COMBATE DE ANGAMOS, omisión inaceptable

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Jorge Arturo Flores

Las numerosas historias e historiografías chilenas tejidas en torno a los fastos bélicos en los cuales se vio involucrado nuestro país, específicamente  la Guerra del Pacifico, tienen una deuda enorme con sus connacionales al administrar sesgadamente sus miradas en torno a hechos bien específicos. En otras palabras, existió una verdadera manipulación emocional al erigir en cimas insostenibles a personajes que, en verdad, no debieron levantarse más que algunos centímetros del suelo, en cuanto a méritos, y, contrario sensu, minimizaron, con el riesgo de olvidarlo en sombríos desvanes, a personajes que le dieron honor y gloria a nuestra patria.

Tienen allí una deuda imperecedera.

Como todo juicio crítico debe contar con  respaldo y  repuesta, citemos algunos  hechos que hemos mencionado en nuestras crónicas relativas a los mitos y olvidos históricos: Miguel Grau y su aparente heroicidad, el duelo de Punta Gruesa, con Carlos Condell como protagonista emérito; la batalla de Sángrar en la sierra peruana, el combate de Punta de Los Ángeles en Moquegua, entre otros, pero especialmente el que hoy nos preocupa, el combate Naval de Angamos.

¿Se recuerda este último con prontitud?, ¿Es mencionado a menudo como un hito importante en la victoria chilena sobre los peruanos?,  ¿Tiene la misma connotación que la jornada de Iquique con Prat y Grau como  cimas históricas?, ¿Hay homenajes como los tributados a Prat en las conmemoraciones?.

Por supuesto que no.

Como el choque de Punta Gruesa, el de Angamos también es el pariente pobre de la historia marítima de Chile.

Sin embargo, al contrario de Iquique, ambos representan las mayores victorias navales de nuestro país, tanto que constituyen la definitiva victoria de Chile sobre el poderío del enemigo.

No es una faceta despreciable.

¿Por qué lo olvidan, entonces,  nuestros sapientísimos historiadores, por qué  lo relegan a los rincones oscuros del olvido, por qué no le dan la relevancia que incuestionablemente posee?. ¿Qué les ocurrió en el camino que  torcieron el rumbo, en qué pensaron cuando escribieron sus relatos?. ¿Qué fue lo que prevaleció en suma?.

Sabemos que las historias nunca serán imparciales, independientes y objetivas. Es imposible que lo sean.

Pero al menos podrían ser más decorosas.

EL COMBATE DE ANGAMOS O UNA VICTORIA TRASCENDENTE

Un 8 de octubre de 1879 se enfrentaron en Punta de Angamos el Huáscar con el Cochrane. Al mando de ambas naves  dos viejos conocidos: Miguel Grau y Juan José Latorre. Se habían encontrado en condiciones distintas en Iquique y Antofagasta. Latorre al mando de la  cañonera Magallanes y Grau en su blindado. Nunca pudo Grau vencerlo. Ahora la situación era diferente. Latorre comandaba el  Cochrane y de inmediato la diferencia se notó.

Lato seria explicar la trampa que le tendieron los chilenos al Huáscar y a La Unión. Esta última huyó despavorida al norte perseguida por el transporte Loa, si, un transporte, y la corbeta O’Higgins, de escaso andar. El Loa logró alcanzarla, pero como de nave bélica no tenía nada, tuvo que abandonar la caza. La Unión ni siquiera intentó enfrentarla. Un manchón negro en la historia naval de Perú. Incluso hay una carta de un oficial peruano del navío que escribió con rabia, con pena, con vergüenza, el abandono de La Unión a su compañero de mares: “Huímos vergonzamente del teatro del combate, y para mayor ignominia, perseguidos por una corbeta primero y después por un transporte que nos desafió haciendo fuego y presentando su costado en más de cuatro veces de las 10 horas que duró nuestra huída. (Carta de un oficial de la Unión)”.(Wikipedia)

Pues bien. Hétenos aquí al Huáscar escabulléndose hacia el norte, perseguido por el Cochrane. Mientras lo hace, dispara dos veces a la nave chilena sin resultados prácticos. Latorre no respondió y se acercó. El trayecto se acorta.A  una distancia de 200 metros, el Cochrane abre fuegos con sus cañones de proa y centro de estribor. Uno de estos disparos impactó en el castillo de proa del Huáscar arrojando el mascarón de proa al mar. A las 9:50 se producen los tiros más certeros del Cochrane. Una granada perforó el costado de babor, sobre la línea de flotación, explotando y dejando fuera de combate a 12 hombres los cuales operaban los manubrios para ronzar la torre de artillería. Otra granada perforó el blindaje sobre la línea de flotación en el mismo costado rompiendo el guardín de babor de la rueda del timón de combate. Sin gobierno, el Huáscar vira a estribor. A las 10:00, una granada impactó en la esquina superior derecha de la torre de mando, atravesó su blindaje y explotó, matando al contraalmirante Miguel Grau Seminario”.(Wikipedia). 

Si bien la nave peruano intentó resistir, incluso hay una tentativa de espolonear a la nao chilena, la eficacia de los marinos chilenos fue superior y se rindió, no antes de  abrir válvulas para hundir la embarcación, algo que ni Prat, en su desmejorada situación,  intentó. Después llegó el Blanco y la Covadonga. Esta,  que tenía cuentas pendientes, aprovechó de aportar con un cañonazo.

Y se acabó la refriega.

Benjamín Subercaseaux en su formidable libro “Tierra de Océano” tilda esta confrontación como más importante que otras, pero fácil. A buen entendedor…

El peruano común y ciertas historias peruanas,  le encajan el mote de Héroe de Angamos a Grau. Busque el sorprendido lector en esta batalla el mérito con que se  viste al peruano y, la verdad sea dicha, nunca lo encontrará, porque no  hay .

CONCLUYAMOS

Juan José Latorre al mando del Cochrane derrumbó el poder naval del Perú. Con ello, Chile se adueñó del predominio marítimo y fue el inicio de la victoria final que lo llevó por segunda vez a Lima, venciendo inapelablemente al socio de Bolivia, quien, como “buen” patner, había  abandonado a su suerte a los incaicos, refugiándose en las alturas.

Algo parecido a La Unión con el Huáscar.

Inmensa victoria de Latorre, sin duda, concluyente muestra de su inteligencia, destreza náutica, estratégica y táctica. Modelo de  marino brillante y sobresaliente en la Amada Chilena que, sin embargo, es opacado increíblemente por el mártir de Iquique.

Acá no cuenta, parece, los resultados positivos, sino las derrotas morales.

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