¿ES NECESARIO EL COMPROMISO POLÍTICO?

Para los que están en el negocio, perdón, en el baile ideológico, resulta a todas luces obvio, manifiesto. Para eso se esfuerzan y luchan en la vida. Para los que miran desde lejos este negocio, perdón nuevamente, (quisimos decir este “servicio público”), el asunto no les interesa, aunque sí les afecta, en alguna medida, porque evidentemente pierden oportunidades de arrimarse a un árbol que cobija y da buena sombra. Son arboles inmensos. A lo más le corresponderá algún arbustito, no tan alto ni con tanto ramaje. Pero los ligados con  la idea política, íbamos a decir mercantil, atacan inmisericorde a los que no se reúnen en un  partido, a los que no se organizan, a los que no votan obligadamente , haciendo uso del voto voluntario (gran pecado sin duda), a los que sólo discrepan en público. Llegan, inclusive, a negarle todo derecho a disentir, por no tener “moral” al respecto. Ellos sí la tienen, una moralidad prístina, sin duda, en estos campos donde el poder y el dinero es el que campea y  el servicio público es nada más que una bonita frase. Además, al no reunirse en grupos, les impiden hacer lo que mejor realizan: infiltrar, para de esa forma manejar  el buque a discreción, sin que los pasajeros piensen. Porque de eso se trata, en el fondo: que no piensen mucho y sea fácilmente manipulables, perdiendo su libertad de pensamiento. Ejemplos hay: los defensores de las opciones sexuales, el feminismo, los estudiantes, hasta los animalistas. Todos, de una u otra manera, son infiltrados políticamente. Frente al  compromiso ideológico, íbamos a decir de nuevo comercial, ¿existirán otras instancias a las cuales poder arrimarse y no provocar tanta urticaria en los comprometidos  o simplemente no hay nada, tan solo el silencio, el acantilado, el caos como a veces lo presentan? Pensamos que sí. Las hay. Hay que buscarlas.  Por último, ¿es tan necesario el compromiso político y la exigencia de adscribirse a una corriente ideológica que obliga a obedecer órdenes y dejar a un lado el juicio propio para parecer normales en la vida republicana? ¿Acaso no es bien mirado que alguien, en todo su derecho, se abstenga de votar, pero delibere libremente sobre lo bueno o lo malo que ocurre en el país? ¿Le estaría prohibido, entonces,  hacerlo debido  a que  no es como los demás, o sea, no está adscrito a ideologías e  incorporado a un partido político? Por supuesto no nos parece bien. La libertad de expresión ante todo y sobre todo.

ARTURO FLORES PINOCHET, escritor, 2019