CANSADO DEL MUNDO Y DE MIS PECADOS

¿Creerán ustedes que esa frase, que da  título a esta crónica, pertenece a un filósofo y matemático inglés, autor, sí, autor  de “La Conquista de la Felicidad”, Premio Nobel de Literatura 1950 por añadidura e   ícono de los primeros hippies? No, ¿cierto? Cuesta asimilarlo. Sin embargo, era el himno favorito de Bertrand Russell, la persona que nos preocupa hoy. Fue pacifista y contrario a normas sociales. Revisando alguno de sus textos nos detuvimos en el ejemplar referido, título que según Alone, el Gran Crítico Literario de Chile, “a unos atraerá y a otros inspirará cierta desconfianza”. Sin duda alguna. El ser humano en la tierra posee como norte de su existencia la “conquista de la felicidad”. Pero tranquilos, no nos inmovilizaremos ni ahondaremos en el texto. Solo nos interesa como un breve preámbulo a ciertas reflexiones que abundan en nuestra mente respecto de la manida felicidad humana y lo paradojal que resulta el título de una obra al compararla con el sentir de su autor. Desde luego, dudamos que exista la felicidad. Es una palabra muy ancha, casi sin limites, como el universo. Por más que la buscamos, no se halla. Lo que sí encontramos son trozos, manchas, momentos, situaciones que emocionan, hacen latir el corazón y segregan serotoninas a granel, lo cual nos hace sentirnos plenos y, por consiguiente, felices. Pero no nos vengan con esos estados perennes de complacencia que no disminuyen con los años o que son parte integrante del ser. La vida en pareja, entre otros, sirve para bosquejar esta realidad. La felicidad es un mito. A lo más, para no parecer tan crudos, aceptaríamos las lógicas excepciones. Porque debieran existir. ¡Cómo todo va a ser tan nefasto!. Ahora, es muy difícil precisar el estado de felicidad. Lo que para unos es sublime, para otros es mascar estopa. Unos son felices con poco, los demás con mucho. La ansiedad por conseguir poder, dinero y placer se encuentra entre las máximas aspiraciones de gozo. Sin embargo, al conseguirlo, no logran capturar la estrella. Solo agarran una chiquita.  Continúan mirado al cielo. Cuando estás arriba de los demás, suponiendo que eres una persona contenta, debes cuidar el sitio, manjar predilecto de los millones que aspiran a lograrlo, para no perderlo…y ser infeliz.  En eso se va la vida y la presunta felicidad. Es un botón de muestra. Continuaremos con esto algún día.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019