa lo medular.

Apoyándonos en su texto, reflexionemos sucintamente sobre los contenidos seleccionados.

Las citas en medio de un escrito lucen como joyas y, al mismo tiempo,  demuestran la cultura del autor. El talento está en saberlas ubicar en el sitio preciso, en la ocasión esperada, en el contexto ad hoc. De lo contrario, no sirven. Citar escritores famosos o poetas renombrados es lo más común, pero tiene sus peligros, como se verá. En general, conviene citar, pero en forma que no se note, casi al desgaire, buscando con ellas resaltar la idea que desea provocar el creador.

Y ojo, jamás omitir al artista que las inventó.

La abundancia de las citas aburre. Como también el autor que las repite. No olvidemos que, en el fondo, quien copia desea aparecer en el escenario como persona culta, aunque a veces se recubre de lentejuelas ajenas justamente para ocultar su ignorancia o falta de creatividad.

Trabajar el estilo en la actualidad prácticamente no existe. No hay preocupación honda por pulir lo que se escribe, retocando, cortando, aumentando, disminuyendo, haciendo calzar el relato o poema con la música interior; ver faltas ortográficas, evitar las repeticiones, etc. Tanta cosa. Hoy el mundo está más relajado en ese sentido y no tiene tiempo para ocuparse de esos menesteres.

Por eso se escribe un poco a la diabla, en retahíla, sin demorarse en revisar.

Pulir, desbastar, disminuir el cuerpo. Tarea difícil, más aun cuando el creador cree que todo lo escrito es único y eliminarlo significa que el mundo pierde algo colosal.

Hay que cuidar el estilo. Escribir bien sería una premisa fundamental en la carga artística que debe portar todo autor. Pero, ya sabemos, poco importa hoy.

La almendra de todo escrito es el fondo, que a veces se confunde con la forma. Es el meollo, la perla que debe buscarse en el mar proceloso de las letras. Cada escrito debe llevar un mensaje, algo distinto de la realidad, para gustar, remecer y percibir. Cualquiera puede garrapatear, claro está, pero son muy pocos los que alcanzan las estrellas, justamente porque fueron diferentes, consiguieron incorporar una idea y la desarrollaron. Es decir, no fueron banales, simplones ni manidos.

Encontraron la senda diversa.

Todo lo anterior deviene un poco en el mandamiento final que Alone deja en otro texto intitulado LEER Y ESCRIBIR, selección de sus crónica y el cual, increíblemente, no ocupó espacio acá. Se llama NO REPETIRAS.

NO repetirás las palabras, los verbos, los adjetivos, los sustantivos, los artículos. Evitarás asonancias, cacofonías, consonancias. No reiteraras los tiempos verbales ni las terminaciones de las palabras. No repetir plurales y singulares ni las expresiones largas o cortas.

Y un extenso etc.

  • Pero eso es difícil, así no se puede, es imposible – dirán, de inmediato, los aprendices de escritor.

Claro que sí. A simple vista resulta inconcebible, pero se puede. Este mandamiento “representa el papel del viejo martillo, de la antigua lima; es la herramienta que desbasta y desgasta lo superfluo, barato y adventicio”( Alone).

Para lograr este portento, paradojalmente, hay que repetir, repetir, repetir….para que se aprenda la lección.

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