Baldomero Lillo, Inamible

 

 

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Por Jorge Arturo Flores

Si bien Baldomero Lillo es reconocido en el imaginario popular por sus cuentos oscuros y aterradores del libro Sub Terra, originados a partir de  las inequidades sufridas por los mineros de manos inescrupulosas, no es menos cierto que en su obra existen un tipo de relatos que  entronca con el humor, circunstancia  impensada, hasta cierto punto, al tomar en cuenta la vida desdichada que tuvo el autor, donde no siempre el regocijo era su máxima virtud. Es posible que tal juicio no sea óbice para crear relatos de  comicidad elevada, pero en la mente del lector, conociendo su existencia, la idea pasa.

En esa directriz,  hay un cuento suyo que cuenta con nuestras preferencias. Se llama Inamible y trata sobre la aventura que le toca en suerte correr a un carretonero que, por molestar a una muchacha con una culebra en la vía pública, es arrestado por El Guaren, funcionario policial. Este le dice que no puede andar en la calle con animales “inamibles” y sin más lo lleva a la comisaría. El oficial de guardia, para no aparentar ignorancia frente a un inferior, corrobora y lo envía al oficial, quien, a su vez, para posar de letrado y no ser menos que el subalterno, asiente a todo y lo remite a manos del Juez. Este último, frente a la disyuntiva y sin saber el verdadero significado de la palabra Inamible, lo condena a 20 días de cárcel o el pago de una multa. Todos los ignorantes, perdón, todos los funcionarios públicos, menos El Guaren, en la soledad de sus pensamientos, columbran que han cometido una injusticia por oscurantismo y mantener las apariencias. Envían tres sobres con dinero al preso y éste, sorprendido, paga la multa,  sale en libertad y reflexiona al final sobre la conveniencia de ir por otras culebras inamibles para obtener fácilmente dinero.

El texto mantiene un correlato lógico, se lee fácil, no abunda en digresiones, provoca algunas sonrisas y con rapidez se llega al final. Éste, tal vez, no está muy acabado ni cierra bien, pero igual provoca la sonrisa del lector, lo cual, por supuesto, se agradece.

La pluma de Baldomero Lillo apunta a una realidad social que se mantiene en el tiempo: la ignorancia, la incapacidad de reconocer un error, el afán de sobresalir  a todo evento, las ansias de ascender en el escalafón público, que es lo que pretende el famoso Guaren. Algo que, pese al cronos  de este relato, no ha cambiado mucho y son acontecimientos que casi siempre, y a veces sin casi, ocurren en la cotidianidad, sin visos de morir.

En suma, un excelente cuento. Un clásico.

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