CHILE: OTRA VEZ FRACTURADO¿ O FUE SIEMPRE ASÍ?

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A la luz de los acontecimientos nacionales surgidos en octubre de 2019 y conocidos las miles de reflexiones y argumentos que tratan de explicar el sentido de aquello, el hombre común tiende a pensar sobre el tema, aplaudiendo o denostando, pero naciéndole la inquietud de si esta crisis es nueva o ha sido siempre así. Si revisamos la historia podemos concluir que siempre hubo dos bandos en pugna en el desarrollo de la nación: izquierda y derecha. Con otros nombres y títulos, pero la fisura es la misma. En la revolución del 91, por ejemplo,  murieron compatriotas en mayor número que la Guerra del Pacífico, lo que da una pauta de la diferencia horrible que existía. En el 73 se produjo, pensamos, la división definitiva en Chile: allendistas y pinochetistas, derecha e izquierda, inclaudicables en sus ideologías, intolerantes en sus propósitos, descalificadores, agresivos, violentos, con una odiosidad que no se condice con las religiones cristianas que son mayoría en el país. Nombramos las religiones porque ellas, supuestamente, están destinadas a fomentar la paz y el amor entre los seres humanos, son una especie de reserva moral frente a las “debilidades humanas” y la mayoría de los contendientes…  profesan una fe religiosa. Al parecer, como la política, fracasaron rotundamente y también se plegaron a esta ruptura nacional. O sea, no quedan límites para evitar que el chileno  se sobrepase. Entonces, el resultado es obvio: la irrupción de la violencia, la justificación que “para hacer tortillas hay que romper huevos” y la premisa que “no importan los medios, sino los fines” importa más que cualquier razonamiento lógico. Esto se ha internalizado en el imaginario popular y se excusan, entonces, todas las muestras de violencia, saqueos, muertes, heridos, ambiente hostil, siendo el miedo generalizado la mayor consecuencia. Así estamos. Todos apoyan la causa “no más abusos”. Perfecto. Solo un enfermo mental o alguien que no tiene otro Dios más que el Dinero, podría pensar distinto. Sin embargo, la cuestión perdió su foco, hubo grupos específicos, ideologizados, que no condenaron la violencia, la apoyaron y mucho tememos que se aprovecharon de la apoliticidad e ignorancia ideológica de la juventud, de su generosidad e idealismo, para utilizarlos en un camino distinto al primigenio. Ese es el problema que vemos a futuro: siendo la idea buena, al final vamos a caer en las manos de los mismos que durante años han profitado del poder. Si lo duda, compruebe quiénes son los que están detrás del cambio de la Constitución y de la Asamblea Constituyente. ¿No le parecen caras conocidas? He ahí un punto que obliga a reflexionar. Es una arista que muchos, por el apasionamiento y ceguera, no han detectado. Lo único cierto  es que Chile se muestra como un país fracturado y donde el diálogo para lograr acuerdos es una fantasía.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020