EL MIEDO COMO GERMEN DEL PODER

Esto se ha sabido siempre, pero es tan omnipotente la maquinaria que gobierna a la humanidad, que lo vemos como algo cotidiano.
¿Quiénes han ejercido el miedo, como instrumento de poder, a lo largo de la historia ?.
La política, la religión, el poder económico. ¿Quién fue primero la política, la religión o el comercio, vulgo capitalismo?
Tarea para la casa.
Lo cierto es que las religiones, instancias inventadas por los seres humanos para sojuzgar la mente de la humanidad, han utilizado desde un principio el miedo cerval a Dios. La promesa de un mundo mejor es mantenida merced a los castigos que supuestamente el Creador ha instaurado para quienes se porten mal. El pecado es su inmensa herramienta. En base a ella se han constituido en verdaderos estados dentro de otros, proliferan junto a la historia, desarrollando negocios apetecibles y se convirtieron, lógicamente, en una gran industria para las elites religiosas.
Con las debidas excepciones.
Tal como los políticos, también poseen en su estructura una aristocracia del poder que profita de los beneficios del goce, la riqueza y el gobierno, sin cargos de conciencia, olvidando el mensaje aterrador que desparraman con amenazas a sus feligreses.
Ciertamente, la caridad comienza por casa.
Los políticos, por otra parte, no le van en saga. Generalmente son empleados del poder económico, quien los pautea, y se valen de sus privilegios para convertirse en simples comerciantes barnizados con la palabra democracia. O sea, otro negocio. Ya está comprobado. Pero un negocio que, como tal, tiende indefectiblemente al privilegio, pues éste posee las riendas que les permiten manejar los impulsos de sus votantes.
Y llegamos a la punta del iceberg.
Antes de ver la cima, digamos que estos poderes fácticos, unidos a las fuerzas armadas y al periodismo, simples adláteres, son minoría absoluta en el contexto de la globalidad terrenal. La mayoría, como se entenderá, es el resto de los seres humanos que suman millones y millones.
Algo que cuesta entender, sin duda, salvo que le apliquemos el miedo.
Ahí se entiende todo.
Bien, llegamos al poder económico, al mundo de las grandes empresas, de los inmensos consorcios internacionales, de los verdaderos dueños del planeta. Ellos dirigen nuestras vidas a través del capital y la tecnología. El comercio, mejor dicho, el monopolio, es su elemento básico ensamblado al miedo. ¿Por qué el miedo en el capital?. Porque para que un país surja, sea grande y desarrollado, con un ingreso per cápita maravilloso, se necesita que los millones y millones de hombres y mujeres…compren. Tan simple. Si no compran, no viven y quedan alejados de las maravillas del progreso y la tecnología. Si no compran no tienen alimento, techo y abrigo. Para ello necesitan trabajar. Y el trabajo, curiosamente, está en manos de estos gigantescos pulpos al través de sus innumerables mercados. Si no tienen estos imprescindibles medios para subsistir, emerge el pánico. Surge, entonces, en el horizonte, en forma de negros nubarrones, el pavor a la cesantía, a las enfermedades, a la pobreza, a la delincuencia, al hambre, a la muerte.
Para que ello no ocurra, compren y de ustedes será el reino de los cielos.
De esta manera, este gran octópodo nos mantiene ocupados trabajando, divirtiéndonos, eligiendo parlamentarios, viendo programas chabacanos en la televisión, idiotizados con la tecnología; nos pone hospitales, malls, supermercados, tiendas, laboratorios, gasolineras, hoteles, casinos, conciertos populares, futbol, juegos de apuestas, cine, turismo… para gastar. Y también colocan la policía para hacernos segura la vida, aunque esto suene a utopía. Todo en manos privadas por supuesto. Es decir, recaudan el 95% de las ganancias para sus bolsillos, quedando el resto para la mayoría, para sus sueldos, para sus necesidades básicas, para sus divertimentos, para seguir postulando al dinero, porque este último da ventaja y permite encaramarse sobre los otros a fin de llegar a las alturas, a las mismas que ocupa el irresistible privilegio económico, para hacer, finalmente, lo mismo que tanto criticaban cuando estaban abajo. Esto sucede generalmente con los políticos a quienes fascina la dictadura, siempre que sea de su color. La dictadura es el sueño omnímodo de muchos. Y no estamos hablando de la fenecida dictadura del proletariado sino de otras. Sin ir muy lejos, el monopolio económico es una dictadura.
Así se nos va la vida.
Y no se les ocurra a ciertos revoltosos armar una revolución para terminar con estas inequidades. Ahí entra el concepto de paz social, seguridad interna del Estado, democracia en peligro, salto al vacío, libertad, terrorismo…y recurren, de inmediato, al periodismo y a las fuerzas armadas para desbaratar tan nefastos planes. ¿Le suena conocido?.
Y así, sin darnos cuenta, se nos pasó la vida.

Jorge Arturo Flores

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