EN TORNO A LA SUPUESTA CABALLEROSIDAD DE GRAU

Muchos chilenos, generalmente ignaros, aunque van escaseando cada día, y todos los peruanos, alaban la caballerosidad de Grau en la Guerra del Pacifico. ¿La razón?. Entregar a la viuda el sable y pertenencias particulares. Por ese solo hecho surgieron los elogios al marino enemigo, primero desde los historiadores nacionales, y, luego cogido, ¡era que no!, por los siempre desamparados de conocimiento como son los incaicos.
A los historiadores chilenos, ingenuos y papanatas, se le ocurrió la brillante idea de calificarlo así. Algo que no admite análisis. Era cuestión de analizar someramente. Típico de nuestra idiosincrasia que se rinde frente a la simpatía de los extranjeros en perjuicio de sus connacionales. ¡Cuántas veces lo hemos comprobado!. Hasta existe una canción que representa el embobamiento por lo que viene de afuera: “Si vas para Chile…”
Sin duda, en este caso, se les pasó la mano, pecaron de ultra petita y la genuflexión de rodillas llegó a lo denigrante.
¿Qué les ocurrió a los historiadores chilenos que comenzaron este baile?.¿En qué pensaban cuando escribieron? ¿Qué zombie les sorbió el seso que no pudieron dar pie en bola?. Porque, a simple vista es inexplicable, resulta a todas luces increíble el resultado, dado el material que tuvieron al frente y sobre el cual investigaron, dando posteriormente a luz.
La entrega de un sable y pertenencias a la cónyuge del rival no es moneda de cambio para encender ditirambos. La caballerosidad, señores, es algo que se mantiene en el tiempo, es decir, en toda la guerra. Y el peruano no fue precisamente un caballero en circunstancias específicas. Por ejemplo, lo más conocido: la botadura de los 12 marinos chilenos muertos en la cubierta del monitor y posteriormente arrojó en el muelle los cuerpos de Prat y dos de sus oficiales, uno de ellos moribundo, exponiéndolos, en consecuencia, al escarnio del populacho basto, sin ningún respeto a quienes nunca se rindieron.
Por si eso parece poco, agréguele el bombardeo a puertos chilenos.
En cambio, el gesto de caballerosidad de los marinos chilenos nunca ha sido reconocido ni destacado por los peruanos cuando se habla de los dos homenajes ofrecidos por nuestros compatriotas ante los restos del marino (en la cubierta del Huáscar y entierro en Mejillones). Más encima, se “dijeron tres misas” y cuando lo sepultaron, junto a los oficiales que murieron a su lado, militares chilenos dispararon al cielo, en póstumo respeto. ¿No es aquello, acaso, una mayor y mejor muestra de saludo y caballerosidad que la ofrecida por el peruano respecto a Prat?.
Solos los enanos mentales no comprenderían esta simple lógica.
¿Por qué demonios, entonces, no se destaca esta acción?.
Lo que sorprende, aunque a estas alturas nada nos sorprende, es que nuestros historiadores, nuestros doctos, puntillosos y preocupados historiadores, sin levantar la vista de los documentos, “pisaron el palito” y creyeron “a pie juntillas” en la famosa caballerosidad, instalando en el imaginario popular una silueta simpática de quien, por las vistas, carecía totalmente de ello. No se nos oculta que las historias son, ante todo, historias personales, aunque posen, pesen y pasen como imparciales, objetivas o independientes. Por ese flanco podríamos, tal vez, encontrar la hebra del ovillo e indagar quién fue el primer cándido, íbamos decir otra cosa, que escribió tamaña barbaridad. Incluso nos extraña del gran novelista histórico, Jorge Inostrosa, que también siguió la corriente. El hombre había estudiado profusamente la historia para dar a luz su inmensa obra, “Adiós al Séptimo de Línea”. También erró en el mito de Ugarte. Son los dos “gaffes” que se nos vienen al momento. Sugestivo, reiteramos, en alguien tan instruido en la materia que, incluso, fue reconocido por historiadores chilenos.
El rechazo a la supuesta caballerosidad de Grau molesta sobremanera a sus compatriotas. Entendible. Además de perder la guerra, hollada su capital, no cuentan con verdaderos héroes para vanagloriarse. Por eso crean el mito. Para rematar su enfado, tampoco entienden que se le cuestione su figura máxima, desconociéndole su calidad de héroe. Es la otra cara del mismo personaje. Se muestran confusos. Los más inteligentes, estafados. De héroe el hombre, lamentablemente, no tiene nada. Para comprobarlo, haga este simple ejercicio: indique, uno tras otro, los hechos resaltantes que lo encaramaron al sitial que hoy ostenta. Nómbrelos, uno por uno. Sin explicaciones. Hechos y no palabras. Estadísticas, resultados. Objetividad pura. Olvídese del sable y la ropa. Debe prevalecer, ante todo, las acciones navales, porque el hombre era marino y para eso se preparó: para luchar en defensa de su país.
“Ni le cuento” la sorpresa que se llevará, aunque presumimos que, a estas alturas, la intuye.
JORGE ARTURO FLORES (2019)