¡CUIDADO CON HABLAR EN PÚBLICO SOBRE …!

 

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Sin duda, Chile se ha remecido últimamente y ha visto como muchas situaciones que por años parecían lógicas, hoy han perdido esa legitimidad. Es una revolución de lenguaje y actitudes que no solo enciende nuestro país, sino hace rato se dilata por el globo terráqueo. Tiene que ver con el surgimiento de movimientos sexistas, feministas, homosexuales, como asimismo, el fin de las ideologías políticas o el descalabro de las religiones o el descubrimiento de las maniobras del poder económico que manipula al planeta. Al parecer, en nuestros tiempos, por efectos del poderío político-militar-económico-religioso, la vida se desenvolvía aparentemente tranquila. En cambio hoy nadie tolera nada. Por cualquier cosa se incendia la pradera y la violencia verbal y física es lo recurrente. Las razones muchas veces no importan, sino es el sometimiento a consignas lo que vale. Vaya a expresar su posición respecto a que no le agrada, por ejemplo, las feministas y los homosexuales. Se le viene el mundo encima. Hágase el lindo y piropee a una mujer. Lo tildarán de inmediato de misógino, machista, abusador, “onvre”. Defienda al gobierno de turno y tendrá una turba de apopléticos opositores hundiéndolo en el fango. Levante la voz o el dedo, no esté conforme o se oponga a lo general y verá como las descalificaciones caen sobre su cabeza con estrépito. En suma, quédese callado. No se aceptan opiniones divergentes. Todo debe ir en un solo camino intolerante, discriminador, violento. Si habla de democracia, derechos y deberes, lo cuelgan en la plaza pública. Lo tildan de  ingenuo, hasta retrógrado. Miren que hablar tamañas huevadas. Y así continúa la marcha.  Chilito partido en dos. En algunas ciudades aun no inflama el fuego o se mantienen equilibrados. En las grandes urbes la violencia sin límite es la que se impone. Es lo que podríamos llamar el primer pie de cueca. El segundo tiene que ver con la causa principal que impulsó todo esto. Los abusos.  Los vilipendiados políticos, callados durante la crisis social, han retomado nuevamente sus puestos de privilegio y opinan con desenfado, con un carepalismo que es digno de una película. Son los grandes culpables sin castigo.  Despotrican contra todos y entre ellos. Acusan y son acusados. Apuntan con el dedo. Muy al tanto con la moda violenta. No tienden puentes de concordia, sino los  incendian. Por eso, y por muchas otras cosas, los chilenos están violentos, estresados, furiosos, amargos, duros, groseros, agresivos, aparentemente sin ideologías ni religiones, formando un compacto grupo que cada día se empodera y hace temblar la estantería política, económica, militar, periodística y religiosa. Por eso están intolerantes, no aceptan respuestas y ligero prenden las bombas molotov. ¿Tienen razón? Es el tercer pie de cueca. Por los abundantes abusos cometidos en su contra, sí, de todas maneras. Por la forma violenta en que han llevado la cuestión, no.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020