CUATRO GRANDES EN LA POESIA CHILENA DURANTE EL SIGLO VEINTE

PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN, SALVO QUE SE MENCIONE AL AUTOR Y LA FUENTE.

Por Jorge Arturo Flores

Pueden ser más, sin duda, cuatro, cinco o seis los grandes poetas que ha tenido Chile en su historia literaria. Meritos poseen, pero la mirada es siempre subjetiva, no puede omitirse en las clasificaciones el gusto personal y es lo que a la larga predomina. No se nos oculta que también hay que buscar cierta ecuanimidad, alguna independencia, algo que no aparezca tan tajante y discriminador.  

Acaso.                                                                                            

Pero en estas materias, aunque existan estudiosos que hacen prevalecer una supuesta imparcialidad, una aparente libertad, un pretencioso afán de carácter científico, persistimos en la idea que, en materias artísticas, la voz cantante la lleva el gusto personal, el “me gusta o no me gusta”.

No se sale de ahí.

                                                                                                                   

VISIÓN PERSONAL DE CUATRO GRANDES DE LA POESÍA CHILE

Hemos suprimido adrede el articulo “Los”, como no lo hizo Alone en su libro “Los Cuatro Grandes de la Literatura Chile”, porque no se puede ser tan categórico y suena a soberbia. Pero sí los hemos dividido, buscando alguna justicia: de esta forma hay Cuatro grandes en poesía, novela, cuento, ensayo y crítica literarias. El número Cuatro podría prestarse para discusiones, pero va, con seguridad, por aquello de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, los Cuatro Puntos Cardinales, los Cuatro Evangelistas, etc.

Los iremos desglosando en próximas crónicas.

Hoy nos interesan los poetas.

Hay dos que están por obligación, por historia, por arte, por instalarse en la pirámide de la poemática nacional: Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Son paraderos obligados en cualquier historia o punto de apoyo. No por nada son Premios Nobeles y eso ya los convierte en inmortales y visitas forzadas.

Respecto a su obra, como en todo orden cosas, hay disensos y consensos. A Pablo Neruda se le distingue por sus libro Veinte poema de amor y una canción desesperada, Alturas de Machu Pichu y Residencia en la Tierra. Esta última es la que provoca mayor acuerdo. Los que gustan de la política contingente, atendido el hecho que Neruda militó en las filas comunistas, aceptarán a fardo cerrado toda la poesía, la defenderán con dientes y muelas y no tolerarán detractores.

La cuestión funciona así en estos campos.

Menos popular y, en su tiempo, poco estudiada, fue la tarea de Gabriela Mistral. Algo pasó allí que no fue reconocida a tiempo. Más popularidad y aplauso obtuvo antes en el extranjero que en su país. Incluso después del Nobel, le dieron el Premio Nacional y no  tuvo el Municipal. Aunque en materia de galardones, preciso es decirlo, Gabriela Mistral no fue muy prolífica en obtenerlos, al contrario de otros. Su primer libro Desolación, contiene Los Sonetos de la Muerte, que a nuestro juicio son imperecederos y no tuvieron posteriormente la misma fibra. Después incursionó en otros temas, pero nunca logró tensar la cuerda como con los Sonetos, salvo con sus rondas, que son notables. Cuestión de gusto sin duda. Porque otros prefieren Lagar, Tala, Ternura, Poema de Chile, etc., donde surge su faceta  ríspida, dura, cortada como acantilado, pétrea como la cordillera, asunto por lo demás que no es un defecto, sino es parte de su esencia.

El tercer Grande en esta visión personal es Vicente Huidobro.

Es inevitable hablar de su situación social y cómo, desde esa perspectiva, el común no creyó que tuviera talento y sólo lo ubicaban por las “gracias” poéticas que realizó.

Es lo mítico.

Porque, en verdad, Huidobro es un gran poeta. Fecundo, vanguardista, con un carácter poético que en su tiempo rompió moldes, atrajo la atención en el extranjero, hizo sonreír a sus connacionales y dejó una creación notable en su singularidad. Lo han catalogado como el líder de la corriente  El Creacionismo. Y lo fue, a pesar de muchos. Pero aun así, sus compatriotas, sus colegas, no lo apreciaron en su trabajo artístico. No le creyeron seguramente  o simplemente no lo entendieron.

