¿CREE EN LOS OVNIS?

Es un tema manido y popular. La mayoría de las personas, de distintas edades y clases  sociales, con educación o sin ella, afirman categóricamente que les parece evidente la aparición de los OVNIS, o sea, platillos voladores que transportan  seres de otras constelaciones  o galaxias. La idea que nuestro planeta, muy bonito desde afuera, pero bien a mal traer en su  interior, sea el único en el universo infinito, es una imagen que no tiene cabida en sus mentes. Imposible que seamos los únicos habitantes del cosmos. Sería, además de aburrido, catastrófico. A su vez, hay personas que no creen, también categóricamente, en los Ovnis. Preguntamos por qué. Por una sencilla razón nos indican: no los hemos visto nunca. Mientras no los veamos ni tengamos comprobación científica, no creemos en ellos. Tan simple. Muchos recordarán el “Ver para Creer” del apóstol  Tomas (y no Santo Tomas de Aquino). Y no les falta razón. La Tierra, que es nuestro hogar, se maneja por medio de los cinco sentidos, donde el “ver” es, tal vez,  el más importante ya que nos permite observar alrededor. De lo contrario seríamos ciegos. Pero hay gente que sí los ha divisado, añadimos como prueba fehaciente. ¡Allá ellos!, responden los escépticos, ¡es su problema! No lo hemos visto, no creemos en ellos. ¿Igual que Dios, insistimos? Igual que Dios, por supuesto. Nadie lo ha visto ni percibido. Y lanzan una serie de razonamientos bastante lógicos. Contra eso no conviene insistir. No quisimos hablarles de la presencia del átomo, que está, pero no se ve, sólo al través de instrumentos específicos, lo cual no es la idea. Ahora bien, el hecho de aceptar la presencia de seres de otros planetas no debiera ser tan descabellado. Basta mirar una noche de luna llena lo inconmensurable que es el universo oscuro con sus millones de estrellas titilando. ¡Y lo pequeño que nos vemos frente a tanta maravilla!. Resulta privativo de soberbios especular que somos los únicos en este mundo, que a los creadores les dio el seso solamente para inventar una sola especie. No, no, cuesta creerlo. Como cuesta creerlo, pensamos que sí hay vida al interior del cosmos, es decir, fuera de la Vía Láctea, que está a un “paso”, sino  lejos, en la oscuridad del universo, donde ningún humano ha llegado. Allá está el misterio. Parecida o no a la raza nuestra, con  similares trazas humanas, seres de energía, en otras dimensiones que no capturamos, vaya a saber usted. Puede ser, lo que sea, pero no estamos solos en el espacio. Entonces nos preguntan, ¿por qué no se hacen ver? ¡Pero si lo hemos visto! ¡Existen! gritarán al unísono los que efectivamente los divisaron. ¡Para qué tanto atado! agregarán. Otros expresarán que están aquí y gobiernan el planeta de una forma incógnita, acelerando el proceso de desarrollo para poder equipararnos con las otras civilizaciones. Razonamiento válido. Las religiones están en ascuas porque se va al tacho de la basura su mitología deísta, aparte que el negocio se le va a la cresta. Las elites económicas, por otra parte,  no están muy de acuerdo porque se les acaba la fuente de riqueza, aunque soñarán con que la idea mercantilista no sea abolida. Para qué decir los políticos. Su tarea en una civilización desarrollada no tendría objeto. En fin, a muchos  no les agrada la idea y  a otros sí les gusta. Personalmente hallamos lógica la afirmación que no estamos solos en el cosmos y lo único que soñamos es encontrarnos algún día, en esta vida o en la otra, lo mismo da, con alguna extraterrestre de belleza superior que tenga la bondad de fijarse en este humilde terrícola. Sería un encuentro cercano de tipo Mmmm…apasionado. Total, soñar es gratis y no paga impuesto.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019