DE DONDE SACAI TANTA…

Un buen amigo, simpático, nada de tonto, pícaro, jubilado, nos dijo un día, cuando nos encontramos en la calle: “te leo siempre en Face. Cuéntame ¿de dónde sacai tanta cosa? Me sorprende lo variado de tus temas y siempre me pregunto de dónde obtendrá tanta cuestión”. Nos reímos. En verdad, esa pregunta nos la han hecho muchas veces, en especial cuando han leído nuestros libros o artículos. Les sorprende. La interpelación, en el fondo, es el mejor elogio que podemos recibir, es un homenaje a nuestro afán compulsivo por escribir e inventar, por buscar en cada recoveco de la vida algo distinto, hallar un tema interesante que, siendo cotidiano, no se menciona desde otra altura. Y en punto a homenajes la verdad, aunque somos adictos a los aplausos y premios, nos ha ido como el ajo en la existencia. Pocos, pero buenos. El ego piensa que podría ser más. También nos preguntan, ya que estamos en plano de confidencia, “¿desde cuándo escribes?” y el conocido “¿por qué escribes?”, interrogantes que a todos los escritores se las habrán hecho más de una vez. Lo preocupante nos ha ocurrido hace poco cuando regalamos unos libros. La persona nos preguntó, pero “¿de quien son?”, “¿son suyos?”. Nuestro ego huyó espantado, dolido, casi llorando. Significaba que alguien, al recibir nuestros textos, no se le pasaba por la mente ni siquiera un milímetro que nosotros éramos capaces de escribir cuentos, poesía, novela o ensayo. Y lógicamente columbraba que esos ejemplares eran de otros autores. Nos ha pasado varias veces. ¿Será que para dar apariencia de escritor debemos dejarnos barba, pelo largo y vestir un tanto desaliñado? Esa es la idea que se tiene de un artista. Claro, son contrarios a esquemas prestablecidos y luchan contra ellos. Es posible. Pero no, lejos de nosotros fingir  para aparentar. Como hemos trabajado toda la vida, era muy difícil vestir, por decir algo, en forma hippie o “casual”. A lo más nos dejamos barba por 20 años. Hoy vestimos más libre, seguimos sin barba y la verdad es que, si nos ven, nadie cree ahí va un escritor. Además que, “con cueva”, como dicen los jóvenes, nos conocen en casa como tal. (Y no es chiste), menos nos van a reconocer en otra parte, salvo  los colegas de oficio. Bueno, nos fuimos por las ramas como los primates. Toda esta reflexión afloró porque un amigo, en la calle, nos dijo, muy sorprendido al leer nuestro escritos ¿de dónde sacai tanta cosa para escribir? (no dijo weá por si acaso). Respuesta: de la vida.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020