¿ES NECESARIO METER TANTO MIEDO?

¿ES NECESARIO METER TANTO MIEDO?

Si, este es un tema  sobre el cual siempre volvemos.  Es que cuesta entender que existieron (y existen) personas que, para conseguir mantenerse en lo alto del poder, recurrieron al más fácil, al más burdo, al más maléfico de los instrumentos: inocular el miedo en la gente, asustarlos con infiernos y descalabros económicos, horrorizarlos con apocalípticas consecuencias si no practicaban las reglas instauradas o no se avenían a marchar con el grupo, como rebaño, como corderos, sin apartarse.  Son las elites sociales, religiosas, económicas, militares, es decir, las minorías, subidas a lo alto de la meseta donde guardan sus tesoros con la fuerza del avaro y no comparten nada con la colectividad. Para eso, aterrorizan, “meten miedo”, les prohíben subir la montaña. ¿Tiene alguna duda, piensa que no es cierto, que desbarramos, que todo ha sido miel sobre hojuelas? Revise la historia, vea, incluso en la actualidad, por ejemplo, cómo la mayoría de las religiones humanas, (Judaísmo, Islamismo, Cristianismo,  Hinduismo, Budismo, etc.) creadas por humanos, aherrojan la libertad mental de sus feligreses, los mutilan, los hacen sentirse culpables prácticamente de todo lo que hacen, los aterrorizan con las penas del infierno, con la salvación final, con la imposibilidad de ver el rostro de Dios y mucho, pero muchos más. Esto ha sido siempre. Lo es aún, aunque, como dijimos por ahí, la tecnología está volviendo más realista a las personas, no transformándolas en ateos como pudiera pensarse,  sino  tienen más claro el panorama. Ya no comulgan con ruedas de carreta como antaño. Tampoco  se aterran con las amenazas de paz social, ni la famosa libertad (dentro de la jaula), ni el salto al vacío con que los políticos y empresario atemorizan también para conseguir votos. Verbigracia, si no votas por tal candidato, te coaccionan con el fin del país, provocarás  descalabros, cesantía, habrá carencias de todo tipo, caerás en manos rojas de los… bueno, ustedes ya  imaginan cuales manos son aquellas. En fin. Pintan un panorama terrorífico, tanto político como religioso. ¿Recordó entonces el tema en comento? No hay ficción ni está lejos de la realidad: es lo presente y va rumbo, con lo mismo, al futuro. Las garras no sueltan la presa. No pueden, porque las necesitan para subsistir…hasta que la tecnología reemplace  todo.

¿Eratan necesario, entonces, meter miedo a la gente para conseguir sus propósitos? Los resultados hablan por sí solos: la historia nos muestra un desarrollo mental limitado por las paredes religiosas, mercantilistas y sociales que “los de arriba” instauraron al través del miedo, mientras la evolución técnica corre  rauda a su lado, sobrepasándolo.

 Tecnológicamente hemos visto maravillas. Culturalmente estamos donde mismo.

Ahora bien, veámoslo desde un punto sociológico o sicológico si se prefiere  ¿Fue y es correcto aterrar a la gente, es justa esta acción, beneficia o perjudica? Aquí comienzan los debates, los cuestionamientos, las justificaciones. La mayoría dice no tajantemente. No es bueno ni beneficioso. Cuestión de ética. Otros arguirán que en épocas pasadas, cuando el ser humano caminaba por la tierra sin sujeción a ninguna regla, se justificaba para enrielar el planeta y evitar sucumbir en la lucha del más fuerte contra el más débil. Con posterioridad se precisó de nuevo cuando la población creció sin medida y fue ineludible ponerle coto, circunstancia que, vista la población actual, fracasó. Pero existe otro segmente que contrataca y alega que, con parámetros educativos, las personas pueden socializar sin irse a las manos por cosas materiales o religiosas. Lo menos retrucan que el miedo es necesario para acabar con la violencia, con la sobrepoblación, con los delincuentes, con las injusticias y salvar al mundo dándole libertad, democracia, igualdad y todas las cuestiones útiles que se profesan para mantener un status predominante. Sin duda, todas las explicaciones son respetables, pero a simple vista las buenas intenciones fracasaron rotundamente. Para comprobarlo véase las estadísticas sobre igualdad, delincuencia, salud, libertad, democracia, deforestación,  demografía, alimento, techo, educación y un largo etc.

 El resultado mostrará que, con miedo o sin él, la cuestión se ve mejor solamente desde la perspectiva tecnológica, pero en el plano social el asunto camina despacio, demasiado lento, permitiendo las barbaridades que vemos  a diario en el planeta. O sea, cero evolución.

¿Preocupante?

El lector tiene la palabra.

ARTURO FLORES PINOCHET 2019