Bomba, el niño de la selva

Por Jorge Arturo Flores

El primero de los personajes de ficción que apasionaron nuestra adolescencia fue Tarzán, el hombre mono, con Jane y la Mona Chita. Lo veíamos sólo en filmes (blanco y negro). Después surgió Bomba, el niño de la selva, al cual leímos con apasionamiento febril en libros publicados por la editorial Robin Hood. Hoy sabemos que esta editorial era argentina y tenía la particularidad que sus libros tenían una tapa muy dura y portada con dibujos en colores (la foto de la crónica es el fiel reflejo de lo que hablamos).  Finalmente  llega Mowgli, el personaje de Rudyard Kipling ( El Libro de la Selva). Lo leímos y disfrutamos más contemporáneamente… en magnífico colorido.

Nos referimos, en este último caso,  a las revistas y los filmes de Walt Disney.

 MI PERSONAJE FAVORITO

 Nuestros padres, cada vez que viajaban a Santiago (vivíamos en Pucón, sur de Chile) regresaban con regalos y, como el primogénito manifestaba serias inclinaciones por  la lectura (éramos compulsivos), portaban libros de aventuras, donde sobresalían  Salgari y Verne, además de Hombrecitos y Corazón (de Edmundo de Amicis), sin despreciar las novelitas de bolsillo que inundaban el hogar con luchas entre blancos y pieles rojas, soldados de La Unión -hasta hoy nos agrada el color azul de sus uniformes –  cowboys por doquier, malos y buenos.  Impensadamente, de sopetón, se les coló Bomba, el niño de la selva, cuyo autor era Roy Rockwood.

Se calculará la emoción del púber frente a este tipo de aficiones.

Fueron cuatro libros los que recibieron nuestras manos y su lectura fue intensa, sin descanso. Se leí y releía. Mucho más que a Emilio Salgari y Julio Verne. Todo el mundo de la jungla se nos abrió como una ventana al infinito y nuestra imaginación corrió ligera, como los pies de Bomba.

Pero ¿quién es el joven héroe?

 LA HISTORIA DE BOMBA

                                             

Es la historia de un niño blanco que se crió en la selva bajo el amparo de un viejo medio loco llamado Carson. Tenía como amigos  una pantera, un mono y unos pájaros, quienes lo salvaron de varias situaciones riesgosas. De Carson obtuvo una pistola  que  portaba junto con el cuchillo,  arco y  carcaj de flechas.

Vestía, obviamente, taparrabos.

Al comprobar que la vida en la selva poseía cierta estructura nuclear – padres, hijo, hogar – se obsesionó con la idea de conocer a sus progenitores.

Sin duda, un plausible deseo.

Comienza entonces  el angustioso itinerario en búsqueda de respuestas. Al través del relato, vamos conociendo  in situ el esplendor de la jungla y sus habitantes, donde reinan los hechiceros, las tribus amigas, los líderes “malos”, mucha caminata por la foresta, la aparición de sierpes de todo tipo, especialmente boas y anacondas como también panteras; luchas sin cuartel entre Bomba y sus enemigos naturales, porque el joven no las tenía todas consigo y, como buen representante del género, debía defender a los buenos y pelear con los malos. De igual forma hay temblores, lluvia a granel y volcanes en erupción.

Lo más desagradable,  sin duda,  la visión de boas y anacondas.

Leyendo a Bomba, admirábamos su valentía e ingenio para salir indemne de situaciones increíbles, su bondad hacia la natura, hacia los animales, hacia el hábitat. Es el protagonista sano, sin dobleces, químicamente puro, adalid de los débiles, pronto a la ayuda, respetuoso de los mayores, estoico, frugal en la comida, con un físico privilegiado y provisto del don que le permitía hablar con los animales.

Los relatos se encuentran redactados en forma simple y llana. No abundan las descripciones fatigosas y las que surgen son precisas, ayudando a perfeccionar el hecho. Los diálogos son breves, dinámicos, limpios, afín con la rapidez del relato y el desarrollo de la anécdota. Por eso mismo, la tensión dramática está sabiamente dispuesta y predispone al leyente. Lo mantiene en vilo todo el momento. Los personajes se miran desde la perspectiva de las cualidades, aunque se abocetan algunos dibujos que contrarían esa traza, como la descripción de los “malos”.

