EL ABNEGADO SERVIDOR PUBLICO (ARTICULO)

Jorge Arturo Flores

Nunca ha existido tanto interés público por participar en las elecciones municipales y parlamentarias de nuestro país. La fila de abnegados servidores llama la atención. ¿Qué ha ocurrido para que tanto chileno, de improviso, reconozca que tiene atributos suficientes para servir a su comuna, a su región, al país en general?. ¿Cuándo se dieron cuenta que su aporte personal era realmente notorio y necesario?.

La respuesta es simple: el sueldo por servir a la Patria no es menor y es un botín fácilmente alcanzable, sin burocracia por medio ni respaldo académico que entorpezca su logro. En los parlamentarios son varios millones de pesos más un tiempo  razonable para disfrutarlos. Alcaldes y concejales también cuentan con un ingreso que es superior a la medianía salarial.

Pregunta: ¿abundaría el mismo entusiasmo si los sueldos fueren parejos, digamos, de unos 3 sueldos vitales, sin gabelas ni privilegios, un emolumento que podría ser la media entre los asalariados chilenos. ¿Lucharían igual estos servidores públicos por obtener un puesto si supieran que el sueldo es levemente superior a la mayoría de los sueldos del país?.

La respuesta no es difícil: la  encarnizada pecha disminuiría notablemente, hasta quedar convertida en una filita de 1 o dos personas. Ahora bien, estos abnegados servidores públicos, ¿realmente lo son?, ¿tienen vocación de servicio?, ¿están dispuestos a sacrificarse “por nada”, “ por amor al arte”, para ayudar a su pueblo?.

No sabemos por qué, pero son escasos los ilusos que creen a pie juntillas en una vocación de servicio altruista, plausible, sin mezquinas ansias de poder ni afanes figurativos.

Como que no funciona así la cuestión.

Pero hagamos un alcance: en todo orden de cosas siempre existe la excepción a la regla y en estas materias hay o deben existir personas que han dejado de lado jugosos contratos o esplendidos emolumentos para aceptar puestos públicos por menos dinero y muchos problemas. Que los hay, Garay, lo hay.

Pero en la retina popular quedan los otros, los del montón, los que por un impulso divino trastocan su vida y se creen imprescindibles para salvar la comuna, la región, el país.

Cuesta digerir tanta belleza, tanto altruismo.

 

(Publicado en el portal La Última Palabra de Santiago Marín Arrieta)

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