Armando Mendez Carrasco, La Mierda

 

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Por Jorge Arturo Flores

Es el original título con que Armando Méndez Carrasco da fin a su tetratología literaria denominada Chicago Chico. La forman los libros Cachetón Pelota, Ordene Mi Teniente, Chicago Chico y La Mierda.

El texto  posee un prólogo de Roberto Vilches, explicando que el término “mierda” viene de antaño y no es lo que la gente piensa, sino representa  su acepción de “  algo sucio, merdoso, poluto, como son muchos de esos ambientes que con tanto colorido describe en la serie de sus obras o como tantos personajes que en ellas cobran vida”. Corrobora el aserto diciendo que se encuentra en el Diccionario de la Real Academia Española. Hace historia al respecto y explica con algún saber. Posteriormente surge la portada del Diccionario citado que data de 1736.

Viene a continuación una nota explicativa del autor respecto al libro y a su tarea como escritor, en especial, sobre su faena como guía del submundo citadino.

El libro es un largo monólogo interior del protagonista. Es un discurso interno en que  Escudero, o Chicoco o Piripipe o Mono o el nombre que cogió en los libros, hace memoria de su vida, de su hijo Pilucho, delincuente y preso, de sus amores por las prostitutas Olga y en especial Ninoya, a quien quiso realmente. Estaba en ese recito interno cuando suena el timbre del departamento  y aparece en la puerta una mujer que, por las trazas, es estupenda, pero que también cayó al pozo  y viene por ayuda. El protagonista explica que poco puede hacer, se hace el harakiri, mostrado sus miserias y escasas virtudes. Luego le toca el turno a ella hablando de lo mismo. Y finalizan, como era lógico, teniendo sexo.

No indica si la cura surtió el efecto esperado…

La atmósfera que el creador pone en el tapete posee coherencia con el título. Todo lo que expresa es “sucio, merdoso, poluto” en cuanto a su vida. Hay pocas luces que taladren la oscuridad y lo que es relevante es justamente un largo y sombrío panorama, depresivo, sin esperanzas. Privativo de un desadaptado de la cotidianidad, carente de futuro y con una conducta que no hace vislumbrar un mundo mejor.

Es un libro triste.

Armando Méndez Carrasco pone especial énfasis en advertir que no es autor de auto biografías como es tildado, de lo cual se infiere que lo escrito pertenece a la ficción. Tal postura no es muy convincente por cuanto, al conocer la vida del escritor, desde “Mundo Herido” en adelante y por lo que contó posteriormente en sus “crónicas de Juan Firula”, el mayor bagaje del contenido se basa, fundamentalmente, en su vida.

¿Por qué aclaró aquello?, ¿Pensó tal vez que no era meritorio narrar su vida  y sí lo era  ficcionalizar el submundo?.

Muchos escritores han logrado el éxito y la fama recurriendo al recorrido de su existencia. Obviamente, siempre y cuando éste sea en verdad interesante, distinto y original.

Gran escritor, sin duda, Armando Méndez Carrasco. Felizmente su obra está siendo desempolvada del olvido y son varios  los investigadores que la han cogido como referencia para sus herméticos, enrevesados y latos estudios.

Más vale tarde que nunca.

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