BUENOS MUCHACHOS

Conversábamos no ha mucho, en la Perla del Maule, con unas escritoras mauchas sobre nuestras generaciones, la del 60, 70 y 80, y concluíamos que éramos buenos muchachos y muchachas. Incluso varios tenían unas aureolas sobre sus cabezas. Muy difusas eso sí, pero aureolas al fin. Surgían de inmediato en la plática las virtudes de las cual nos vanagloriábamos: principios, virtudes, respeto a los mayores y  maestros, mesura en el beber y comer, nada de drogas, trabajadores, honestos, serviciales, buenos ciudadanos. Etc. Hay videos en las redes que hablan de “generación dorada”. No era egolatría o egocentrismo como pudiera pensarse, sino constituía el valor que dábamos a nuestra generación. Ah, también la música, los entretenimientos y por supuesto el gusto por la lectura. A simple vista, hay instancias que hoy no están, desaparecieron o se mantienen a duras penas. Basta ver como las personas han caído en el individualismo y, por derivación, el consumismo, el culto por la tecnología, que los absorbe; la carencia de algunos valores y principios básicos como la honradez y el respeto, la lucha empecinada por surgir a toda costa, no importando los medios, etc. Reconocíamos, eso sí, en las nuevas generaciones su amplitud de mente, “open mind” como dicen ahora, distinta a la nuestra; la naturalidad en las relaciones amorosas, la caída de clichés, que en la nuestra nos enjaulaba; la indiferencia por “el qué dirán”, una charla prácticamente sin filtros y, por consiguiente, un abundante manantial de  groserías y gestos manuales. Incluso no hallamos las típicas trancas de nuestro tiempo.

En todo esto, por supuesto, hay lados buenos y malos. Como en todo orden de cosas. Los de aquella época nos miramos y concluíamos que, en el fondo, éramos buenos muchachos/as, con las debidas excepciones, porque no hay que ocultar las manchas negras en la sábana blanca. Nada es perfecto en la vida. ¿Es así o le “estamos poniendo mucho”?

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020