EL DESCONTROL DE LA NATALIDAD

Este es un tema que se arrastra hace años. El planeta poco a poco se está atiborrando de individuos y el espacio, por consiguiente, se empequeñece, provocando problemas que suscitan disputas, guerras, confrontaciones verbales, incomodidades, hambruna, discriminaciones e intolerancia, entre otras minucias. Agréguele a esa horrible situación el desangramiento forestal a que ha sido sometido, inundando de desiertos gran parte de su territorio con la consiguiente falta de agua y contemplará un espectáculo desolador, como una manada de animales corriendo despavoridos hacia el desfiladero. Estamos cerca de eso. Sin embargo, y paradojalmente, las tentativas de controlar la natalidad desenfrenada se ha visto frenada, específicamente, por algunas religiones que no aceptan las pastillas anticonceptivas, los preservativos y el aborto, dejándolo todo a criterio y cuidado de hombres y mujeres, ingenuidad o estupidez, lo mismo da, que ha provocado pésimos resultados: dejar el mando del instinto a cargo de la conciencia y educación de seres que apenas controlan la inclinación sexual es, a todas luces, dejar la carnicería a cargo del perro. Aunque les ha ido mal en todo el mundo, puesto que no  le han hecho mucho caso, igual persisten en sus anatemas y arrastran en esa idea a ciertas personas, como los médicos, que en nombre de la moral cristina, les impide, por ejemplo, practicar abortos. El mundo cae a pedazos y ellos permiten que continúe el descalabro. Lo decimos en general, puesto que sabemos de galenos que no se restan a este preocupante problema que nos invade, amenaza y destruye. La clase baja, especialmente, es la que no se controla y “sigue echando niños al mundo”. Curiosamente lo justifican diciendo que mientras más niños tengan, más seguridad tendrá en el futuro, en especial cuando estén viejos, es decir, seguro para la vejez. Es un concepto muy expandido, producto, sin duda, de la ignorancia y del machismo imperante, muy fuerte en esos espacios. Lo paradójico es que en algunos países la vejez se impone, faltan jóvenes para mover el país y aumentan los inmigrantes. ¿Cómo se soluciona esto? Ya vamos en siete mil millones de habitantes y calculan que en el corto plazo llegaremos a los diez mil millones, algo, no solo inaudito, sino muy espantoso. ¿Habrá espacio para todos, habrá comida, agua y techo, además de educación? Difícil se ve el horizonte. Escapar hacia otros mundos es utópico, aunque no imposible, pero será en muchos años o siglos. Continuar el control de la natalidad, creando conciencia, haciendo campañas, mostrando la realidad, es lo pertinente, pero ¿no es lo que se ha hecho desde hace años? ¿Se le ocurre otra medida amable lector?

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019