CHISMORREO

¿Te has fijado que  cualquier conversación  comienza un tanto seria, esperado entibiar el ambiente con alguna broma para poder llevarla por rumbos más interesantes? Es lógico. Sería raro que todo funcione de inmediato. Hay que calentar la tetera para que hierva. Aparte del tiempo, que es una cuña que todos meten para enhebrar la conversa, pronto se tocan temas de la realidad nacional, sin profundizar, desde luego, porque son pocos los que están al tanto. Sin embargo, la cosa se pone entretenida, caliente, vivaz, dinámica cuando alguien dice: Supieron la última. ¿Cuál? decimos. Miguel le está “poniendo el gorro” a Isabel. (“Miguel e Isabel perdieron su amor” ¿recuerda esa canción antigua?)Noooo, expresan todos, abriendo los ojos y poniendo disciplinada   atención a lo que viene enseguida…..Eso pasa siempre y el 99% de la charla entre los habitantes de una ciudad se circunscriben a “pelar” con entusiasmo a los ausentes, inventando un poco para que todos presten más atención y así, el que cuenta, concentra el interés, se convierte en mesa de centro y, paradojalmente, es feliz por un momento, aunque el tema sea el despellejamiento de los otros. Fíjate que una vez, preguntando por esa manía que tiene el chileno sobre su “preocupación” por el resto, alguien nos respondió “es que es tan entretenido “pelar”, el tiempo se va rápido y llegamos  a casa con puras copuchas que le contamos al marido, el cual, casi siempre, no le interesa, porque el “menso” está preocupado de la política, del partido de fútbol, del asado con los amigos…Así que ligerito llamamos a la otra amiga para contarle “la última”. ¿Por qué se ríe amigo, no me diga que la suya le cuenta todo y usted “se hace el cucho nomás”. Ya, bebamos otra cerveza y le contaré una que está “calentita”.

ARTURO FLORES PINOCHET, escritor, 2019