EL ORIGEN DEL BESO

Como sabemos, hay diferentes  tipos de besos. Ustedes son expertos en estas materias así es que no vamos a abundar. Nos remitiremos al beso que manifiesta amor. Hay dos tipos: con los labios juntos y el beso francés, en que interviene la lengua. Todos prefieren sin duda el segundo.  La historia del beso tiene antigua data. Se comenta que proviene de los homínidos, luego de India con el Kamasutra (¿lo recuerdan?) y posteriormente se irradió hacia Europa con Alejandro Magno. Al principio era una formalidad y, como tal, muy seria. Recordamos nuestros años estudiantiles en que  no se veían a los jóvenes, menos a los mayores, besarse en público. No era pertinente. Solo en la mejilla a modo de saludo. Y eso, porque las presentaciones eran darse la mano. A lo más cogidos de ellas. El beso, en términos oficiales, si bien estuvo restringido, comenzó a liberarse a principio del siglo 20, especialmente con el advenimiento de las películas y libros. Recuerden la fotografía del famoso ósculo entre un marino norteamericano y una francesa en Paris, cuando finalizó la guerra. Quedó inmortalizado. Él la retiene por la cintura y la curva, como en el baile, besándola en los labios. Ganó un premio. La naturalización de la caricia llega, en cierta medida, con los hippies, que fracturaron muchas normas, entre ellas el empinamiento del amor libre, la paz y las hierbas. El beso, ya más desembozado, propio de la libertad amorosa, ocupa lugar preferente. No necesita zonas oscuras.  Para qué decir el sexo. Entonces, aparte de pasear entrelazadas las manos o abrazados con la polola, también podía besarse en público. Indudablemente que en privado la cosa cambiaba. Especialmente la pasión contenida. Ahí la cuestión hervía. Pero ese es otro cuento. Hoy esas actitudes nos parecen graciosas o increíbles. Pero fue así. El pasado no se puede borrar. En la actualidad las personas se besan delante de todos, incluso con pasión, sin problemas. El beso, entonces, ya es parte de nuestra cultura de amor, sexo y saludo. ¡Y puchas que son ricos los besos! Más, si nos toca una  mujer guapa.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020