Se publicaron veinte libros, diez de los cuales están ambientados en América del Sur y los restantes en África.  Los volúmenes traían un título diverso: Bomba en la isla de los Jaguares, Bomba en la Montaña Movediza, Bomba en la Catarata Gigante, Bomba en el pantano de la muerte, Bomba en la ciudad abandonada, etc. Es decir, indican un lugar donde el desventurado protagonista llegaba.

Eran textos seriales, como las actuales teleseries y los antiguos radioteatros

Cada ejemplar contiene capítulos que poseen un sólo leitmotiv: las vicisitudes ocurridas a Bomba, en pos del fin propuesto.  

Lamentablemente, la  incógnita persistía al final de la obra porque, cuando lograba dar con el paradero de las personas que iban a satisfacer su curiosidad, estallaba algún acontecimiento infausto que las mataba o hacía desaparecer trágicamente,  no sin antes entregarle (menos mal), en forma harto conmovedora,  una indicación vaga, pero lo suficientemente imprescindible como para continuar con la tirantez y el dramatismo…en el próximo libro.

El inefable “continuará”.

Había que esperar, entonces, la llegada del nuevo ejemplar como aguardábamos las historietas semanales que venían en las revistas chilenas Okey y El Peneca. El problema es que, en aquellos benditos tiempos, nuestros padres no viajaban a menudo a la metrópoli por la distancia. En consecuencia, las ansias de continuar leyendo las aventuras de Bomba se diluían amargamente.

 Por cierto, y pese a quedar en la estacada, nunca  olvidamos a nuestro personaje favorito  y hasta hoy persiste la duda sobre quienes eran sus padres. Jamás lo supimos.

Al parecer, moriremos sin saberlo.

 LA CRUDA REALIDAD

 ¿Quién era el creador de esta maravilla?. Hoy lo conocemos, merced al extraordinario San Google,  y constituye, por así decirlo, una sorpresa.

Desde luego, Roy Rockwood nunca existió. Es un nombre ficticio. Constituye la primera sorpresa. La segunda surge cuando queremos saber quién es realmente. O sea, el hombre detrás de la pluma.  Cuesta imaginarlo: es el Sindicato Stratemeyer,  grupo de ghoswriters que componían la serie. El creador original, si es que a estas alturas merece ser citado, es un escritor, mejor dicho, un comerciante, de apellido… Stratemeyer, y, según algunos, alcanzó a escribir los primeros libros. Sin embargo, abarcó mucho y la empresa le quedó “como poncho”, porque publicaba demasiados textos. Entonces, pragmático el hombre, se decidió por “escritores fantasmas”. Algo así como  la construcción de los primeros automóviles Ford.

Estamos hablando del año 1920.

Después deviene  una intrincada historia comercial, tan propia del american way of life.

La fábula, por otra parte, y como si esto fuera poco, es una imitación de las aventuras de Tarzán, que se publicaba en revistas, pero cuya importancia trascendió al filme.

Bomba  también conoció los sets de estudios y fueron varias las películas que  cedieron a la luz, aunque no con la trascendencia de Tarzán.

El lector, por supuesto, no tenía por qué estar al tanto de estos detalles.

Como la candidez no puede durar mucho, comentarios posteriores hablan de una suerte de discriminación racial, subliminalmente hablando,  en los textos del joven súper héroe. Incluso superior al cometido de Tarzán. Bomba, en este caso, es blanco y el resto, por efecto dominó,  incivilizado, sin nociones de progreso ni tecnología (¡para qué habrían de necesitarla!).

No podía ser verdad tanta belleza.

 BREVE CONCLUSION

 El mundo de la jungla, el entorno prístino, las innúmeras incidencias que contiene, con valores morales en alta estima y teniendo a un niño como protagonista, es el gran resultado de estas lecciones juveniles que nos marcaron a fuego  per onmia secula seculorum. Tanto, que dos de nuestras novelas  reiteran el ambiente silvestre y los acontecimientos.

La lectura de Bomba y sus hazañas impactaron nuestra conciencia e imaginación. En alas de esta última, a posteriori, ensoñábamos situaciones similares, donde el intérprete, evidentemente, éramos nosotros, con algunos aditamentos más provocativos, como la aparición, por ejemplo,  de bellas mujeres, siempre generosas y dispuestas a no usar vestimenta encima de sus torneados cuerpos.

¡Maravillosos sueños!

