EL DESAMOR, LA INDIFERENCIA, EL FINAL

Hoy, más que antes, comprobamos cómo las relaciones de pareja se resquebrajan lentamente hasta morir. Lo que comenzó con los mejores augurios, con grandes muestras de alegría y tocando con las manos la felicidad, he aquí que el paso del tiempo se encargó de  moderar los ímpetus, puso los pies sobre la tierra de los enamorados, les muestra lentamente la horrible realidad de deberes y más deberes con pocos derechos; les dice que otra cosa es con guitarra y abrió la puerta de lo que menos imaginaron: el desamor, la indiferencia, el final. La llegada de los hijos es el primer remezón. Nada es igual a partir de allí. Luego el crecimiento y después la educación para finalizar con el nido vacío. En esta última instancia son escasos lo que logran mantenerse en pie y no caen al precipicio. La mayoría queda frente a frente, indiferentes, desenamorados, lejanos, extraños. Sin embargo, esta situación, que es muy común, pasa casi inadvertida a los amigos y a la familia. Y así trascurren los años en una convivencia falsa, fría, acomodaticia, sin sentimiento, solo cumpliendo deberes y ejecutando algunos derechos. Acabaron los buenos días, las buenas noches, el cómo estas, cómo te fue, quieres esto, te apetece algo rico, salgamos a bailar o comer, quieres conversar, pasemos un rato agradable. ¿Hagamos el amor? Hacer el amor. Ja. Es un ejercicio ya caduco, no por carencias físicas, sino por ausencias sentimentales. La existencia que llevan es tan dura, lejana, fría, que se transmuta cotidianamente en gestos bruscos, gritos, muecas de desagrado, invectivas, críticas a granel, descalificaciones y un sinnúmero de situaciones que no predisponen evidentemente a realizar ese acto maravilloso que es amarse físicamente. ¿Conoce estos eventos, sabe de algunos, le ha tocado presenciarlo o está también en el ojo del huracán? Desconsolada y lamentable experiencia de la cual muchos no logran sobrevivir y otros la aceptan calladamente. Eso no es vida, sin duda, no es a lo que vinimos a este mundo. ¿Habrá excepciones? Por supuesto las hay, pero la realidad nos muestra, cada día, esta entristecida situación. ¡Dichosos los que sienten que son felices en la relación pareja y que han sobrevivido en el tiempo! De ellos, sin duda, será el Reino de los Cielos. Los otros, bueno, solo el destino tiene la última palabra

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020