EL INELUDIBLE NIDO VACÍO

Viven bajo el mismo techo, duermen en una cama sin tocarse, no se dicen buenos días ni buenas noches, desayunan solos y en silencio, salen a trabajar y regresan tarde, a veces, más tarde de lo acostumbrado. Llegan cansados, comen algo y, si pueden, ven algo de televisión, o, de lo contrario, se duermen rápidamente. Los fines de semana, si vienen los hijos,  se reúnen en la mesa y hablan. De lo contrario, almuerzan en silencio mirando la pantalla de televisión, haciendo breves comentarios. Nunca una caricia, un requiebro, una mirada cariñosa. Preocupados, desde el comienzo, únicamente de sus hijos, vivieron para ellos y se dedicaron a criarlos. Cuando las metas se consumaron y éstos volaron, se hallaron frente a frente preguntándose quién es el que tengo al frente. Unos perfectos desconocidos. Parecen amigos, aunque “sin ventaja”. Son como hermanos distantes. Cada uno en lo suyo, preocupándose  lo mínimo del otro por una cuestión de contrato matrimonial. Increíblemente pasan los años y es una vida a la cual se acostumbran. Rara vez juntos. Vacacionan separados. Y cuando sociabilizan, se muestran como parejas normales. El infierno va en el interior y en su casa. Pero, curiosamente, no se separan. He ahí un dibujo sobre la realidad de muchos matrimonios que se han quedado vacíos en su nido. Nos hemos topado  con muchísimos casos y resultan sorprendentes las coincidencias. Ello nos motivó a escribir sobre el tema. Es un contexto atroz, más aun si se casaron enamorados.  Si, ya lo sabemos, todo esto no hubiera ocurrido  si la comunicación no se hubiese roto o el respeto no concluyere. He allí el quid del asunto. Pues bien, por no comunicarse, fracasan. Habría que analizar donde estuvo el problema y si vale la pena intentarlo, porque, en verdad,  no somos comunicativos, en especial los hombres. Las cosas suceden por alguna razón. Pero nadie, al inicio, tenía en su poder la bolita de cristal para adivinar el futuro. Y todo lo hicieron con la mejor de las intenciones. Recetas para el nido vacío hay muchas, sobran. Pero las experiencias ajenas no sirven de nada y las recomendaciones o tips tampoco. Existe algo más profundo en la relación pareja al cual no se llega fácilmente. Como decíamos, difícil la convivencia. Siempre es sorprendente. Dichosos los que, aparentemente, tocaron el cielo y duran, pese a los bamboleos del barco en el mar de las desilusiones. Enhorabuena. De ellos, sin duda, será el reino de los cielos. De los que no poseyeron esa suerte y, al final del camino, cumplidas sus metas, no pudieron continuar y apartaron rumbos, pues, seguirán buscando el Santo Grial de la Felicidad para sobrevivir en este mundo, no precisamente grato y quieto. La gran enseñanza que deja el nido vacío es la premisa que en el matrimonio lo más importante no son los hijos, como muchos piensan, sino la pareja. Aquellos se van, ésta queda. Es una cuestión de Perogrullo, pero las personas no atinan, dejándose llevar por el afecto maternal o paternal excesivo, desmesurado, único, dejando en el flanco a la pareja, de quien nunca debió apartarse para dedicar tiempo  a los hijos,  porque, si realmente se quieren, deberían tener claro que ellos eran más importantes. Es lo que dicen los tratados sobre el matrimonio, aunque hoy, ya lo sabemos, aquello de “juntos hasta que la muerte no separe” es algo muy parecido a una quimera. Son otros tiempos.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020