Augusto Winter, la fuga de los cisnes de cuello negro

Prohibida la reproducción de este texto, salvo que se mencione el nombre de su autor y la fuente.

winter

Jorge Arturo Flores

“Reina en el lago de los misterios tristeza suma:
los bellos cisnes de cuello negro de terciopelo,
y de plumaje de seda blanca como la espuma,
se han ido lejos porque del hombre tiene recelo”.

¿Recuerdan – los que tienen sus años – el principio de esta poesía que aprendíamos de memoria en el colegio?. Creemos que sí. Tiene la popularidad de los clásicos poemas que se recitaban en las clases de castellano, como “piececitos de niño” de Gabriela Mistral o  “Ciudadanos que nos une en este instante, quien nos llama, encendida las pupilas, frenéticas las manos….”(Víctor Domingo Silva).

Acá, sin embargo,  hay un trasfondo doliente, es un canto a la belleza de los cisnes, la pena que se alejen del lago Budi, a causa del hombre que los caza.

Eso es lo sustancial.

Y en esa época se convirtió en un “Best seller”.

La poesía en si está bien construida, tiene un ritmo adecuado, juega bien con la tensión, hay una mirada intimista hacia las bellas ánades, se lee con placer y mucha preocupación. Nos toca la fibra íntima del hombre sensible. Salvo el de los depredadores.

Esos no tienen alma.

Es un lindo recuerdo de los tiempos estudiantiles.

No obstante ello, hay algo que  sale del contexto y provoca un asombro increíble. Leímos hace años, si mal no recordamos, a Enrique Lafourcade y Jorge Teillier en algún artículo, el conocimiento y la amistad que tuvieron con el patriarca de esos lugares, el poeta Augusto Winter, autor de estos estremecedores versos. Después de relatar los encuentros, viene lo impensado, lo bochornoso, lo paradojal.

El poeta, amante de los bellos cisnes de cuello negro, los cazaba sin misericordia para enlatarlo y venderlos como conservas.

Ya veo las muestras de estupor en la cara del leyente. ¡No puede ser, qué bárbaro, es mentira, no se puede concebir!. Lo mismo dijimos cuando  leímos.

No podíamos dar crédito a nuestros ojos.

Pero fue verdad. Como no recordamos los artículos de los dos escritores chilenos, recurrimos a un diario sureño que relata lo mismo, incluso con fecha. Transcribimos:

“Es que el mismo poeta que cantó al éxodo de estas elegantes aves, contribuyó a su exterminio instalando una fábrica de carnes exóticas en latas para exportación. Así, tal como lo lee. Prueba de ello es que a última hora rectificó su daño y sólo a cuatro meses antes de su muerte, en noviembre de 1927, publicó su único poemario en donde se reivindica con la naturaleza y entrega su tan repetida “Fuga de los cisnes”. En esos años, 1915 aproximadamente, Winter decidió instalar una industria conservera de carne de ave, llámese todo tipo de plumíferos silvestres para paladares exigentes que los indígenas le llevaban por sacos diariamente. El negocio anduvo bien… hasta que se terminaron los cisnes”  (Guillermo Chávez, El Renacer de Angol, 2004).

¿Bastará un poema para rectificar el daño?.

Cuesta, en suma, imaginarse a un delicado poeta cantar la belleza de los cisnes en cuestión, con un poema que lo dejó en la inmortalidad, y por otra parte, enlatarlos para venderlos al extranjero.

Como que no encaja.

Para tranquilidad de nuestros espíritus ecológicos, hoy  nadan  airosos   los bellos cisnes de cuello negro en el lago Budi porque ya no “reina, en el lago de los misterios, tristeza suma….

………

LA FUGA DE LOS CISNES (Augusto Winter, 1868-1927)

Reina en el lago de los misterios tristeza suma:
los bellos cisnes de cuello negro terciopelo,
y de plumaje de seda blanca como la espuma,
se han ido lejos porque el hombre tiene recelo.
Aún no hace mucho que sus bandadas eran risueños
copos de nieve, que se mecían con suavidad
sobre las ondas, blancos y hermosos como los sueños
con que se puebla los amores de la bella edad.
Eran del lago la nota alegre, la nota clara,
que al panorama prestaba vida y animación;
ya fuera un grupo que en la ribera se acurrucara,
ya una pareja de enamorados en un rincón.
¡Cómo era bello cuando jugaban en la laguna
batiendo alas en los ardientes días de sol!
¡Cómo era hermoso cuando vertía la clara luna
sobre los cisnes adormecidos su resplandor!
El lago amaban donde vivían como señores
los nobles cisnes de regias alas; pero al sentir
cómo implacables los perseguían los cazadores,
buscaron tristes donde ignorados ir a vivir.Y poco a poco se han alejado de los parajes
del Budi hermoso, que ellos servían a decorar,
yéndose en busca de solitarios lagos salvajes
donde sus nidos, sin sobresaltos, poder salvar.Más, desde entonces fue su destino, destino aciago
ser el objeto de encarnizada persecución:
vióseles siempre de un lado a otro cruzar el lago,
huyendo tímidos de la presencia del cazador.

Y al fin, cansados los pobres cisnes de andar huyendo,
se reunieron en una triste tarde otoñal,
en la ensenada, donde solían dormirse oyendo
la cantinela de los suspiros del totoral.

Y allí acordaron, que era prudente tender el vuelo
hacia los sitios desconocidos del invasor;
yendo muy lejos, tal vez hallaran bajo otro cielo
lagos ocultos en un misterio más protector.

¡Y la bandada gimió de pena, sintiendo acaso
tantos amores, tantos recuerdos dejar en pos!
¡Batieron alas; vibró en el aire el frú-frú de raso
que parecía que era un sollozo de triste adiós!

Reina en el lago de los secretos tristeza suma,
porque hoy no vienen sobre sus linfas a retozar,
como otras veces, los nobles cisnes de blanca pluma
nota risueña que ya no alegra su soledad

Si, por ventura, suelen algunos cisnes ausentes,
volver enfermos de la nostalgia, por contemplar
el lago amado de aguas tranquilas y transparentes,
lo hallan tan triste que, alzando el vuelo, no tornan más

 

 

2014

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3 comentarios en “Augusto Winter, la fuga de los cisnes de cuello negro

    • Tiene toda la razón don Claudio Labbé. Faltaba la ultima estrofa, la cual fue agregada y que dice:
      Si, por ventura, suelen algunos cisnes ausentes,
      volver enfermos de la nostalgia, por contemplar
      el lago amado de aguas tranquilas y transparentes,
      lo hallan tan triste que, alzando el vuelo, no tornan más

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