ARMANDO MENDEZ CARRASCO ESCRITOR SUBVALORADO

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Por Jorge Arturo Flores

Si bien es cierto que Armando Méndez Carrasco (1915-1984) convivió con los “pelusas” de los cerros en Valparaíso y fue asiduo visitante a los prostíbulos santiaguinos desde temprana edad, conociendo al dedillo el ambiente del hampa, no es menos cierto que pasó por esos “túneles morados” con prestancia, sin dejarse enlodar, llevando, en suma, una vida que no es tan distinta al citadino. En ese ambiente, su mayor orgullo fue haber sido un notable bailador de swings. También de esa época y más contemporáneamente era usual verlo acompañado de bellas mujeres. Se auto definió como playboy pobre. Entre otros trabajos, fue carabinero por más de diez años,( al igual que el escritor Luis Rivano), y realizó periodismo ( las Crónicas de Juan Firula en LUN).

Su cosmos literario perteneció a los bajos fondos, específicamente al hampa, la prostitución, los “pelusas” del Mapocho, el mundo de la droga y el alcohol.

Sus novelas y cuentos, al igual que sus colegas de la misma temática, no fueron recibidos con delirio por la crítica oficial y no contaron tampoco con el entusiasta aplauso del público lector. Más bien diríase lo contrario. Es que la utilización de un lenguaje, a veces coprolálico y pródigo en palabras de grueso calibre, provocaba feroces anticuerpos en las candorosas mente de algunos lectores. En aquellos tiempos, al parecer, había que cuidar las apariencias, “la moral y las buenas costumbres”, más aun si entonces imperaba la dictadura militar. La censura prohibió la circulación de 4 novelas de Méndez Carrasco, por el lenguaje y por los títulos.

Uno de ellas se llamaba La Mierda.

Alguna analogía oculta descubrieron, sin duda, con sus desdorosas labores de jueces.

Es, tal vez, de los Cuatro Mosqueteros (Cornejo, Rivano y Gómez Morel) el que empleó con más entusiasmo el coa en sus escritos, mostrando, a un público ávido de emociones fuertes, los escenarios clásicos donde se desarrolla el sombrío mundo delictual.

Es también el más extravertido de este grupo de creadores.

DE LA LISTA, UN LIBRO

Cuando se termina de leer la novela “Cachetón Pelota” de Armando Méndez Carrasco, se tiene la impresión de haber absorbido una vida dinámica, turbia, cruel, plena de sinsabores y amarguras, con muy pocas alegrías, donde las noches de farra, el lenguaje procaz y las aventuras sexuales, no bastan para ocultar la desorientación, el descontento y la eterna fuga del protagonista.

Esta novela posee ribetes biográficos.

La atmósfera está plenamente descrita y el lenguaje empleado es tan cotidiano y fuerte en su estructura. Aquí se habla tal cual, sin pelos en la lengua. Y eso es lo relevante de esta obra. Nos presenta una realidad que marcha a parejas con la otra, la relamida, la decente, pero no menos hipócrita. Acá se ve a los seres en su transparencia, sin dimes ni diretes, rectilíneos, dentro de lo que la sociedad ha llamado “marginales”. Prostitutas, cafiches, hampones e invertidos, todos juntos en noches de juerga, donde el alcohol y las drogas corren sin límites, toda una escena fantasmal donde cada uno llega todos los días a emborracharse y, con ello, olvidar sus tristes existencias.

Sobrecoge el relato.

Es una novela triste. No basta la alegría falsa de los juerguistas, no basta con las alocadas comilonas, no basta con el sexo libre. Hay melancolía en todo esto, una suerte de tristeza que el autor se obliga a destacar.

Nada brilla bajo el sol.

Es, en el fondo, un muestrario de vidas destruidas, que marchan a golpes, tratando de enderezarse para continuar en la misma senda que los lleva al fin sin vueltas.

BREVISIMA CONCLUSION

La literatura de Méndez Carrasco, reiteramos, no fue bien vista por la crítica y el público. Ya sabemos sus causas. Diamela Eltit lo corrobora: “Aunque las novelas “Chicago Chico” o “El Cachetón Pelota” alcanzaron numerosas ediciones, Armando Méndez Carrasco fue subvalorado por la crítica. El “establishment” literario no pudo comprender su proyecto narrativo auto sustentado desde su propia editorial Juan Firula.
El ocio y el realismo de un genuino barrio bajo, la fragilidad de un mundo que pendía de un débil eslabón social, pero que, sin embargo, pasaba sus noches a plenitud, fue mal recibido y más aún desdeñado. Aunque también cabe la hipótesis que este desdén crítico se debiera a la falta de redención de sus personajes. A una porfiada rebeldía que permutó la casa propia por el tugurio y que convirtió el cuerpo, el cigarrillo y el vino en poéticas de sobrevivencia”.

Ambas hipótesis nos parecen ciertas para explicar la extraña actitud de críticos y público en orden a rebajar el valor de sus creaciones. Obviamente en sus libros no hay, y no tiene por qué haberlo, ansias de redención. La realidad es más fuerte y los aplasta, hasta sumergirlos en ese lodazal que, a la larga, les parece perfectamente normal. Es lo que sucede también con las obras de Rivano, Cornejo y Gómez Morel.

Acá, evidentemente, no fermenta la moral.

En síntesis, estamos frente a un autor de novelas y cuentos que tuvo, en el mundillo del arrabal, el crisol de sus creaciones, producto, ciertamente, de sus vivencias personales y con algunos lampos ficcionalizados. Provisto de un lenguaje que copia al cotidiano, sin rebuscamientos ni afeites, su estilo es nervioso, dinámico, propio de alguien que en vida era un gran extravertido, movedizo e irónico. Tuvo un público fiel que lo siguió y sigue aún. Sus libros embarazaron muchas ediciones y, si bien la crítica oficial, repetimos, no lo tuvo como icono de su fervor, la repercusión que tuvo en las letras chilenas no pasó inadvertida, transformándolo en otro escritor de culto.

Bien por él.

 

LIBROS PUBLICADOS

Juan Firula, cuentos, 1948
El carretón de la viuda, cuentos, 1951
Mundo herido, novela, 1954
La mala intención, cuentos, 1958
Chicago Chico, novela, 1962
Dos cuentos de jazz, 1962
¡Ordene mi teniente, novela, 1970
La Mierda, novela 1972
Reflexiones de Juan Firula, crónica, 1973
Diccionario coa, 1979
Noche sin número, cuentos, 1980