EL MITO DE MIGUEL GRAU (I Y II)

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La verdad, a veces, provoca escozor

Jorge Arturo Flores

Es costumbre inveterada en Chile mostrar simpatías por los extranjeros. Incluso existe una canción que habla sobre ese desmedido afecto por quienes atraviesan nuestras fronteras (“Si vas para Chile”). Sin embargo, a veces, nos pasamos de revoluciones y  extendemos la mano a quienes no corresponde.

Casos existen.

Sin ir muy lejos, la historia de la Guerra del Pacifico (escrita por chilenos, leáse bien, escritas por chilenos) siempre habló maravillas del almirante peruano Miguel Grau, el que destrozó con su monitor, mil veces superior, a una corbeta de madera, con Prat a la cabeza, después de espolonearla tres veces. Destacan de este suceso,aunque no es el punto,  la caballerosidad del marino por el hecho de  enviarle a su viuda una carta,  acompañando prendas personales del infortunado capitán.

Por esta situación, se le designó  Caballero de los Mares.

El gesto está y se destaca. Sin embargo olvidan esas historias que, junto con la carta y la ropa,  no le comunicó a doña Carmela Carvajal la circunstancia de abandonar a su suerte el cadáver de  su marido  en el muelle, junto a Serrano y a un Aldea moribundo, quedando a merced de las burlas y vejámenes del populacho. Frente a este lamentable hecho, dos ciudadanos españoles avecindados en Iquique, don Eduardo Llanos y don Benigno Posadas, debieron sepultarlo por su cuenta.

¿ Caballero de los Mares?.

Los chilenos, no obstante ello, pecaron de ingenuos y una vez acabado el combate de Angamos, con la derrota del Huascar,   le rinden  rinden honores militares a Grau en cubierta, los mismos que él no dedicó a Prat. Cuando lo sepultan, se repiten los homenajes. (¿Por qué este gesto no es voceado hasta el infinito por las historias peruanas, como lo hicieron con su marino?).En cambio, a Prat hubo que sepultarlo, como dijimos,en forma hasta clandestina… y sin ceremonias militares.

Son acontecimientos  que no admiten dudas. La historia lo señala.

También se indica que Grau recogió a los sobrevivientes de la Esmeralda, ( que tampoco es el punto a debatir) en un caso único de generosidad como suele decirse. Claro que sí, un gesto noble, destacable, igual, por lo demás, al realizado por los blindados chilenos en Angamos y por el Blanco en la captura de la Pilcomayo, al recoger a los marinos peruanos una vez que éstos saltaron la santabárbara de sus respectivas naves para hundirlas. También es un gesto destacable.(Tampoco es destacado por los peruanos.Curioso) Por ende, lo realizado por Grau no es una virtud única, sino hubo otras de su enemigo en la guerra. Si estiramos la cuerda, en la misma confrontación hubo manifestaciones de caballerosidad mutua. Inclusive hemos leído que era costumbre de la época. ¿Cual es, entonces, la novedad?. ¿O se les olvida ex profeso?.Respecto del mismo tema, el cirujano Cornelio Guzmán de la Esmeralda, sobreviviente, escribió sobre lo que ocurrió una vez que la Esmeralda se hundió y ellos afloraron a la superficie: “Sentimos dos cargas de fusilería cuyas balas se hundieron en el agua sin hacernos daño en torno nuestro y nos miramos las caras formando una especie de círculo. De 210 hombres sólo quedábamos 33”.  Seguramente fue un saludo de bienvenidaExisten versiones, por otra parte,  que  indican que los doce marineros que abordaron el Huascar, en el segundo espolonazo y abatidos en cubierta, fueron arrojados al mar. Abundan nuevamente las explicaciones por esto, pero se contradice de nuevo con la aparente caballerosidad del marino peruano.

