EL DINERO NO HACE LA FELICIDAD

Es un tópico que se usa comúnmente. Hay partidarios (obviamente los que no tienen nada). Los restantes, los que han construidos fortunas, no siempre honestamente, asentirán, pero cuando observamos su vida controlando paso a paso la riqueza, con enorme preocupación por la seguridad, por el temor a perderlo todo, entonces creemos que la felicidad, por ese lado o mirado desde esa perspectiva, no se condice con aquello que el dinero hace la felicidad. Ayuda. Si, puede ser. Pero curiosamente son más felices los que no tienen en demasía porque, en ese sentido, poco tienen que perder y lo otro es una posibilidad, un sueño. Además lo disfrutan a concho. Ahora, el refrán atempera los ánimos, es una suerte de conformismo, para no sufrir. Sin embargo, en la cotidianidad, paradojalmente,  todo el mundo quiere tener dinero a raudales y si es posible ser rico. Para que estamos con cosas. La imagen del capitalismo crudo y feroz asoma de inmediato. En estos campos  tampoco olvidamos a los anti capitalistas. Sus existencias no son consecuentes con los que predican y se asemejan a los vilipendiados burgueses. Flor de inconsecuencia, realidad pura. El consumismo, mis amigos, nos convoca a una carrera interminable, donde todos los métodos por conseguir la meta son legítimos. La ansiada felicidad al final de la meta se torna inalcanzable porque nunca nos conformamos con lo que logramos. Siempre estamos insatisfechos. Siempre queremos más y más, como si en ello se nos fuera la vida y como si aquello nos sirviera para irnos forrados al otro mundo, después de la muerte. Se nos olvida siempre que desnudos llegamos, desnudos nos vamos. El dinero, entonces, no es confiable ni moneda de cambio para conseguir la quimérica bonanza. A veces, con poco somos felices (se valora más por el esfuerzo) y con mucho, agregamos un problema más a la existencia. Por consiguiente, no estamos contentos. La mayoría de las personas, en todo caso, se equilibran en estos aspectos y consiguen sus objetivos con cautela y realidad. Pero el resto, no hay caso. Esclavos del consumismo pertinaz, sus vidas solamente giran alrededor del dinero, el placer y la obtención del poder. No han salido nunca de ahí. Para eso, lógicamente, no se necesita cultura ni moral ni buenas costumbres. Vacíos absolutamente, se prosternan frente al Dios Dinero que, mayoritariamente, no les provoca felicidad y, por cierto, son desdichados, aunque la buscan obstinadamente. Es como la tierra prometida, una tierra donde nunca se está o cuando llegamos, se aleja… Hay excepciones, pero son los menos. En todo caso, nos encantan los autos Ferrari, las mujeres guapas, los palacios, las piscinas grandes y una billetera inconmensurable. Je.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020