CONCIENCIA ECOLÓGICA

Hace años, muchos años, todos los productos consumidos por el ser humano provenían  del cartón, papel, madera o vidrio. Por consiguiente, nunca hubo problema con la basura y con el reciclaje. Prácticamente todo natural. Pero el anhelado progreso, esa locura innata por subir más y más en la escala del desarrollo, obligaron a los genios a cambiar las cosas naturales  por artificiales. Más baratas, más cómodas, fáciles de obtener. El salitre chileno, por ejemplo,  que se vendía como oro, perdió pie con el surgimiento del salitre artificial. Los químicos, los derivados del petróleo, y, en consecuencia, la aparición del sacrosanto plástico, cambiaron el rumbo del planeta y nos sumergimos en un caos total respecto a lo residuos. Eso no se reciclaba y dañaba el ambiente. Hasta hoy. Luego llegaron los electrodomésticos, los computadores, celulares y todo aquello que nos rodea actualmente. Otra hornada de basura plástica y química, con reciclajes muy difíciles. La Tierra se hunde en ese mar de material no reciclado. Cada día, cada minuto. Como aquello no puede continuar, porque terminarán extinguiéndonos, los países acuerdan tratados y adoptan medidas, especialmente con la basura y el plástico que todo lo invade. Resultado: prohibiciones de utilizarlo en las bolsas. Es el primero de otros pasos, porque nuestra actividad está rodeada de polímero en todas sus márgenes: comida, remedios, ropa “y de un cuantay”. Y aquí surge el meollo de este comento. Se ha creado conciencia ecológica, lo cual es bueno y lógico, pero abundan los tarados que no hacen caso y botan y botan plástico a ríos, lagos y mares, contaminando todo, matando animales, extinguiendo la natura. Todavía hay imbéciles que botan basura al suelo. Aún hay descerebrados que dan  comida chatarra a sus hijos, fomentando la obesidad en el planeta. Nadie le pone el cascabel al gato y se nota una indiferencia, una apatía, una despreocupación por estos temas realmente preocupante, con muy pocas excepciones. ¿Ignorancia? ¿Premeditación? ¡Loados aquellos que se han agrupado en torno a grupos ecológicos y realmente protestan contra la suciedad química! De ellos será el Reino de los Cielos, si es que éste existe. De a poco crean conciencia, trabajan y hay resultados. Pero falta mucho. Dado este avance incontenible, algunos ya están colocando límites a la vida en la Tierra, dando a entender que el apocalipsis llega. Ojalá, cuando acontezca la catástrofe,  puedan huir los  descendientes de nuestros descendientes a otros planetas, aunque tampoco  descartamos, dada nuestra admirable inclinación al mal, que en aquel éxodo sean acompañados con todas las barbaridades que explosionaron al planeta Tierra.

ARTURO FLORES PINOCHET, escritor 2019