Pero lo que los historiógrafos e historiadores nacionales, repetimos, historiógrafos e historiadores chilenos,  nunca consignan son los verdaderos méritos del peruano en la Guerra del Pacifico y sus…grandes victorias en mares chilenos, repetimos, en mares chilenos. ¿Cuáles son, dónde están, a quien venció, indiquen el grande merecimiento?.

Es el quid de esta crónica por si no ha quedado claro.

Surge el mito del peruano.

Porque, si indagamos en el pretérito, no aparecerá ninguna acción bélica importante, ningún hecho destacado, nada que hable de un héroe o de un marino brillante. ¿Nadie se ha detenido en esta afirmación?. Extraño. La única victoria es el hundimiento de un barco de madera, después de espolonearlo tres veces,  lo cual no representa gran   mérito por la desproporción del poder militar.  En verdad hay poco que aplaudir. No pudo vencer, por ejemplo,  a  la cañonera “Magallanes” (en Antofagasta e Iquique) con Juan José Latorre al timón. La embistió en Iquique como lo hizo con la “Esmeralda” y no pudo. Eso es un fracaso “de aquí a la quebrada del ají”.

En ambos casos, cuando sintió la presencia del Cochrane, se retiró silenciosamente.

Buscamos, indagamos, tratamos de situar las batallas ganadas, la connotación esplendente de Miguel Grau…y nada brota en el horizonte. Hablamos – reiterando el punto – de la acción de un marino extranjero en mares chilenos, reiteramos en mares chilenos, explicitada por historiadores  e historiógrafos chilenos, volvemos a repetir, por historiadores e historiografos chilenos. Las historias chilenas, repetimos, historias chilenas, no resaltan ninguna acción  importante del marino extranjero.¿Por qué entonces lo elevan a esa altura?. Un misterio. Y si aun  caben dudas respecto de esta arista, remitámonos  nuevamente  al pretérito,  a las estadísticas, a los resultados. Investiguemos   otra vez – tanta gente no puede estar tan equivocada – por si  quedó algo en el tintero. ¿Que  hay?. Volvemos majaderamente sobre lo dicho: sólo lo de la “Esmeralda” (que no es para pavonearse).  Luego viene   la imposibilidad de vencer  dos veces a la cañonera “Magallanes”; persecución inútil, durante 2 horas, del vapor Itata, sí, un vapor. Posteriormente durante 4 horas trató de capturar al transporte Rímac, sí, un transporte, sin éxito .

Se consignan también  los fallidos ataques  al carbonero Matias Cousiño y a la corbeta Abtao (las oficiaba de transporte), inmovilizados, que no eran precisamente barcos de guerra ni estaban convenientemente artillados.Se repitió en esos casos el retiro prudente del Huascar cuando captó que el Cochrane u otro buque chileno venía en auxilio de las naves.

Finaliza con la derrota de Punta de Angamos

En general,  mucha carrera, mucha,…navegando mar adentro u orillando la costa chilena. Incluso de noche.

Eso no es ficción, sino una palmaria realidad.

Como si estas  acciones, más bien escuálidas,  que lo catapultaron a la categoría de marino  brillante,  héroe por sobre todo, no bastasen, véase el listado de las presas que el Huáscar,  al mando del Caballero de Los Mares,  capturó durante sus 4 salidas a combatir.

  •  Bergantín Recuperado, fue incendiado.
  • Goleta Clorinda, fue incendiada.
  • Goleta Coqueta, fue remitida al Callao.
  • Barca Emilia, con metales, fue remitida al Callao.
  • Bergantín E. Saucy Jack, con metales, fue remitido al Callao.
  • Barca Adriana Lucía, con metales, fue remitida al Callao.
  • Bergantín-goleta Coquimbo, fue remitido al Callao.
  • Transporte Rímac, con escuadrón de caballería, sus caballos, artículos militares y 400 toneladas de carbón, lo tomó el Gobierno para su servicio.
  • Una lancha de carga, la tomó el Gobierno para su servicio.
  • 8 lanchas de carga, se remitieron a Arica a disposición del Gobierno.
  • Numerosas lanchas destruidas en los puertos de Chile.