Cuesta a veces concebir el cambio.

Años después de su muerte, pero un buen tiempo después, al igual que Gabriela Mistral surgieron Fundaciones con su nombre, estudios académicos, en fin, se le hizo justicia.

No es del gusto popular, como Neruda o Parra o Teillier, tal vez Rojas, pero no puede omitirse su presencia consular en la literatura chilena.

El último Grande es realmente Grande.

Nicanor Parra, al igual que sus antecesores, removió el ambiente artístico de Chile, insufló un nuevo aire en la poesía, refrescó ciertamente la aridez, el tremendismo, la inmensidad líquida de los otros. Es distinto y ha tenido la facultad, el mérito, el talento de permanecer con fuerza en el imaginario popular.

No ha desteñido con el tiempo.

Todavía, a los 99 años (2013), continúa trabajando e investigando nuevas formas poéticas. Trabaja y lee. Posee aun la maravillosa curiosidad por lo que ocurre en su entorno, la conversación de los niños, los que dice el común. Persiste en su lectura de Shakespeare y posee gran obra inédita. Su poesía abarca un sinnúmero de temas, es profunda, pese a su aparente prosaísmo o liviandad. Interpreta el alma popular del chileno. Interpela a los poderes fácticos, a la natura, hasta Dios surge en sus trabajos, pese a no ser precisamente religioso. Aunque les pese a sus detractores, obliga a leerlo, a gustarlo, a ensalzarlo. Tiene un inmenso talento que lo ha derramado con acierto. Pero posee otra singularidad, absolutamente extraña entre los artistas: no se cree el cuento de divo ni maestro ni grande. Es humilde. Hace su pega y listo. No busca la parafernalia y en vida ha dado muy pocas entrevistas, como asimismo, cuesta obligarlo a que publique y cada edición de sus trabajos ha sido merced al incansable esfuerzos de sus familiares y muy cercanos. Eso ha hecho, en el aspecto más bien social, que su figura se agigante día a día, que sea imagen de admiración por los jóvenes, asunto harto difícil, dada la “difícil juventud”; que haya calado profundamente en el alma nacional y sea, quizás, el más popular de los poetas chilenos, lo cual, como se dice hoy, ”no es menor”.

 Es el jefe de la Antipoesía.

Y ello provocó que su popularidad creciera como la espuma, repetimos,  entre la juventud especialmente que lo encumbra como icono. Atrajo lectores ávidos de leer una poesía distinta por su habla, tema y cercanía emocional. Es el lenguaje de la tribu. Pero hay mucho más sobre Nicanor Parra. Ha sido profeta en su tierra. Le han dedicado innumerables estudios a su antipoesía. Posee una gran popularidad en el extranjero. Se le estudia con especial fervor. Fue nominado tres veces al Premio Nobel de Literatura, dato “no menor” y ha obtenido gran cantidad de galardones por su afán creativo. Es un vate que no se contentó con sacar agua del mismo pozo, sino se empecinó en buscar nuevas formas de hacer arte.

Eso lo distancia del resto de los bardos criollos.  

BREVE CONCLUSION

Sumando y restando, los cuatro poetas que hemos citado como Grandes concentran mayoritariamente los afectos nacionales. Hay otros. Claro. Muchos más. Recordemos que Chile fue alguna vez catalogado como País de Poetas, antes de ser país de historiadores. Por lo que ello podría provocar en los admiradores de los omitidos alguna sensación de incomodidad, disconformismo o abiertamente contrariedad. Hay que decirlo. En estos campos la epidermis literaria siempre ha sido muy delicada. Y se cuentan por miles los que posan, pasan o créense dueños de la Verdad Absoluta, más aún en estas materias, donde convergen varias disciplinas, no estando ausente, por ejemplo la política, la religión y las clases sociales.

Es inevitable.

Pero las clasificaciones son así: intolerantes, discriminadoras, injustas. Jamás concitan la unanimidad y siempre provocan resquemores eternos.

Podríamos citar a Jorge Teillier, Gonzalo Rojas, Pablo de Rokha, por ser los más nombrados en una lista inmediata, pero no los trajimos.

¡Que hacerle!. Las predilecciones tienen razones que la razón no entiende.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s