CURIOSIDADES DEL VIVIR MATRIMONIAL

1. Los varones, en general, presentan a sus cónyuges como “mi señora”. Sin embargo, jamás hemos oído a una mujer decir “te presento a mi señor”.

2. Otros introducen a su pareja como “mi mujer”. En cambio, tampoco las hemos escuchado diciendo “mi hombre”.

3. El término “esposa” está claro: objeto metálico formado por dos aros unidos entre ellos por una cadena para aprisionar las manos de los malosos. Pero también se usa como “mujer casada con respecto a su cónyuge”. Sin duda hay una relación entre la función de la esposa (aros metálicos) y esposa (mujer que usa los aros para que el marido no escape). Curiosamente, la palabra no proviene de “esponsales”, como podría suponerse, que significa promesa de sacrificio, perdón, de matrimonio.

4. En términos legales tiene preeminencia “el  cónyuge y la cónyuge”, con gran pesar de las feministas que les gustaría extremar la libertad de género y decir “la cónyuga”. Suena mal, pero a no desanimarse, todo es cuestión de costumbre.

5. Continuando con las relaciones de los consortes, ya más informal o entre amigos y familiares, hay cierta propensión a tratarse con apelativos enfilados a la obesidad: mi chancho, mi gordo, mi guatón, aunque, como no suena bien, se arregla diciendo gordi, chanchi, guatoncito, gordita. También se usa “mono” para el hombre, nunca “mona” para la mujer, por aquello de “la mona, aunque se vista de seda…” El zapatazo es violento de parte de ella. No es justo, ¿cierto?

6. Existe otra forma de tratarse entre la pareja. Tiene que ver con el factor cronológico: ¡Oye “viejo”, ven pacá!, ¡que querís “vieja” eh moledera! ¡Más lo que h…esta “vieja”! Si nos acercamos, preguntando por qué se tratan así, dicen que es por cariño. Y sonríen. Manerita de quererse.

7. Curiosamente la mujer, por eso del complejo de Electra, nombra a su marido como “papá” o “papito” y cuando luchan en las sábanas ardientes, “ay papacito” (que bien suena). Lo raro es que no es  la hija.

8.  Dícese “en pareja”, pero la verdad es que no hay pareja más dispareja en el planeta.

9. También resulta significativo lo que ocurre en  la ceremonia religiosa: Todos se fijan en el traje de la novia. Que linda se ve. (No hay novias feas). Al novio “no le dan pelota”…  que se lo coman los tiburones….

Hace tiempo que queríamos escribir esto. Tenemos más, jejeje. “Mi mujer” (le molesta que le diga así, por eso lo hago) no está en casa, así que aprovecho este maravilloso instante de “libertad condicional” para hacerlo. ¡Crestas, ya llegó!. Chao. Y gracias por la atención dispensada.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020