Portentosa captura de presas, sin duda,  que a más de alguno sorprendió.Convendría aclarar que la captura de presas, si bien justificadas, no son precisamente victorias sobre el enemigo a vencer.

Incluso dudamos que allí pudo existir refriega.

Entonces, después de todas estas pruebas que  registran las historias  chilenas,  la pregunta aflora rápidamente: ¿en qué pensaban los historiadores chilenos cuando encumbraron  un marino extranjero a una categoría que no se condice con la realidad?, ¿de qué hazañas  estamos hablando?, ¿ qué actos heroicos  cogemos para elevarlo a la altura de héroe?. ¿Dónde destaca el denominado héroe?.

Ahí están los fríos hechos, ahí están los resultados.

Incuestionablemente las excusas y explicaciones abundan y abundarán alrededor del tema. Es lo que más hay. Y las habrán. Pero no cambian la historia y ella permanece inmutable. También tergiversarán estas reflexiones dándole otra connotación al verdadero contexto que hemos propuesto, como, por ejemplo,  tildar pretendidamente de cobarde al marino peruano, lo cual no está explicitado en ningún juicio vertido, salvo el que imaginen ciertos estultos o lo interpreten a su amaño para conseguir, vaya a saber usted, qué fines. Sabemos, asimismo, que surgirán los consabidos insultos, propio de malos e indignos perdedores. Eso sí es parte de cualquier polémica. Pero, reiteramos, he ahí los fríos hechos, he ahí los resultados, he ahí, en definitiva,  la historia.

A las pruebas nos remitimos.

 EL MITO DE GRAU (SEGUNDA PARTE Y FINAL)

Nuestra crónica primigenia obtuvo impensados ecos en  numerosos  peruanos que se sintieron tocados íntimamente por lo que allí se expresó, en especial, la desmitificación de la figura de Grau como héroe.

La crónica enjuiciaba, desde nuestro punto de vista, la manía inveterada de los historiadores chilenos por arrojar laureles a extranjeros que ciertamente no los merecían.  Para ello mencionábamos las correrías de Miguel Grau en mares chilenos durante la conflagración que Chile ganó a Perú y Bolivia. Repetimos, acciones de un marino forastero en mares chilenos y su reflejo en la historia nacional. Es decir, todo en nuestro país. Y en él –  libertad de expresión mediante – opinamos. Para ello nos remitimos únicamente a los resultados que muestran dichas historia. Nada más. No hay ficción ni tampoco tergiversamos el pretérito. Los fríos hechos expuestos. Se traslada información.  Pero nadie entiende o no quiere entender.

Definitivamente les faltó comprensión lector.

Podemos entender las razones del malestar.Se les cae, reiteramos, una estatua. Aparece otra visión sobre lo que adoraron siempre y tenían integrado a la memoria. Nadie les había planteado una situación de esta manera. Es comprensible.  Pero lo que cuesta juzgar son los argumentos esgrimidos para contrarrestar las pruebas respaldatorias que expusimos en nuestro juicio.

No hay ninguna sólida.

Pero aun así y condesciendo en el análisis de sus posturas, comprobamos que   es lo mismo de siempre: sólo lágrimas, cambio de tema y descalificaciones.

Es un padrón que se repite.

Todo lo expuesto se reduce a reacciones viscerales, suposiciones,  probabilidades,  hechos que consideran relevantes, anécdotas, todo lo cual se aparta del punto en debate, esquivando el meollo del asunto. Aquello  se esfuman al contacto con  la realidad, quedando inválidas. “El cojo siempre le echa la culpa al empedrado” y, en este caso,  se cumple cabalmente. Pompas de jabón en definitiva. En el fondo, leyeron lo que quisieron leer y  abstrajeron  otras consideraciones que le resultan mortificantes.  Dedujeron, asimismo,   expresiones ofensivas, las cuales, si se lee detenidamente, nunca las hubo.

¿ Predisposición natural a la mentira?.

