EL AZÚCAR Y SU ADICCIÓN

Puede resultar hasta majadero y hasta podría confundirse con el discurso  de una ideología específica el despotricar contra la manipulación alimenticia que ejercen, por ejemplo, los grandes consorcios económicos. Por oponerse al libre mercado, en tiempos antiguos, las personas eran tachadas de comunistas, aunque fueran derechistas o anticomunistas acérrimos.  ¡Ay Señor! Pero hoy, con la globalidad y las redes sociales, la cuestión ha girado en 180 grados y platicar sobre los monopolios que torturan al planeta ya no es discurso solo izquierdista, sino transversal. Menos mal. ¿A qué viene todo esto? Al azúcar. Diversos estudios han inferido que el consumo del azúcar refinado hace mal para la salud. De todas las formas posibles. Hace mal. Y recomiendan no ingerirlo. Pues bien, las grandes empresas alimenticias del planeta, que desparraman sus productos en todas partes, no escuchan las sugerencia y atosigan al cliente con multimillonarias campañas publicitarias fomentando el consumo de diversos alimentos, golosinas y bebidas que contienen azúcar en abundancia. Nos hacen adictos.  Les importa un pepino la salud. Eso ya se sabe. Su Dios es indiferente al sufrir humano y solo tienen un signo, un emblema, una bandera: El Dinero. De esta forma, la obesidad sigue ganando adherentes en la Tierra, existe una cantidad impresionante de dinero en orden a combatir las enfermedades provocadas por la ingesta del bendito azúcar y el panorama para buscar una solución se ve muy distante.  Sí, algunos dirán que no es para tanto, que es cuestión de medirse, que es  propaganda de la Stevia y más explicaciones. Pero la publicidad es tremendamente invasora, corrosiva y son escasos los que le hacen el quiten o la descartan. Además, piensen ustedes, desde chiquitos estamos cerca de dulces, golosinas, pasteles, tortas, en que prevalece el dulce. Se torna  una costumbre y cuesta, cuando mayores, sustituir la cadena. De poder, se puede. Pero, cómo diablos le haces el quite a una exquisita torta, a unos pasteles deliciosos, a un helado riquísimo, a un “strudel”, a una tarta de manzanas, a…. No, no sigamos sufriendo por favor.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020