GONZALEZ VERA Cuando Era Muchacho

 

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Por Jorge Arturo Flores
Es el tercer libro publicado (1951),un año después de recibir el Premio Nacional de Literatura y seguramente fue un mentís para quienes objetaron el discernimiento del galardón debido a que había publicado, a la fecha, dos escasos libros: Vidas Mínimas y Alhué.

Adrede o no, lo cierto que este libro es voluminoso y es el más extenso de su producción.

Se mantienen las virtudes estilísticas, literarias y artísticas que lo convirtieron en uno de los grandes escritores chilenos. Sin embargo, en contraposición con sus libros anteriores, observamos que no tiene el mismo vuelo grácil, leve, casi impalpable de Alhué y la hondura de Vidas Mínimas. ¿Será por el grosor?.
Puede ser. Lo cierto es que “Cuando era Muchacho” navega más lento que las navecillas anteriores y, aunque está dividido en capítulos breves, notase que el autor es mejor como atleta de 100 metros que fondista de 42 kilómetros.

Es una apreciación evidentemente subjetiva.

Y es la que hemos tenido siempre al través del tiempo, incluso al releerle.

El ejemplar es una detallada biografía del autor, desde temprana edad hasta su consolidación como hombre y escritor. Lo hace al través de la crónica, la narrativa y las memorias.

Algunos dicen que es una novela.

Surgen padres, hermanos, parientes, amigos, anarquistas, carpinteros, eruditos, escritores de alto vuelo; indica los incontables oficios que ejerció después de salir de la escuela y ello da pábulo, por consiguiente, para detenerse en los medallones caracteriológicos de las personas, específicamente en su hábitat laboral.

Son imágenes sublimes.

Una de sus especiales características ha sido, sin duda, la fina ironía con que dibuja a los individuos que acompañaron sus días. Es una cualidad destacable y podríase realizar un catastro de ellas, de por sí acertadas. Véase, por ejemplo, esta descripción cuando arrancaba, en los tiempos estudiantiles, de la paliza policial: “Mientras corría, movido por la necesidad de vivir,…..”. O esta otra, “no fue bebedor ni llegó a la familiaridad”… “los pobres gastan como ricos y éstos al nivel de los míseros”… Su fuerte no era la alegría”… “Los alemanes viven en casas de cal y ladrillo; los trabajadores habitan en un barrio de madera, podrido en invierno, desvencijado en el verano. Como no existen otros ricos, los pobres se reconfortan odiando a los alemanes”.

Recordando uno de sus tantos oficios, el de barbero, indique que cierta vez no fue tan delicado en el trabajo y algunas gotas de sangre surgieron en la mejilla del cliente. El dueño del local le hace ver el desaguisado con estas palabras: “Nosotros somos barberos y peluqueros…, ¿entiende usted?. Pero no sangradores. Eso no. Eso lo hacen los médicos! Además, por mucho que usted corte a la gente, no conseguirá gran cosa. Nuestros clientes son personas mal alimentadas, su sangre es poca y esa la necesitan para ir viviendo

Y con ello despacha el esbozo, quedándole claro al lector la figura de la acción o la particularidad de la persona.

También son interesantes y hasta emotivas las peripecias sufridas con motivo de las huelgas de obreros y estudiantes en los años 20. González Vera se interna en los acontecimientos que marcaron el movimiento social. Como resultado de ello, narra la contingencia, la tarea de los “pesquisas”, la policía política, los golpes y torturas que sucedieron, en el fondo, un amplio friso en que la represión marca el relato.

Son los años de juventud, de los innumerables oficios que le tocó ejercer y sus predilecciones ideológicas que corren por el lado de la anarquía.

Una postura en lo social que mantuvo toda su vida, sin caer, lógicamente, en los extremismos al que son tan proclives los que militan en filas izquierdistas.

En sustancia, un libro interesante, que permite conocer la azarosa vida del gran escritor González Vera, dejándonos una lección que resulta increíble: siempre la sonrisa, jamás el malhumor, una mirada de príncipe sobre los sobresaltos de la vida, de la cual sale indemne. Otra oportunidad para deleitarse con un estilo claro, sencillo, breve, sintético, perlado de finas ironías y un humor notable que ameniza la lectura.