GONZALEZ VERA, La Copia y Otros Originales

Por Jorge Arturo Flores

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Recordábamos el cuento La Copia como la obsesiva actitud del joyero Urrutia enviando todos los días una carta, fiel copia de la primera, a su arrendador, reclamando por una gotera en la casa. Este, totalmente desasistido de humanidad, no hace caso, pero la copia diaria, cual gota  cayendo sobre su cabeza, termina otorgando la solución a tan majadero arrendatario.

Releyéndolo se mantiene todo, pero no el recuerdo de muchas, muchas cartas, abrumando al indiferente arrendador.

Así es el tiempo.

La carta es un monumento a la buena educación, tanto que Sofanor, el ayudante del jefe, cree que allí se filtra una falta de respeto y sugiere actuar en consecuencia.

La sonrisa no abandona al leyente.

Antes de La Copia está El Terremoto, acertada descripción de la experiencia  vivida por el prosista. Recordamos con simpatía la expresión “miraba los muros con pesimismo”, mientras alrededor todo se zangoloteaba.

La fuerza magnética de la mirada sobre el ladrón de billetera en el tranvía, su persecución y la posterior devuelta de lo hurtado es el motivo del relato Sensible expropiador. Nótese el apelativo “expropiador” en vez de ladrón, una pizca más de la sonriente ironía de González Vera. El que hurta devuelve al expropiado su pertenencia, incapaz de soportar esa fija mirada.

Mientras el tren corría es  el nombre del otro relato que trata sobre la situación de un joven y una mujer madura en el coche comedor. Ella sufre, llora, tiene una misión, le parece complicada realizarla. El la consuela  y, para sosegar sus aprehensiones, duerme con ella.

El Certificado de Sobrevivencia sirve al autor para filosofar sobre lo absurdo del documento, pedido en la notaría y,  si se le sigue la corriente, su cavilar no es en vano y resulta lógico. El famoso certificado, acompañado de dos testigos, debe afirmar que la persona vive.

Nuevamente el absurdo junto a la ironía hacen su agosto en el relato La Incógnita. Original. Trata sobre la manía de un librero. Copra y guarda textos que lo invaden todo. Vende poco porque cuesta subir a buscarlos. El final digno de Ripley. Al salir, cierra la librería, se esfuerza mucho porque los libros lo impiden. Al final lo consigue. No podrá ingresar nuevamente. El cuento concluye con el librero preso por cuanto no pudo abrir su librería a los detectives que buscaban libros subversivos.

(crónica en desarrollo)