ESCRITORES CHILENOS DEL SUBMUNDO URBANO

Prohibida su reproduccion, salvo que se indique nombre de autor y fuente. 

 

 

images (12)Por Jorge Arturo Flores

Prostitución, drogadictos, sexo, ladrones, homicidios, homosexuales, crímenes, alcohol, jarana, pasión, coa, barrios pobres, truhanes, amores imposibles, lenocinios, pobreza, hambre, cuchillos, ambiente gris – oscuro, escasas esperanzas, explotación sexual, violaciones, etc., son los motivos, asuntos, temas o instancias que algunos escritores nacionales han cogido para desarrollar su tarea literaria.

Algunos consiguieron éxito, como en todo orden de cosas, y otros se convirtieron en autores de culto.

La crítica los aplaudió con cierta reticencia, pero algo hizo. Peor era mascar lauchas. La sociedad los rechazó de plano, dado su conservadurismo e hipocresía en estos campos. Los lectores – algunos – los recibieron con entusiasmo. Los hubo grandes, medianos y pequeños. Todos escribieron con pasión, mostrando un mundo que marcha al lado del pervivir luminoso, cotidiano, “normal”, pero que no se ve a simple vista.

Generalmente campea en la noche.

¿Quiénes son los escritores que hicieron del sub mundo urbano su leit motiv?.
Los hay encumbrados, como Manuel Rojas (Hijo de Ladrón) , Augusto DHalmar (Juana Lucero), Alberto Romero (la Viuda del Conventillo), Joaquín Edwards Bello (El Roto), González Vera (Vidas Mínimas), Oscar Castro (La Vida Simplemente), Nicomedes Guzmán (La Sangre y la Esperanza), Juan Godoy (Angurrientos) y otros que se nos olvidan (escribimos de memoria).

Son los más reconocidos.

Los demás, los que lucharon a brazo partido para hacerse un nombre en medio del rechazo generalizado, son pocos y escasamente identificables. La mayoría se auto editó, otros, incluso, imprimían sus propios libros en casa (Luis Cornejo) y los vendía en la Plaza de Armas.

Nombrémoslos.

Luis Rivano (Esto no es el Paraíso, su obra emblemática), Armando Méndez Carrasco (Cachetón Pelota, Chicago Chico), Luis Cornejo (Barrio Bravo), Alfredo Gómez Morel (El Rio).

Todos escribieron desde el submundo, a través de la experiencia o como autobiografía. Dibujaron los ambientes, personajes, anécdotas con absoluta naturalidad y crudeza. Utilizaron un lenguaje claro, nervioso, rápido, sin afeites, directo al grano. Usaron las expresiones propias del hampa y de la sordidez. Hablaron de la pobreza, de los sueños, de las esperanzas de los desterrados de la mano de Dios. No levantaron el puño político ni pensaron en hacer cofradía. Incluso, al final, uno se declaró admirador del Gobierno Militar (fue delincuente gran parte de su vida) y otro despotricaba en privado contra los izquierdistas. Trajeron al mundo literario una realidad subyacente, que se intuye, pero se desconoce. Ampliaron el horizonte de la literatura chilena. Fueron populares en medios sociales que no eran precisamente clase alta. Vendieron muy bien sus libros. Tuvieron un público fiel.

Se transformaron, en suma, en escritores de culto.

Las historias literarias, la crítica oficial, los exégetas académicos no le prestaron suma atención, sino lo contrario. Algo perfectamente previsible por estos autores, aunque, en su fuero interno, tal vez querrían ingresar al gran mundo literario, el de entrevistas, luces, cámaras, fotografías, autógrafos.

O sea, la otra popularidad.

No obstante ello, fueron un real aporte al desarrollo de una parte de la literatura chilena, mostrando un flanco que no todos cultivaban.

Bien por ellos.

Sirva esta breve glosa como homenaje a su formidable trabajo.

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