CHILE, PAIS DE CRITICONES

descarga (1)

Criticar en este país, como envidiar, es una de las sólidas características que dibujan a muchos chilenos. En verdad, parece un deporte nacional. Cuesta hallar personas que sean equilibradas, que se midan en sus palabras, que no encuentren todo mal, que no se quejen, que tiendan a vivir en paz, que evitan el chisme. Que las hay, Garay, las hay, pero hay que buscarlas con linternas. En general, el chileno critica todo, desde el gobierno hasta el feriante que le vende verduras. No se escapa nada. Despotrican que todo es malo, nada es benigno. Todo se hace mal. No hay profesionalismo, ni cuidado ni responsabilidad. Todo está podrido, malo, sin ninguna salida. En política es más abundante el cúmulo de detracciones, pero en la vida real no le van en saga. Cualquier cosa, aun pequeña, es motivo de rabia, gritos, objeciones. Razones para esta actitud tan manifiesta las hay. Hoy el mundo está muy cambiado, impera la violencia en todas sus formas, el consumismo nos” consume”, nunca hay dinero para nada, aunque los restaurantes pasan llenos. Pero recordemos que, haciendo un “racconto”, cuando aún la tecnología no imperaba sin contendores y cuando las épocas eran más quedas, porque había menos gente, también en esos tiempos el compatriota era adicto a reprocharlo todo, en especial, la política. O sea, es un gen que  traemos desde el nacimiento. ¿Se sienten importantes al objetar, les permite llamar la atención y concentrar las miradas? ¿Se creen dominados por un mandato divino o columbran que su sabiduría en todas las materias es incontrarrestables? Al parecer por ahí va la senda por la que transitan. Ah, en todo, caso, no admiten ignorancia en nada.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020