ESFUERZO POR LLEGAR A LA META

Todos, de alguna manera, no propusimos metas en la vida. Lo más común: estudiar, trabajar, tener un estatus económico tranquilo, hasta casarse, hijos, autos, casas, viajes y un extenso etc. Eso es lo habitual, es lo que vemos a diario, es lo que consta en la ruta día a día. Felices entonces los que consiguieron arribar, no sin esfuerzo, a la final. ¿Felices? Aquí surge la faz traviesa del diablillo mental que nos pone contra la pared, nos hace dudar y nos plantea problemas. ¿Feliz? Muy bien. ¿Y ahora qué? Conseguiste todo lo soñado. Lo tienes todo. ¿Qué más? Se te acabaron las cumbres para escalar. ¿Que debes hacer? Mantenerse. Es lógico, pero ¿te mantendrás tranquilo con lo obtenido, no te picará el bichito de la inquietud y aparece nuevamente el diablillo urgiéndote a tener más y más? La cima lograda es el esfuerzo final. Desde allí se mira el entorno. No hay nada más arriba, solo el cielo, el universo y la energía de quienes crearon el cosmos. Gran disyuntiva. No hay otros fines. Conseguiste lo que querías. Nuevamente ¿y ahora qué? ¿El resto de la vida sin metas? Para algunos no es panorama ideal. Se aburrirían. Entonces ¿qué?

¿No es verdad aquello que el que más tiene, más quiere?

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020