DESPUÉS DE RECIBIR LA LUZ DIVINA (ENTREVISTA)

-Ud. le da con cierta saña a las religiones humanas. En sus artículos se nota enfurruñado respecto de sus principios y ritos, haciendo hincapié en el daño que provocan en la humanidad, comparándolos con los negocios, políticos y empresarios. ¿A qué se debe esa actitud un tanto desengañada o desilusionada si lo prefiere?

– Bueno, usted lo ha dicho claramente: desengaño y desilusión. Dos expresiones que trasuntan nuestro ánimo respecto de este tipo de manifestaciones sectarias.

-¿Estuvo ilusionado alguna vez, creyó en ella?

-Por supuesto, desde pequeño. Nuestra madre era muy católica, toda su vida lo fue y nos guió por ese camino. Ella era buena y creyó hacerlo mejor. Nada que criticar al respecto. Y como éramos infantes y luego adolescentes creímos en la cuestión, fuimos disciplinados y observantes, cumplimos a regañadientes sus preceptos, pero cumplimos. Pero ya se incubaba algo en nuestro interior. Algo no calzaba, algo nos molestaba. Las obligaciones desde luego son el principal escollo. Toda obligación es nefasta, daña la persona,  limita,  constriñe, jibariza, la vuelve un autómata, le quita libertad. Y como nacimos escritores, creciendo en medio de un paisaje maravilloso como la Península de Pucón, estábamos acostumbrados a la libertad excelsa. Desde la época educativa nos pusieron cortapisas, tanto como la religión. Entonces de a poco nos fuimos sintiendo engañados y desilusionados. Tanto anatema sobre el sexo, tanta amenaza con el infierno, tanta admonición por el pecado, nos uniformaba, emparejaba las mentes, ya no éramos nosotros.

-¿Y cuándo se produce el quiebre?

– A temprana edad, pero no lo manifestábamos como ahora, que estamos bajando la curva de la vida. La vejez permite todas las libertades que la vida nos privó. De a poco nos fuimos despojando de esas ataduras. Fue cuando vimos la LUZ, la misma que ven los estúpidos que se creen  el cuento de Mesías, la mismita, pero acá hizo efecto contrario. No nos creímos iluminados  ni protegidos de Dios, sino al revés. Nos dimos cuenta a temprana edad que éramos débiles, pero normales, que la vida no estaba llena de pecadores, sino era  la cuestión era así nomás, que los malditos ritos y libros sagrados son invenciones humanas, que lo que buscan en el fondo es el poder, el placer, el dinero. Esa fue la LUZ que nos aclaró el panorama. Y nos sentimos libres, una libertad por cierto un tanto limitada por el modelo económico del cual nadie se salva y por los poderes fácticos que nos gobiernan y manipulan. Pero un aire fresco de alas libres nos colmó.

-¿En esa conversión, lo ayudó también la tecnología?

-Por supuesto, la internet en ese sentido es un medio indispensable para abrir el conocimiento. Allí está todo los que se requiere para reafirmar los conceptos. Lecturas ad hoc sirvieron para reafirmar nuestra nueva postura frente a la religión. Hubo también pláticas con ateos ilustrados y ex sacerdotes

– ¿Y cómo se ha sentido?

– Como alguien que estaba encarcelado y le quitan las cadenas, como alguien que estaba encerrado y le abren la puerta permitiendo ver la luz, como el caminante del desierto que encuentra agua, como el hambriento que por fin sacia la sed, como el que llega al final del camino y se tiende  a dormir sin cargos de conciencia.

– Desde afuera ¿Cómo ve ahora las religiones?

– Con  rabia, con impotencia, con un sentimiento de incredulidad. No concebimos que tantos estén sometidos a las reglas de pocos, que sigan como borregos los ritos, que repitan como loros párrafos de la Biblia, que prediquen algo que no sienten y lo hacen por mandato del pastor, que no tengan personalidad ni piensen fuera de la Biblia. Habría que hacerles un análisis psicológico. No pueden ser tan ignorantes y débiles mentales para mantener ese tipo de esclavitud espiritual en estos tiempos. Algo no anda bien ahí. Y lo increíble es que son buenas personas, sencillas, de gran corazón. Por eso se aprovechan. Pero son muchas. ¡Cómo no les cae la teja!

-¿En esta “conversión”, arrastró la creencia en Dios?

-No, no, por supuesto que no. Hay que ser huevón con mayúsculas para no pensar en un Creador o, si no agrada la expresión, en una Energía Poderosa. Somos energía. Las cosas no se crearon por combustión espontánea ni por explosiones antojadizas. El ser humano  es una máquina perfecta que no llegó a eso por simple evolución. Allí hay gato encerrado y ese gatuno está en el cosmos, en el insondable universo. Los humanos no tienen la capacidad de razonar en torno a la majestuosidad de la creación y solo elucubran teorías y más teorías otorgándoles ciertamente la sensación de certezas, absurdo que solo los imbéciles pueden aceptar.

-¿Le ve futuro a las religiones?

-Cuesta ver el porvenir. Si la tecnología continúa avanzando a pasos gigantes, sin duda la religión se convertirá en un lastre, en un estorbo, no aportará nada y no será necesaria. En ese instante, en ese clamoroso instante, las religiones se extinguen. No va más, chao, fin, adiós. La humanidad tendrá otros objetivos en que este elemento castrante no tiene lugar por innecesario y, como decíamos, porque no sirve para nada y es un estorbo. La maldita moral religiosa habrá pasado a mejor vida y los humanos seremos por fin normales con nuestras virtudes y defectos, aceptándolos.

– ¿Ud. es duro cuando le tocan este tema?

Es que la mayoría carece de cojones, tienen aún el terror dormido en sus conciencias, no se han desembarazado de ese manto de falacias que le inculcaron desde jóvenes, han sido incapaces de levantar cabeza y mostrar su desacuerdo. Cuesta ser león cuando fuiste siempre borrego. Además, hay una sábana eterna de impunidad para ocultar y salvaguardar los intereses de todas las religiones. El poder político y económico es muy fuerte y utilizan esa rama moral para imponer su poderío. No estamos descubriendo la pólvora. Ha sido siempre así en toda la historia. Que no les guste a muchos es otra cosa. Hoy, por efectos tecnológicos, las cosas están saliendo a la luz y es permitido todavía opinar con cierta libertad sobre estas materias.

-Suspendemos esta entrevista porque nuestro interlocutor se ha desmaterializado frente a nuestros ojos, se convirtió en una bolita de luz y se perdió en el cielo negro. Estamos muy sorprendidos. Tengan Uds., muy buenas noches.