Primó, ante todo, un innecesario y encendido patrioterismo, incapaz de analizar con frialdad los resultados inmutables. Prefirieron, en esa línea, dar importancia a los detalles, no a las frías e irrefutables estadísticas que son, en definitiva, las que quedan registradas a fuego en las historias y es lo que se transmite al través de los tiempos. Aun indicándoles que la reflexión apunta a los resultados, a las estadísticas, a lo que quedó grabado en las historias, a lo dicho por historiadores chilenos, insisten con majadero afán en ofrecer detalles de los hechos, como si ellos pudieran cambiar el curso de la historia ya establecida. Surge, entonces, la manida caballerosidad y los seis meses del navío peruano en costas chilenas, lo cual evidentemente no es el punto.Es una impronta que poseen  algunos peruanos y que al parecer les viene de la información que recibieron en el colegio, de las historias y de los políticos. Inclusive, es lo que más se observa en ciertas historias limeñas. No queremos pensar que es el único salvavidas que tienen ante la imposibilidad de ofrecer pruebas concretas.

Lo que hubo en la trastienda, como sabemos,  se pierde en el tiempo y no tiene consistencia histórica.

Las detracciones repiten lo relacionado con la actividad  del Huáscar durante 6 meses en las costas chilenas, impidiendo maniobrar a la flota nacional. Lo encuentran notable. Eso lo atribuyen a la inteligencia y estrategia, propias de un héroe.  Mmm… En realidad es un aserto muy discutible  puesto que – la historia lo explica –  esas virtudes no  sirvieron  nada en la práctica por cuanto  no enfrentó, capturó  ni derrotó jamás a  buques chilenos ( con excepción de La Esmeralda ) ni frenó posteriormente su reordenamiento.  A buen entendedor……

Pero tampoco lo visualizan.

Reiteran majaderamente la caballerosidad del marino incaico, es decir, lo mismo de siempre, que recogió tripulantes y  envió las pertenencias de Prat  a la viuda, algo que no tiene que ver con el tema. Hallan que es lo máximo en generosidad. Y lo repiten con un gesto casi desdeñoso. El gesto es destacable. Está. Sin embargo, no establecen el necesario paralelo con el gesto de los chilenos en la victoria de Angamos cuando le rinden homenajes a Grau. Inclusive cuando lo sepultan. Olvidan ese grandísimo gesto ni lo destacan con la misma grandilocuencia con que resaltan a su marino. Curioso. Tampoco  mencionan, aunque lo establecemos con claridad, el modo escasamente caballeresco de Grau al dejar botados en el muelle a Prat, Serrano y Aldea. Los tuvo que enterrar  clandestinamente los españoles Eduardo Llanos y Benigno Posada, al ver expuestos los cuerpos de los mártires a las burlas y vejámenes de los peruanos. (leímos algunas versiones (no recordamos los escritos) indicando que los 12 marinos chilenos que abordaron el buque peruano fueron arrojados al mar).

¿Caballero de los Mares?.

Insisten asimismo que recogió a los náufragos chilenos en un acto único.( Otro punto que no está en debate). ¿No hicieron lo mismo, acaso,  los blindados chilenos  Cochrane y Blanco en Angamos y en la captura de la Pilcomayo. Pero no lo cuentan.  ¿Cual es, entonces,  la novedad?. Incluso hubo otro gestos de caballerosidad mutua en el transcurso de la confrontación.

Eso no es ficción ni fantasía, ocurrió.

En esa misma senda, pierden  repentinamente  la memoria  cuando – entusiasmados en buscar virtudes a su héroe – se les pide esclarecer las acciones realizadas por el marino peruano en Chile.

Nunca las indican y hacen mutis por el foro.

