DICTADURA DE LAS MINORIAS

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En la extensa historia de la humanidad ha sido una constante el surgimiento de minorías que encabezan movimientos sociales, religiosos y políticos. Sus banderas de luchan dicen representar los intereses de la ciudadanía. Siempre ha sido así. Una vez conseguido los objetivos, se instalan en la cumbre para manejar los hilos del poder, dejando a un lado los deseos de la colectividad.
Se transforman en dictaduras de la minoría. O elite, si lo prefiere. Pero dictadura al fin.
La historia está plagada de ejemplos que respaldan este aserto.
Las ideas de los citados movimientos, la idea primigenia, resultan lógicas, son necesarias, cuentan con el beneplácito general, son interesantes de seguir y consiguen el beneplácito de todos. Nadie puede restarse ni resistirse, salvo los que cuidan sus intereses individualistas.
Lo malo es el desenlace.
Ocurre muchas veces que los que combaten las dictaduras sociales, políticas y religiosas, cuando arriban al trono, decíamos, se congelan, ejecutando las mismas acciones de los que criticaban y aplastaron. Es cuestión de observar, por ejemplo, las revoluciones en el planeta. Todas tienen el mismo final: dictadura de unos pocos sobre muchos. Es una medida que se repite una y otra vez. Incluso en democracia, el poder es un tesoro que se anhela constantemente, tanto en materias políticas como también en las económicas, esta último, poderoso imán que no suelta la presa.
En las religiones mandan las minorías y el resto acata.
El gobierno de la mayoría es una quimera. Aunque a decir verdad, la búsqueda de la igualdad, por ejemplo, se produce, no cuando vivimos, sino cuando morimos. La Muerte es la única que nivela porque todos mueren, nadir se salva con triquiñuelas, colusiones, evasiones, etc. Derechitos para el otro mundo sin nada. Como llegaron. Más aun, estando en las tumbas también se origina la igualdad de los esqueletos: todos tienen los mismos huesos y permanecen bajo tierra o en nichos.
La cosa no funciona, eso si, con la cremación…
Siempre existe un grupo minoritario realizando acciones, llevando adelante un líder. Sin líder la cuestión no funciona. Incluso la democracia.
Los de abajo, o sea, la mayoría, utilizados ad eternum con cantos de sirena, instrumentalizados para mantener el establishment, mediante diferentes artilugios, siendo el voto el más común, permanece por los siglos de los siglos en una medianía que se ha transformado en normal, donde las excepciones a la regla son paradojalmente la carencia de igualdad, libertad y fraternidad, como rezaba la Revolución Francesa, es decir, el entorno cotidiana nos golpea diciendo que no hay igualdad entre los humanos, sino discriminación; no hay libertad de ninguna especie, sino una jaula de la que no se sale y tampoco existe unión de la comunidad, sino el más alto egoísmo. Hay excepciones, siempre las habrá, pero lo común es lo expresado.
Es un bocado al cual no les es permitido saborearlo.
Ahora, si alguien, lector de este comentario, piensa que se exagera, haga el ejercicio de cotejar la cotidianidad con las acciones que ejercen sobre él las dictaduras minoritarias, o sea, el poder político, social, religioso, económico, la diversidad sexual, todos los cuales hoy trabajan en las alturas, diciendo representar a los más, pero, en el fondo, laborando para los menos. Manipulándonos. ¿O cree realmente que el cuento de la democracia, es decir, “el gobierno del pueblo”, funciona, funcionó o funcionará?. El poder del dinero, señores, es más fuerte, es una minoría y las fuerzas del infierno tampoco prevalecerán contra él. ¿Habrá, todavía, algún convencido que, en la cotidianidad, la del ser común, crea que existe justicia, igualdad, libertad y unión fraterna entre los semejantes, propio de una democracia?. Las manifestaciones que día a día nos traen las noticias a nivel planetario hablan claramente que hay muchos baches que no pueden ser tapados aún para caminar fluido y, contrariamente a lo que se piensa, las religiones y la política, aparte de convertirse en meros negocios, han perturbado la conciencia humana, dividiéndola, discriminándola, estigmatizándola.
Verdad del porte de una catedral.
El futuro, como lo hemos dicho tantas veces, no se ve claro. Más bien rodeado de nubes negras, sin que alguna brisa las aviente. ¿Hasta cuándo?. Eso no se sabe.
Sólo queda seguir viviendo…
Arturo Flores Pinochet