EL VOTO VOLUNTARIO

Entre los posteos que se escribieron sobre el tema, un señor respondió sobre la opción y lo hizo, según nosotros, con absoluta certeza y propiedad. No retuvimos lamentablemente su nombre, pero si parte del texto. Dijo: “El NO VOTAR también es una opción. Si yo no tengo por quién votar, porque no me representa; si yo no tengo para qué votar, porque todo seguirá igual; si yo no tengo por qué votar  en un sistema electoral corrupto, que es financiado por los empresarios, quienes, además, les dictan las leyes, qué sentido tiene mi voto.
El voto es la entrega de mi esperanza en otro. Yo me entrego a él, hago VOTOS de devoción en el otro. No basta con votar, porque por alguien hay que votar; no basta con votar por un falso “sentido republicano”; no basta con votar porque hay que hacerlo. El voto es un acto de conciencia, íntimo.
Ese argumento que hay que elegir a los “otros” para que las cosas cambien, ya lo estamos viviendo con… (
Nombra un partido político)

Son razones absolutamente lógicas, cuerdas, inteligentes que tocan un punto del voto voluntario y que en 2020 los inefables políticos, casta descastada de inoperantes y privilegiados, pretenden abolir y restaurar el voto obligatorio.

Necedad que se justifica por intereses politicos.

En verdad, la obligatoriedad del voto asesina nuestro derecho a optar por votar o no. Desde el momento que se obliga, pierde su calidad de derecho y se convierte en un deber. Y la cuestión no es así. La libertad de expresión ante todo y sobre todo. De lo contrario se convierte en una dictadura. Además está consagrado en la Constitución Política del Estado.

ARTURO FLORES PINOCHET 2020