EL HUMORISMO EN LA LITERATURA CHILENA

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Por Jorge Arturo Flores

Existen escasas páginas en torno al humorismo literario en Chile. Hay que buscar con bastante ahínco para encontrarlas Y cuando las hallamos sus reflexiones resultan un tanto desilusionante, casi paupérrimas., ¿Es Chile un país demasiado serio donde las flores del humor no crecen con fulgor.

Puede ser.

Lo que abunda, sin duda, es el otro humor, el político, el discriminador, el callejero, el de la televisión, la radio, el chabacano, el llamado típico humor chileno basado en tallas, ataques violentos sobre defectos físicos, minusválidos, borrachos, homosexuales, matrimonios, judíos, gallegos, lo que provoca fácil risa. En especial, lo de grueso calibre o de doble sentido.

Eso sí puede verse en amplitud y no parecemos un país muy serio.

Pero el que nos preocupa, que es el literario, no tiene muchos exponentes y pasa inadvertido. En algunos estudios académicos o en pocas publicaciones literarias surgen con alguna importancia, pero no basta.

EL HUMORISMO LITERARIO EN CHILE

Consta de varios géneros, sobresaliendo la ironía, el sarcasmo, la tragicomedia, las peripecias de vidas atacadas cruelmente por la pobreza, la sátira social, la crítica feroz o entrelíneas de las costumbres nacionales ( eufemísticamente denominados Cuadros de Costumbres), etc.

Nos referimos únicamente a la prosa.

Si miramos atrás surgen en lontananza los nombres de Jotabeche, Daniel Grez, Rafael Allende (Historia de un perro escrita por su propia pata), Joaquin Diaz Garces (su cuento Incendiario), José Edwards, Carlos Vattier, Baldomero Lillo (con su cuento Inamible), Vicente Perez Rosales (Recuerdos del Pasado) y más próximos Enrique Bunster (Un Ángel para Chile), Jenaro Prieto (El Socio y Un Muerto de Mal Criterio), Enrique Araya, el mejor(La Luna Era MI Tierra); Carlos Ruiz Tagle (Dicen que Dicen, Memorias de Pantalón Corto y la Edad del Pavo), Guillermo Blanco (Placeres prohibidos, Ahí va esa (1973), Revolución en Chile (1962), escrita en conjunto con Carlos Ruiz-Tagle y firmada con el seudónimo de Sillie Utternut, y El joder y la gloria (1997), cuyo título aludió a la novela de Graham Greene), Cesar Cascabel (Verdades Eternas) Josefo Leonidas (Los escandalosos amores de los filósofos), El Hombre, ese Desconocido(cuyo autor no recordamos),Marcela Paz (Papelucho), Jorge Délano, Coke (Botica de Turnio, Yo soy tú).

Y pare de contar

Evidentemente hubo quienes publicaron libros que tocaron el tema, pero pasaron muy rápido y se perdieron en el bosque del olvido.

Cabria también mencionar, aunque muy de pasada, las plumas que en su trajinar utilizaron con feliz resultado la ironía, a veces el sarcasmo, dando con paginas de risueña percepción. En ese campo sobresale sin duda Gonzalez Vera. Sus novelas y cuentos están impregnados de un fino humorismo que provocan sonrisas y algunas veces carcajadas. Más allá se destaca Luis Sanchez Latorre (Filebo) que tanto en sus pocos libros como principalmente en sus artículos periodísticos da pruebas de un humor notable. Dejamos al final a nuestro escritor favorito Hernan Diaz Arrieta (Alone) quien en la publicación de sus crónicas literarias se distinguió por un humor pulcro, finísimo, una ironía que traspasa cuerpos con la sonrisa en los labios y unos juicios sobre el valor de libros, especialmente lo que no eran de su predilección, que son modelos de síntesis, brevedad y humor.

Hemos mencionado a los autores más conocidos que surgen en panoramas, historias y artículos especializados.

Como dijimos, deben existir más, especialmente en la segunda mitad del siglo XX. Pertenecen a generaciones más jóvenes y, según las informaciones, son esporádicos.

Haciendo una rápida selección, que importa también cierta discriminación, pensamos que La Luna era mi Tierra es el mejor libro en estos valles de sonrisa.

En sustancia, la literatura que trata el humor en nuestro país no es muy fecunda y sus cultivadores están desperdigados en el tiempo, lo cual hace difícil una contextualización.

Pero para tener una vaga idea de su cultivado y de quienes alguna vez tuvieron la feliz idea de hacernos sonreír, baste con los nombrados.