¿HABLAMOS MAL LOS CHILENOS?

Definitivamente sí. Usamos a diario aproximadamente 300 palabras, la mayoría groserías, siglas, abreviaturas, etc., las cuales, para un extranjero, se hace imposible  entender. También para los mayores que no están en la moda de la tecnología. Nos “comemos” las “s” de una forma brutal, al contrario de los países vecinos como Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia. Los argentinos, en ciertas oportunidades, también la eliminan. Esto de la aspiración de las “eses” es cosa antigua y proviene, no de la deformación del idioma, sino porque Chile, en sus comienzos, Conquista y Colonia, fue invadido por andaluces, que gustan “comerse” esa consonante. Es lo que hemos leído por ahí.  Alguien dirá, bien, está bien, pero, ¿por qué hablamos tan mal que nadie nos entiende y hemos reducido nuestro arsenal de palabras a un mínimo básico, casi emparentado con los primeros habitantes de la Tierra? Uno de los factores es la rapidez y para ello detenerse en pronunciar “r” o “s” es un lastre. Se aspira y se traga. Otro motivo, que es mucho más reciente, son las redes sociales. Como los antiguos telegramas que valían según la suma de letras, el twitter permite un límite y al través del whatapps, que reemplaza la conversa oral, se utilizan un sinnúmero de abreviaturas o siglas para escribir rápido y no perder el tiempo. ¿Han visto cómo los jóvenes mueven sus deditos sobre la pantalla del “celu”?. Son increíbles. Otro factor que ha ido carcomiendo nuestra lengua es el empleo de palabras en inglés, reemplazando algunas cotidianas. Pero, en el fondo, hablamos mal porque, primero, pensamos mal; segundo escribimos pésimo; tercero arrasamos con todas las reglas gramaticales; cuarto necesitamos rapidez; quinto, estamos siempre apremiados de tiempo; seis, el cansancio laboral también algo tiene que decir; séptimo, los terminachos técnicos y las instrucciones de diversos bienes muebles e inmuebles también complotan. Debe haber más razones. No faltará, en especial, la de algún académico pedante. Pero, en general, y a ojo de buen cubero, los chilenos hablamos mal porque, además de todo lo expuesto, le tenemos fastidio a la lectura, al diálogo y a la amplitud de criterio. Nos hemos cerrado a muchas cosas y el contacto con nuestros congéneres está lejos de ser grato. Entonces, nos volvemos hacia nuestra alma y hablamos como el ajo. Y, por último, dicen algunos, (después del estallido social), me importa un reverendo pucho como hablo, mientras me entiendan los wns está todo bien. Amén decimos nosotros

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020