CARLOS CONDELL, OTRO MARINO INJUSTAMENTE OLVIDADO

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Por Arturo Flores Pinochet

Con la debida reverencia a Arturo Prat y su gesta grandiosa, tenemos a Thomas Cochrane, Carlos Condell y Juan José Latorre como los tres grandes marinos de la historia naval de Chile. Lo son, primordialmente, porque fueron vencedores en sus confrontaciones bélicas (que es lo importante) y porque, en el caso de Cochrane y Condell, fueron capaces de sacudirse un poco la estructura militar y acudieron a la fuerza interior, a la creatividad, al cambio de planes sobre la marcha. Todos son valientes, arriesgados, con gran visión estratégica y táctica.

Pero no sigamos. Los resultados y estadísticas están ahí para demostrarlo.

Hoy nos preocupa Carlos Condell, un marino injustamente olvidado a la hora de los homenajes, oscurecido, sin duda, por el martirio de Prat. De esta manera, todos los 21 de mayo continúa celebrándose al mártir y su epopeya, ésta última incuestionable desde cualquier punto de vista, y se olvida sistemáticamente la hazaña de Condell con su goleta Covadonga, en el combate de Punta Gruesa.

Benjamín Subercaseaux, escritor chileno, Premio Nacional de Literatura, en su libro “Tierra de Océano” manifestaba su extrañeza al ver el sitial en que la historia había depositado al héroe de Punta Gruesa. No lo entendía, más aun si aquello se trató de una victoria sobre el buque más poderoso de la armada peruana y que contribuyó a dejarla en solo un 50% de su capacidad. Refiriéndose a las victorias chilenas sobre Perú: “pero ninguna de ellas obtuvo un resultado material mayor con medios tan mínimos, ni pudieron vanagloriarse aquéllos de haber obtenido esos resultados por el simple juego de la táctica, unida a la pericia náutica.¿Por qué nadie lo ha querido ver? Porqué este héroe ocupa un papel tan opaco en nuestra historia, privado como está, hasta del honor de un monumento”. (Nota del autor: escrito hace muchos años, 1946. Hoy hay monumentos).

Nunca pudo entenderlo.

Tampoco lo entienden quienes estudian la historia y se encuentran con este caso. Cuesta concebir como no se dimensionó su trayectoria en general, pero, principalmente, el combate en comento. Condell, como decíamos, no era muy amigo de la disciplina estricta. Gustaba, como Cochrane, de la libertad marítima y en eso era osado, atrevido, valiente, con riesgo de su vida. Lo demostró en el citado combate, de pie, dirigiendo las maniobras, sin importarles las balas enemigas. Lo exhibió también en la toma del Morro de Arica. Hay una anécdota que demuestra este apunte: “En estos ataques, demostró siempre un valor temerario. En uno de ellos, el 10 de mayo de 1880, (comandando el Huáscar) se acercó a tierra tres mil metros, contrariando las instrucciones que tenía y allí bombardeó la plaza y recibió los fuegos concentrados del enemigo. Su buque recibió tres disparos sobre la línea de flotación. La fragata blindada Blanco Encalada le preguntó por señales: « ¿Tiene novedad?» — «Sí, me estoy yendo a pique», contestó. Alarmado, el almirante ordenó que fueran los buzos y llamó al comandante del Huáscar, quien llegó alegre y comunicativo con todos. Cuando el almirante le llamó la atención a la señal repetida que le hizo su buque, le contestó: «Cuando estoy al frente del enemigo, poco me ocupo de los amigos». (Wikipedia)

Era un rasgo característico de su personalidad.

Su paso por la Armada Chilena es decoroso: “Como militar, permaneció en la Armada de Chile entre 1858 y 1887, periodo en el que participó en las guerras contra España (1865-1866) ―donde intervino en los combates navales de Papudo y de Abtao― y del Pacífico (1879-1883) ―donde comandó la goleta Covadonga en el combate naval de Punta Gruesa, la cañonera Magallanes en el desembarco y combate de Pisagua, en el bloqueo de Arica y el monitor Huáscar en el Callao. ”(Wikipedia).

EL COMBATE DE PUNTA GRUESA

¿Qué ocurrió en El Otro Combate Naval en Iquique, el que las historias y la educación no resaltan y ha pasado inadvertido para el común de los chilenos?

Carlos Condell, al mando de la Covadonga, pequeñísima en todo sentido si la comparamos con La Independencia, se escurrió bordeando la costa de Iquique, rumbo al sur. Por velocidad, no las tenía todas consigo y era un hecho que el inmenso barco peruano la alcanzaría. Condell, con mucha visión táctica y estratégica, frente al mayor calado de los peruanos (6,62 metros contra 3,35 metros), se fue acercando a los bajíos de Punta Gruesa. Los peruanos quisieron espolonear tres veces a la pequeña nave, pero debían refrenarse por las rocas que rasmillaban su quilla. En medio del frenesí, los marinos chilenos, desde las cofas, disparaban a los sirvientes del cañón de proa, impidiendo usarlo. No tuvo mucha paciencia Guillermo Moore, el capitán del buque enemigo y cansado de la inútil carrera, decidió embestir con todo a la nao chilena. Condell, que sintió cómo su nave rozaba las rocas, cuando lo vio venir empenachado y brioso, exclamó:

– ¡Aquí se fregaron!

La Independencia terminó por encallar en un enorme roquerío, que no se veía, levantándose y tumbándose de estribor. Quedó inmovilizada. La Covadonga, que a todo esto, “rengueaba” por un cañonazo del Huáscar (mató al cirujano Videla y a un marino) que la atravesó de lado a lado, volvió sobre la misma y “al pasar por el frente le metimos dos balas de cañón de a 70 que ellos nos contestaron con tres tiros sin tocarnos.” (Parte de Carlos Condell) . Moore le pidió un bote el cual no fue enviado porque a lo lejos se divisaban los humos del Huáscar que venía a auxiliar a su compañero. Por ello, emprendió nuevamente la navegación al sur, haciendo esfuerzos inauditos por evitar que entrara el agua por el forado. Era cuestión de tiempo que el monitor incaico le diera caza, derrotándolo, pero el tiempo transcurrido, la detención para atender a los náufragos y una mala información sobre el andar de la goleta, la salvó.

Brillante victoria la de Punta Gruesa, impensada, fruto de la imaginación, del riesgo y del atrevimiento.

Pero, ya sabemos, eso no lo cuentan ni lo ensalzan.

2020