LOS LIBROS DE BOMBA

01) Bomba el niño de la selva
02) Bomba y la montaña movediza
03) Bomba en Bomba en la isla de los jaguares
04) Bomba en la isla de los jaguares
05) Bomba en la ciudad abandonada
06) Bomba en el pantano de la muerte
07) Bomba en el sendero del terror
08) Bomba en el valle de las calaveras
09) Bomba en el río subterraneo
10) Bomba y los Exploradores
11) Bomba en el Continente Negro
12) Bomba entre los pigmeos
13) Bomba y los caníbales
14) Bomba y los cazadores
15) Bomba y los demonios del río
16) Bomba y el jefe enemigo
17) Bomba en las garras del ciclón
18) Bomba y el monstruo acuático
19) Bomba en el reino del peligro
20) Bomba en la gruta humeante

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8 comentarios en “Bomba, el niño de la selva

  1. Hola, Jorge: yo también fui un ávido lector de los libros de Bomba, esos mismos publicados en Argentina pero que leí en Guanabacoa, mi ciudad natal que ahora es parte de La Habana metropolitana. Llegué a tener muchos más de cuatro y los conservo en mi casa de Miami (se mudan conmigo, junto con los libros de Enid Blyton). Ahora estoy escribiendo una serie de novelas juveniles. He tenido la fortuna de coincidir en eventos literarios con Ramón Díaz Eterovic (en un encuentro de escritores policiacos en México), con Luis Sepúlveda (en la Semana Negra de Gijón) y con Roberto Ampuero (no en Cuba, sino en visitas literarias de él a la Feria Internacional del Libro de Miami). Me han gustado mucho tus artículos. Saludos.

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  2. Rodolfo: me alegro encontrar una alma gemela en esto de gustar ciertas lecturas juveniles de antaño que no se olvidan y que, en cierta medida, marcan un poco nuestra existencia. Bomba fue uno de ellos y logra el portento de poderse leer hoy con la misma frescura de hace 40 o más años atrás. Lecturas fabulosas que nos hacían volar en alas de la imaginación.
    A Ramon Diaz hace tiempo lo no veo. Coincidimos en varios encuentro literarios en Chile. Es el capo e la literatura policial chilena y es muy bueno.
    Un agrado saber que se leen mis crónicas y, más aun, que coinciden con nuestros gusto literario. Un abrazo cordial a la distancia.

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  3. Entre en esta pagina por pura casualidad, también fui joven lector apasionado de Bomba, creo que se olvidan un personaje central en la trama, la bruja Sosobrini, a la postre en uno de los textos,resulta no ser tan mala y le indica a Bomba sus origenes.
    Adrian Feldman-Junín-Argentina

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  4. Ciertamente la bruja Sosobrini fue importante personaje en las aventuras de Bomba, pero en nuestra reflexión sólo apuntamos a un bosquejo general de sus libros, haciendo hincapié en la importancia que tuvo en nuestras lecturas juveniles, importancia que aun perdura. También indicamos nuestra sorpresa sobre el autor de los textos, que no deja de ser curioso. Me alegra mucho encontrar otra persona que también disfrutó del gran héroe. Veo que suman un buen numero. Por cierto, todos recordamos con un dejo de nostalgia. Un saludo desde Chile.

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  5. Excelente reseña ! El primer libro que recuerdo haber leído fue éste. Como parte de la formación escolar de nivel inicial nuestra maestra de grado nos llevaba a la biblioteca de la escuela y nos hacía escoger un libro para leer y luego comentar. Recuerdo haber elegido éste y creo que fue el disparador de mi empedernido hábito de lector que aun mantengo 🙂 Gracias por compartir este lindo recuerdo.

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    1. Felicita a la profesora. Es una mujer muy inteligente y visionaria. Es lo que he propuesto a través de mis artículos en Chile: la elección de los alumnos de textos, ojalá aventuras. Es el único modo de interesarlos en lee, más aún en estos tiempos cuando el chateo, la televisión, las redes sociales, las drogas, alcohol, son los imanes que los capturan.
      No sabes cuanto me agrada recibir comentarios sobre los libros de Bomba. Es grato coincidir en estos gustos literarios. Es una satisfacción poder llegar a colegas y personas de otras latitudes. Que bueno que les guste la crónica y que bueno también que seamos admiradores de Bomba, el niño de la selva.
      Un saludo muy afectuoso.

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