EL TERROR EN LAS LETRAS CHILENAS

PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN,SALVO QUE SE MENCIONE NOMBRE DEL AUTOR Y LA FUENTE.

images (25)Jorge Arturo Flores

Al igual que la ciencia ficción y el tema policial, el registro del terror en la narrativa chilena no es reiterativo ni posee muchos cultores. Hay que bucear con ahínco en los escasos antecedentes que se disponen para dar una visión somera de su creatividad. Se coincide en que su aparición es reciente y por ahí mencionan al Siniestro Doctor Mortis (en radio y revistas) como uno de los personajes más populares del tramo.

SUB SOLE, SUB TERRA

Cuando se indaga en los archivos literarios, curiosamente emerge la figura de Baldomero Lillo como representante de esta corriente. Curioso, porque pocos podrían atribuirle esa características a sus creaciones. Cristian Salazar Naudon, en una pagina virtual, lanza la teoría que en Sub Sole hay argumentos que devienen en el nicho del terror. Y nombra varios cuentos que lo respaldan. Dice: Si consideramos que en “Sub Sole” de Lillo, 5 de los 13 cuentos están directamente relacionados con temáticas de terror y fantasía oscura, quizás no nos daría para afirmar que esta obra debiese ser reconocida como el primer libro de terror nacional. No obstante, creemos es mérito suficiente para admitir que Lillo fue -sin proponérselo- un precursor del género de terror contemporáneo en Chile

Tiene razón

No obstante ello, más terror contemplamos en los relatos de Sub Terra. Hay uno que conmueve, La Compuerta N° 12, cuando el padre deja al niño en las honduras de la mina, amarrado a la compuerta, y se aleja compungido, sintiendo detrás las palabras ¡Papá, papá!.

Todo oscuro, todo negro. Sobrecoge.

No olvidemos El Chiflón del Diablo y el del caballo que pasa una vida en la oscuridad de las minas y, al final, cuando no sirve, lo dejan libre, siendo atacado por los insectos.

Si, hay cierto terror en esos relatos.

CUENTOS CHILENOS

Hay uno relativo al Colo Colo. No, no se trata del más popular conjunto de futbol chileno. Es el nombre de un cuento con raigambre campesina, escrito por Manuel Rojas, y que tiene un fuerte condimento de terror frente a la especulación por el terrorífico animal que asusta a medio mundo. Está muy bien narrado. Lo distinto es el ánimo festivo con que el autor provoca el desenlace, distendiendo las cejas del atribulado lector y provocando una sonrisa frente al final. Incluyamos en esta sumaria nómina a Francisco Coloane con sus relatos magallánicos donde predomina, en esas gélidas y lúgubres latitudes, la esencia del pánico un tanto primigenio.

Recordamos el Témpano de Kanasaka.

En materias de terror, tanto los mitos como las leyendas chilenas, incluyendo la narrativa campesina, poseen en su conjunto claros aditamentos que provocan estremecimientos, propio de quien siente pavor frente a lo inesperado.

Son escasos sus cultivadores, pero resultan cautivantes en su labor.

ANTOLOGIA DEL TERROR CHILENO

Según los antecedentes que disponemos, solamente se han publicado 3 antologías “del espanto” en Chile. La última se intitula “Cuentos chilenos de terror”, es reciente y convoca a escritores relativamente jóvenes. Como pertenecen a generaciones contemporáneas, su visión del terror está registrada a partir de las vivencias fílmicas. Es por ello que sus relatos son un verdadero soundtrack mortuorio para iluminar los rincones de nuestros miedos vernáculos. Tracks y más tracks de puro terror en mixes que pinchan vampiros, zombies, sicópatas y toda la fauna que es esperable en estos volúmenes, pero en paisajes locales, en nuestros terremotos mentales propios, como la Guerra del Pacífico o las costas de Valparaíso decimonónico.

En la publicidad de este libro se decía:Adentro de esta tenebrosa y fría lápida se encontrarán: hijos fantasmales, vampiros chupa sangre, bestia come de todo, pájaros diabólicos, enterrados que meditan, demonios arriba de un barco, zombis que aman y otros que nacieron en la Guerra del Pacífico. Todo revuelto en el fétido caldero del miedo entretenido y literario…

Como puede observarse, los adictos a este género debieron relamerse los colmillos, perdón, los bigotes, frente a tan espantable espectáculo.

En síntesis, podemos decir que el género del terror en las letras chilenas, si bien posee antecedentes en la obra de Baldomero Lillo y Francisco Coloane, además de la cuentística campesina, los mitos y las leyendas tradicionales, tiene reciente data y sólo en el principio del Siglo XXI observamos cultores. Los filmes sobre el tema, especialmente zombies y vampiros, han agitado el magín de los prosistas jóvenes. Esto se ha traducido en la presencia de compilaciones y la consabida inclinación a las revistas comics.

No podría decirse que la creatividad es brillante ni menos que los textos están decorosamente escritos, pero al menos hay interés y aguardamos que el futuro sea un poco más esplendente en estas materias.

Publicado en la Revista Literaria LA LETRA GRANDE.

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