Refresquemos nuevamente la historia con pruebas al canto: en situaciones  puntualmente equilibradas como el enfrentamiento   con la cañonera Magallanes en Iquique  donde no pudo vencer a un rival inferior, no expresan nada ni la recuerdan. Nos  referimos al equilibrio que existió en el sentido que, en este caso, la Magallanes sí podía maniobrar, aunque con evidente  desventaja en armamento y blindaje, asunto que no tuvo, lamentablemente, Prat. Se olvida manifiestamente o se oculta en forma indecorosa. No comentan tampoco el retiro de Grau de la escena cuando se le venía el Cochrane. (Sobre este punto hemos comprobado, en documentos oficiales del Perú, que su Presidente le ordenó no enfrentarse a los blindados.). Asimismo, tornan la vista hacia otro lado cuando se revela la imposibilidad del Huáscar para capturar a dos…transportes, Itata y Rímac. O cuando, protegido por la noche,    intenta espolonear al carbonero Matías Cousiño y a la corbeta  Abtao (que oficiaba de transporte), ambos inmovilizados y no precisamente buques de guerra. Para qué mencionar las  horas empleadas en hundir una corbeta de madera llamada Esmeralda, prácticamente paralizada, que opuso feroz resistencia, no se rindió ni abrió la “santabárbara”, sino, después de ardua lucha,  se hundió dignamente.Para ello tuvo que espolonearla tres veces. Y no pueden recurrir a las gastadas excusas – en estas instancias exactas – de la superioridad militar ni naves blindadas ni ventaja  numérica del enemigo.

Allí no hubo ni lo uno ni lo otro.

La culpa, evidentemente, la tiene el empedrado.

Prevalece, en general,  una suerte de  victimización  frente al poderío chileno para excusar las derrotas o la ausencia de victorias del Sr. Grau o su predisposición para no enfrentar a los buques chilenos. Incapaces de asumir dignamente sus capitulaciones, prefieren ocultarse en las faldas de la conmiseración.

A no sorprenderse, porque esa ha sido siempre la postura oficial de ciertas historias limeñas.

En suma, en un pasado donde hubo guerra, lo cual significa vencidos y vencedores, con pérdida de territorios, hollada su capital por  botas enemigas y con las secuelas propias de cualquier contienda bélica,  obviamente resulta pueril solicitar mesura y tranquilidad. Es comprensible. Especialmente para los perdedores. Además, las historias que leemos,  y que nos dan  noticias del pretérito, que es en el fondo la gran lección de estos juicios, no ayudan mucho en tal sentido porque  nunca serán objetivas, imparciales o independientes en sus exposiciones, sino todo lo contrario. La objetividad constituye una quimera.   Es por ello que utilizan con demasiada facilidad  el desdoro histórico, manipulan la información de acuerdo a su matiz político   o   suben  a mesetas  inconmensurables, vulgo mitos, a personas que en su trayectoria  no debieron elevarse más de un centímetro de la tierra o jamás contaron con los atributos que los acreditan, por ejemplo, como héroes, personajes o protagonistas.

Ejemplos hay muchos.

Lo que no varía en esto es el prurito de los historiadores chilenos por erigir a un marino extranjero a la categoría de héroe, en circunstancias que, por los hechos expuestos, repetimos, no le alcanza para ello. Es la fría realidad. Lo que no se entiende, entonces es aquella majadería de los historiadores chilenos para insistir en algo que la historia fácilmente lo desmiente.

EL dilema son los mitos creados. Incluso para quienes lo crearon. Puede ocurrir que algún día,  lustros después, algunos demuestren que no son tales y derriben las estatuas con cierto estrépito…

Eso, indudablemente, duele.

 

POST DATA

Curiosamente nunca se ha informado, hasta donde sabemos,   la valentía del teniente peruano Enrique Palacios durante el combate de Angamos. El hermano de Ignacio Serrano, en carta dirigida a Benjamín Vicuña Mackenna, hace notar la acción del marino incaico, resaltando su valor.  El resto de los oficiales, según  Serrano, no estuvieron a la altura de la circunstancias lo mismo que gran parte de los marinos. Los trata de cobardes.

Horacio Serrano era médico del Cochrane durante el combate de Angamos.

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