EL INEXPLICABLE MISTERIO DE LA CREACIÓN LITERARIA.

Después de tanto tiempo escribiendo (desde los 15 años), nunca  hemos podido acostumbrarnos a la idea de crear algo que nace de nuestro interior, que lo crea nuestro ser de la nada, que avanza sin que  podamos controlarlo. Sí, nos hablan del hablante lírico. Lo aceptamos, pero nos cuesta entender. Tenemos una idea, la masticamos mentalmente un rato, no pensamos en el final ni en el desarrollo. Solo la idea. Cuando sentimos que la cuestión engrosó lo suficiente y necesita salir, porque empieza a molestar, escribimos. Y ¡oh sorpresa!, no calculamos ni proyectamos ni hacemos un guion. Nada. Y están los dedos, como en este caso, golpeando las teclas sin cesar, vaciando lo que va surgiendo en la cabeza, sin conocer el  desenlace. Mientras escribimos esto, por ejemplo,  no  tenemos un final ni sabemos adónde vamos. Lo encontramos increíble. Y después, al finalizar, leemos varias veces, desbastamos, corregimos, limpiamos y va surgiendo la creación en tipos negros sobre fondo blanco con un mensaje implícito, con un relato expresivo, donde no observamos, a simple vista, grandes repeticiones ni palabras altisonantes ni menos utilizamos un lenguaje que nadie comprenda. Miramos y miramos el texto y realmente no creemos que eso fue escrito por nosotros, que nació de nuestro espíritu, que fue horneado en el crisol de nuestra conciencia. Increíble. Nos miramos las manos, nos vemos en el espejo. Nada ha cambiado. De dónde sale todo. Cierto, están las innumerables lecturas, los análisis literarios, el constante escribir, seguramente hay un oficio, acaso algún talento, pero eso sirve únicamente como instrumentos para inventar. Lo que va fluyendo, al través de estos materiales, es distinto, vario, no nos explicamos de dónde diablos emergen, como se reúnen en el cerebro, que los hace amalgamarse y dar con  textos. He ahí el eslabón perdido en términos literarios. Hay explicaciones científicas, sin duda alguna, pero hasta hoy nos mantiene perplejo el origen. Continuaremos con nuestra digresión. Retiramos los dedos del teclado.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019