Batalla de Pampa Germania o Agua Santa

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Por Jorge Arturo Flores

“¡Ponchos a la cintura!, ¡Sables desenvainar!, ¡Por Dios y Santa María! ¡Adelante  la caballería, galope carrera mar!.”

Erguido sobre los estribos, magnifica figura sobre mejor caballo, el capitán Sofanor Parra levanta su sable. En el aire ha quedado prendida la famosa arenga de la caballería chilena. El compacto grupo tras suyo emite un estremecedor chivateo araucano, pica espuelas y con los sables horizontales al suelo, desencadena el alud de su fuerza invencible. Los soldados peru-bolivianos detienen el avance y contemplan horrorizados cómo se les viene encima aquel terrible grupo, precedido del sordo golpetear de los cascos sobre el suelo, levantando gigantesca nube de polvo e impregnando el aire de un chillo horrísono, unido al centellear enceguecedor de sus sables de acero.

Pronto, más rápido que alma que lleva al diablo, dejan las armas en el suelo y emprenden pies en polvorosa: muchos no salvaron y son arrollados por esa tremenda fuerza demoledora que cercena cabezas, tajea hombros o estrella sus cabalgaduras. Los endiablados jinetes han provocado una enorme hendidura en medio de las fuerzas enemigas, dejando tras suyo un reguero de muerte.

La dispersión es total.

La caballería chilena nuevamente ladeó la batalla y cumplió cabalmente con su tarea.

De esa manera nos imaginamos aquellas épicas carga de la caballería chilena en suelo enemigo. En medio del polvo, su accionar debió ser impresionante.

EL COMBATE DE PAMPA GERMANIA O AGUA SANTA

La singularidad de esta batalla es que participaron sólo grupos de caballería. Como sabemos, las cargas generalmente fueron para rasgar al enemigo, permitiendo la llegada de los infantes o dar el golpe definitivo para concluir el evento.

En este caso, una compañía de Cazadores a Caballo al mando de José Fco. Vergara, Sofanor Parra y Manuel Barahona, sorprendieron en Pampa Germania o Agua Santa a un destacamento enemigo formado por los Húsares de Perú y Húsares de Bolivia.

Otra vez la ecuación 2×1.

En una descubierta, algunos jinetes verificaron la existencia del adversario, quien los atacó con intenso fuego de fusilería. Los chilenos respondieron y retrocedieron un poco para reagruparse con el resto del contingente, procediendo de inmediato a cargar sobre los aliados. Un alud de caballos, polvo, chivateo y sables cercenando cabezas, tajeando hombros o estrellando sus cabalgaduras fue el momento culmine. La tromba partió a los Húsares, quienes rápidamente huyeron: los unos al límite boliviano, los otros en dirección a Dolores.

Los cazadores, con el envión, continuaron la caza, eliminando sin piedad a los enemigos que huían despavoridos.

De esta forma, se ganó la primera batalla. Los chilenos sufrieron solamente 3 bajas y los contrincantes cerca de 70, quedando 5 prisioneros. El resto pasó a mejor vida.
Leyendo los partes tanto chilenos como peruano-bolivianos nos encontramos con opiniones contrapuestas. En lo que coinciden es en el número de muertos. Pero las diferencias son mayores. Por ejemplo, los aliados indican que los chilenos retrocedieron frente al fuego de carabinas y luego cargaron. Claramente no lo atribuyen a una inteligente estratagema. También aprovechan la oportunidad de minimizar la derrota expresando que los chilenos poseían mejores cabalgaduras, mejores armas y les faltó agregar mejores soldados. En cambio en ellos todo es escaso, pobre y sin medios para contrarrestar a los enemigos. Esta cantinela llorosa y meliflua es muy requerida en las historias limeñas, confundiendo a sus compatriotas, minimizando las victorias contrarias, justificando las derrotas y hablando de heroísmos envidiables, los cuales, lamentablemente, no le sirvieron de mucho, puesto que en el recuento final, además de escasos, sumaron más derrotas que victorias.

Difícilmente se encontrará en sus textos de historia la aceptación de una derrota limpia, sin excusas y dándole el honor a quienes vencieron. No. En realidad, nunca. Es increíble como en estos campos cada combate, cada batalla cuenta con un sinnúmero de justificaciones, con gran detalle de los que realmente habría pasado si… o negándole cualquier virtud a los vencedores. Por el contrario, éstos últimos no son precisamente flores las que reciben…

Los partes chilenos se remiten a relatar los encuentros, destacan el valor de sus soldados y dan cuenta de las bajas. Incluso hablan bien, algunas veces, del contrincante. Es decir, profesionalismo puro.

Una victoria limpia, audaz, decidida, que demostró fehacientemente el valor y eficiencia de los jinetes chilenos.

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(Tambien se encuentra en http://www.cronicahistorica.wordpress.com)

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