EL PASADO NO PUEDE BORRARSE

 El pasado, aunque ya pasó, no puede olvidarse. De alguna manera queda en la memoria for ever. En especial los hechos históricos de un país. Resulta difícil concebir un país, por ejemplo, sin pasado, sin referencias pretéritas, sin historias que nos cuenten como se formaron las estados, los pueblos, las generaciones. Tiene que haber un sustento lógico para explicar. Mirar atrás y no encontrar nada es extraño. Para eso están las tradiciones orales (que no se ven), los textos que las salvan del olvido y la historia en general. ¿A qué viene todo esto? Los estallidos sociales tienen buen cuidado en bajar las estatuas de personajes que de alguna manera fueron piezas importantes en el desarrollo de un país (Baquedano, O’Higgins, Prat, etc.). Con ello le quitan a las generaciones actuales y futuras cualquier asomo de conocimiento. O sea, suprimen el pretérito. La instrucción,  como sabemos, no agrada a quienes hacen de la furia, el fanatismo, la intolerancia, su norte de vida, su interés individual (aunque lo disfrazan de comunidad), su afán de poder, sus ambiciones económicas, porque, en el fondo, no se trata más que de eso. O el lector, el ingenuo lector, piensa por ventura que detrás de todas las crisis políticas, sean del bando que sean, hay motivos realmente altruistas en el sentido de  favorecer a la mayoría, sacarlas de su enclaustramiento, finalizar con los abusos a la que ha sido sometida y darle la dignidad que perdieron en los avatares de la vida. ¿Piensa realmente que eso es lo que se proponen? Deberíamos alabar su ingenuidad, que se emparienta con la ignorancia, porque son personas felices. Ingenuas, pero felices. En cambio, los que piensan…Pero no nos desviemos del tema. El pasado, lo quieran o no, no puede ni debe ser suprimido de la memoria colectiva. Mala o buena haya sido la experiencia, es necesaria, justamente, para tener apoyo y definir la marcha. Lo dice Carlos Peña, abogado y articulista: Quienes individual o colectivamente desvalorizan el pasado, y carecen de recuerdos entrañables o valiosos, se desproveen de recursos para los malos días y tarde o temprano experimentan una angustiosa desorientación. Pensamos que por ahí va la cosa. Repetimos, buen o mal pasado es necesario y es imposible tacharlo. ¿Habrá alguna argumentación que contradiga lo dicho?

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020