EL PRIMER ESCRITOR QUE CONOCI

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Jorge Arturo Flores

Fue en la Hostería de Constitución, mi ciudad natal, que administraba mi padre allá por el año 1965. Aún no frecuentaba a mi “maestro virtual” (Alone) ni tampoco poseía gran conocimiento literario. Pero como lector obsesivo de temprana edad, conocí, al través de sus libros, al escritor chileno Jorge Inostrosa, autor del célebre “Adiós Al Séptimo de Línea” y “Los Húsares Trágicos”, releídos varias veces en mi vida.

Pues bien, en aquel entonces don Jorge Inostrosa y cónyuge pernoctaron en la citada Hostería en plan de vacaciones. Como buen escritor, le interesaba conocer algo de la historia anecdótica de Constitución. Mi madre lo orientó en varios motivos. Dio con “las lisas asadas de las Carreño”. Posteriormente publicó en la revista Zig Zag un interesante artículo sobre ello, en que, además del asunto, se refería al pretérito del ex puerto mayor.

Conocer al autor de “Adiós al Séptimo de Línea” para un adolescente que disfrutó sus libros fue, se calculará, un momento trascendental. Súmese a ello el haber escuchado, sagradamente, con mi madre, por la radio, el “Gran Teatro de la Historia” donde se daban capítulos diarios del libro. En realidad estábamos fascinados con los avatares de la Guerra del Pacifico.

Fue un encuentro emocionante.

En persona era muy agradable, sencillo, cordial y afectuoso.

MI padre, que no había leído el libro en cuestión, aunque creemos que debe haberle comentado que sí lo leyó, lo invitó un día a comer un “asado al palo” en la isla Orrego. Allí tuve la oportunidad de hablar con él. Y guardo dos temas: uno, el uso de las mulas para atravesar la cordillera de los Andes. Pregunté por qué y él respondió sobre la inquietud. Y dos, la narración con lujo de detalles del viaje que realizó, emulando el del Ejercito Libertador, a través de la cordillera de los Andes, con todas las vicisitudes propias de un esfuerzo ímprobo. Se detuvo anecdóticamente en la aprehensión que tuvo por parte de los gendarmes argentinos quienes, al verlo mirar detenidamente cada parte del territorio argentino, despertó las naturales sospechas y lo confundieron con un espía chileno.

Lo dejaron libre cuando comprobaron que era escritor.

No recuerdo más conversaciones con él, aunque lo saludaba todos los días, pero si poseo el amable autógrafo que dejó estampado en mi libro “Adiós al Séptimo de Línea”, con la novedad que era un verso donde hablaba de los “mauchos”, patronímico de los nacidos en Constitución.- Recuerdo que hablaba de su gesta y finalizaba con “los mauchos remoliendo en Caracoles…”

Mi madre seguramente le contó que había nacido en esa bella tierra.

Así fue como conocí al primer escritor en mi vida. Hasta hoy lo sigo leyendo y he escrito varios artículos, crónicas y semblanzas sobre su producción literaria porque me parece, lejos, el mejor novelista histórico de Chile.

P.D. En esta misma pagina narramos nuestra impresión sobre él y sus dos  libros monumentales: Adiós Al Séptimo de Línea y Los Húsares Trágicos.